Astronauta. —Disculpe, ¿La Calle Madero?
Cartero. —Siga derecho.
Astronauta. —¿Por allá?
Cartero. —¿No es de por aquí, verdad?
Astronauta. —Digamos que viajo mucho.
Cartero. —Yo también viajo mucho, soy cartero. ¿Usted dónde ha estado?
Astronauta. —En la Luna.
Cartero. —No entiendo.
Astronauta. —Soy astronauta.
Cartero. —¿De verdad? Nunca lo hubiera imaginado.
Astronauta. —¿Le sorprende?
Cartero. —Sí, no tiene cuerpo de astronauta, es decir... los entrenan ¿No?
Astronauta. —(Ofendido) Usted que va a saber, es sólo un cartero ¿No?
Cartero. —Pues nunca habré estado en la luna, pero al menos no estoy perdido.
Astronauta. —Yo tampoco estoy perdido.
Cartero. —Bueno, pues con permiso. Tengo trabajo. (Sale)
Astronauta. —¡Hey, disculpe! ¿Y la calle Madero?
viernes, 4 de marzo de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
Yo tampoco
Mira el espiral de colores, no se detiene. Escuchas un sonido que viene de arriba, es fuerte, tremendo, no se detiene. Hay un olor que llena el lugar, sientes que no cabes, te empuja, te saca, no se detiene.
¿Has visto sueños caer por la escalera? Son muy variados, uno incluso sonreía, era muy mágico.
Tranquilo, cuenta hasta tres, espera, aquí viene otra vez. ¿Puedes verlos correr por la pradera? No se detiene.
Hace calor, el tic-tac del reloj, un segundo más, espera, quítate los zapatos antes de entrar. Se hace tarde. Mis ojos están cansados. No hay tiempo para descansar. Llena la maleta otra vez, que comience el viaje. El piso está pegajoso, son sueños diluidos. No te detengas o te quedarás pegado. ¿No me crees?
Cierra los ojos, la luz es muy fuerte, podrías quedarte ciego. ¿Te gustan los colores? No te culpo.
Huele la madera vieja, sucia, un poco podrida tal vez. Ha pasado mucho tiempo. No eres tan joven como crees. Ni yo tampoco.
Si estás tan cansado abre la ventana, tira los sueños y corre. ¿Has visto sueños estrellarse contra el piso?
¿Has visto sueños caer por la escalera? Son muy variados, uno incluso sonreía, era muy mágico.
Tranquilo, cuenta hasta tres, espera, aquí viene otra vez. ¿Puedes verlos correr por la pradera? No se detiene.
Hace calor, el tic-tac del reloj, un segundo más, espera, quítate los zapatos antes de entrar. Se hace tarde. Mis ojos están cansados. No hay tiempo para descansar. Llena la maleta otra vez, que comience el viaje. El piso está pegajoso, son sueños diluidos. No te detengas o te quedarás pegado. ¿No me crees?
Cierra los ojos, la luz es muy fuerte, podrías quedarte ciego. ¿Te gustan los colores? No te culpo.
Huele la madera vieja, sucia, un poco podrida tal vez. Ha pasado mucho tiempo. No eres tan joven como crees. Ni yo tampoco.
Si estás tan cansado abre la ventana, tira los sueños y corre. ¿Has visto sueños estrellarse contra el piso?
![]() |
| Jackson Pollock |
domingo, 27 de febrero de 2011
De dos enamorados que se dan cuenta de que están en una obra de teatro.
Acto II
Escena VI
Es de noche. La luna brilla sobre el bosque. Se oyen trompetas a lo lejos.
Hortensia. —Hay que correr, ningún lugar es seguro.
León. —¿Por qué estás tan espantada? No tiene sentido.
Hortensia. —¿Qué no oyes las trompetas? Viene por nosotros, quieren nuestras cabezas.
León. —Haces conjeturas, estás nerviosa.
Hortensia. —Aquí pueden encontrarnos. ¡Vámonos!, el fin está cerca.
León. —No, ésta obra es de tres actos y estamos en el segundo.
Hortensia. —(Asustada) ¿Tú también ya lo sabes?
León. —¿Qué cosa?
Hortensia. —Que estamos en una obra de teatro.
León. —Sí, me di cuenta en la escena pasada.
Hortensia. —Vámonos León, se hace tarde.
León. —¿A dónde?
Hortensia. —(Más asustada) No sé, fuera de escena, a dónde sea. (Se oyen caballos a los lejos) Vámonos ¡Vámonos!
León. —¿Qué tienes Hortensia, por qué estás tan asustada? (Trata de sujetarla de los brazos)
Hortensia. —Nada, nada, vámonos. (Se cubre el pecho)
León. —¿Qué ocultas?
Los dos forcejean. Del vestido de Hortensia caen las hojas que traía ocultas.
Cambio de luz.
León. —¿Qué es eso?
Hortensia. —Nada, nada. (Recoge las hojas con manos torpes)
León. —¿Es el libreto de la obra verdad? (Las trompetas suenan más fuerte, ladran los perros.)
Hortensia. —(Desesperada) Vámonos, es muy tarde, ¿Qué hora es ya? ¿Qué escena es esta? Mira, las luces han cambiado ya, debe ser la escena VI...
León. —Dame el libreto, Hortensia.
Hortensia. —No, vámonos León, se hace tarde, el claro debe estar cerca.
León. —¡Quiero leerlo! (Voces que se acercan. Los perros ladran más fuerte)
Hortensia. —¿León, me amas?
León. —No es el momento, Hortensia, muéstrame el libreto.
Forcejean. León se hace con las hojas. Cambio de Luz.
Hortensia. —(Llorando) Se hace tarde...
León. —(Mira las hojas confundido y lee) "Los sonidos exteriores aumentan...
Los sonidos exteriores aumentan.
León. —...León y Hortensia llegan a un claro. La luz cambia...
León y Hortensia llegan a un claro. La luz cambia.
León. —...Las trompetas resuenan en lo alto. Dos hombres a caballo con ballestas en mano entran a escena...
Las trompetas resuenan en lo alto. Hortensia cae de rodillas desconsolada.
León. —...para matar a León."
Dos hombres a caballo entran a escena. León los mira. Los hombres levantan sus ballestas.
Oscuro.
Escena VI
Es de noche. La luna brilla sobre el bosque. Se oyen trompetas a lo lejos.
Hortensia. —Hay que correr, ningún lugar es seguro.
León. —¿Por qué estás tan espantada? No tiene sentido.
Hortensia. —¿Qué no oyes las trompetas? Viene por nosotros, quieren nuestras cabezas.
León. —Haces conjeturas, estás nerviosa.
Hortensia. —Aquí pueden encontrarnos. ¡Vámonos!, el fin está cerca.
León. —No, ésta obra es de tres actos y estamos en el segundo.
Hortensia. —(Asustada) ¿Tú también ya lo sabes?
León. —¿Qué cosa?
Hortensia. —Que estamos en una obra de teatro.
León. —Sí, me di cuenta en la escena pasada.
Hortensia. —Vámonos León, se hace tarde.
León. —¿A dónde?
Hortensia. —(Más asustada) No sé, fuera de escena, a dónde sea. (Se oyen caballos a los lejos) Vámonos ¡Vámonos!
León. —¿Qué tienes Hortensia, por qué estás tan asustada? (Trata de sujetarla de los brazos)
Hortensia. —Nada, nada, vámonos. (Se cubre el pecho)
León. —¿Qué ocultas?
Los dos forcejean. Del vestido de Hortensia caen las hojas que traía ocultas.
Cambio de luz.
León. —¿Qué es eso?
Hortensia. —Nada, nada. (Recoge las hojas con manos torpes)
León. —¿Es el libreto de la obra verdad? (Las trompetas suenan más fuerte, ladran los perros.)
Hortensia. —(Desesperada) Vámonos, es muy tarde, ¿Qué hora es ya? ¿Qué escena es esta? Mira, las luces han cambiado ya, debe ser la escena VI...
León. —Dame el libreto, Hortensia.
Hortensia. —No, vámonos León, se hace tarde, el claro debe estar cerca.
León. —¡Quiero leerlo! (Voces que se acercan. Los perros ladran más fuerte)
Hortensia. —¿León, me amas?
León. —No es el momento, Hortensia, muéstrame el libreto.
Forcejean. León se hace con las hojas. Cambio de Luz.
Hortensia. —(Llorando) Se hace tarde...
León. —(Mira las hojas confundido y lee) "Los sonidos exteriores aumentan...
Los sonidos exteriores aumentan.
León. —...León y Hortensia llegan a un claro. La luz cambia...
León y Hortensia llegan a un claro. La luz cambia.
León. —...Las trompetas resuenan en lo alto. Dos hombres a caballo con ballestas en mano entran a escena...
Las trompetas resuenan en lo alto. Hortensia cae de rodillas desconsolada.
León. —...para matar a León."
Dos hombres a caballo entran a escena. León los mira. Los hombres levantan sus ballestas.
Oscuro.
![]() |
| Orilla del Bosque de Franklin Álvarez Tunqui |
jueves, 24 de febrero de 2011
Sin tiempo :O
No he tenido mucho tiempo por el trabajo en la Facultad así que, de momento, aquí les dejo pinturas que encontré haciendo mi tarea de Producción.
![]() |
| El nacimiento de Venus de William-Adolphe Bouguereau |
![]() |
| Pasris desde mi ventana de Chagal |
![]() |
| Venus y Adonis de Francois Lemoyne |
![]() |
| Dante y Virgil en el infierno de William-Adolphe Bouguereau |
![]() |
| Faetón de Gustave Moreau |
sábado, 19 de febrero de 2011
Un fragmento de algo.
El teléfono suena insistentemente.
El pollo. —Ya contéstale, lleva buen rato marcando.
Poncho. —¿Para qué? Nadie me escucha.
El pollo. —Mmm, otra vez ya te pusiste de existencialista.
Poncho. —Bueno ya, no me juzgues.
El pollo. —Que tal que ya es otra persona.
Poncho. —Pues contesta tú.
El teléfono se detiene. Oscuro.
Sargento. —Pues no sé tú, pero a mi esto de ser personaje de una obra de teatro como que no me gusta.
Vaquero. —No es una obra de teatro, sólo es un fragmento de algo.
Sargento. —De todos modos, no me gusta que alguien me diga qué hacer y qué pensar. En escena hay una mesa con un florero vacío y una hoja de papel en blanco.
Vaquero. —No es tan grave. Mira, una mesa.
Sargento. —¿Para qué estará ahí?
Vaquero. —No sé, ¿elementos escenográficos?
Sargento. —¿Será utilería o atrezzo?
Vaquero. — Vaquero toma el florero y lo mira con una sonrisa. Utilería.
Oscuro.
Sargento. —No me gusta esto de ser personaje de "teatro".
El pollo. —Ya contéstale, lleva buen rato marcando.
Poncho. —¿Para qué? Nadie me escucha.
El pollo. —Mmm, otra vez ya te pusiste de existencialista.
Poncho. —Bueno ya, no me juzgues.
El pollo. —Que tal que ya es otra persona.
Poncho. —Pues contesta tú.
El teléfono se detiene. Oscuro.
Sargento. —Pues no sé tú, pero a mi esto de ser personaje de una obra de teatro como que no me gusta.
Vaquero. —No es una obra de teatro, sólo es un fragmento de algo.
Sargento. —De todos modos, no me gusta que alguien me diga qué hacer y qué pensar. En escena hay una mesa con un florero vacío y una hoja de papel en blanco.
Vaquero. —No es tan grave. Mira, una mesa.
Sargento. —¿Para qué estará ahí?
Vaquero. —No sé, ¿elementos escenográficos?
Sargento. —¿Será utilería o atrezzo?
Vaquero. — Vaquero toma el florero y lo mira con una sonrisa. Utilería.
Oscuro.
Sargento. —No me gusta esto de ser personaje de "teatro".
lunes, 14 de febrero de 2011
Luces rojas y azules
Hoy hace frío, no más ni menos que otros días. Nada parece extra especial. Como una paleta distraídamente tratando de pensar en lo que haré cuando llegue a casa. El palito de la paleta brilla en una luz azul fosforescente. Hay poca gente y alcanzo lugar en el metro. Hoy parece ser un buen día, es decir, nada especial, sólo un buen día.
Nos movemos entre los túneles. Hago berrinches cada que el metro se detiene, aún cuando sólo sea por unos momentos; nunca parece haber una razón lo suficientemente buena como para que el metro se detenga entre los túneles.
Hoy en la mañana tuve tiempo de hojear los periódicos; descabezados y muertos ocupaban la primera plana. Accidentes, incidentes, delincuencia. No sé si debería sorprenderme, a veces no sé.
Llegamos a la estación que termina en Z. Al salir voy distraído, a penas echo un vistazo a las personas que van a mi alrededor; a veces me pregunto porque nadie corresponde mis miradas. La luz roja del metro se desvanece a lo lejos. Luces rojas y azules que acompañan mi camino.
El palito azul de mi paleta juega con mis dedos de camino a la salida. Miro el suelo mientras camino, no porque no valga la pena levantar la mirada, sino porque algo en el andén que acabo de dejar abajo llama mi atención; un zapato negro, y a su lado un cuerpo sin vida cubierto con un plástico que refleja una triste luz azul hacía la noche no más fría que otras noches.
Los muertos saltan del papel de periódicos que no leo y se cruzan en mi camino. Hay policías y yo sigo caminando. A la salida del metro escucho voces, "fue un asalto" "todavía no han quitado el cuerpo", el cuerpo del crimen.
Las luces rojas y azules de patrullas pasan frente a mis ojos. A veces me pregunto si lo que escribo se parece más a la ficción o a la vida real. A veces me pregunto porque esto no se queda en la ficción, en el papel, o entre los escritos de un blog. A veces me pregunto. Y mientras me pregunto, pasan frente a mí luces rojas y azules.
Nos movemos entre los túneles. Hago berrinches cada que el metro se detiene, aún cuando sólo sea por unos momentos; nunca parece haber una razón lo suficientemente buena como para que el metro se detenga entre los túneles.
Hoy en la mañana tuve tiempo de hojear los periódicos; descabezados y muertos ocupaban la primera plana. Accidentes, incidentes, delincuencia. No sé si debería sorprenderme, a veces no sé.
Llegamos a la estación que termina en Z. Al salir voy distraído, a penas echo un vistazo a las personas que van a mi alrededor; a veces me pregunto porque nadie corresponde mis miradas. La luz roja del metro se desvanece a lo lejos. Luces rojas y azules que acompañan mi camino.
El palito azul de mi paleta juega con mis dedos de camino a la salida. Miro el suelo mientras camino, no porque no valga la pena levantar la mirada, sino porque algo en el andén que acabo de dejar abajo llama mi atención; un zapato negro, y a su lado un cuerpo sin vida cubierto con un plástico que refleja una triste luz azul hacía la noche no más fría que otras noches.
Los muertos saltan del papel de periódicos que no leo y se cruzan en mi camino. Hay policías y yo sigo caminando. A la salida del metro escucho voces, "fue un asalto" "todavía no han quitado el cuerpo", el cuerpo del crimen.
Las luces rojas y azules de patrullas pasan frente a mis ojos. A veces me pregunto si lo que escribo se parece más a la ficción o a la vida real. A veces me pregunto porque esto no se queda en la ficción, en el papel, o entre los escritos de un blog. A veces me pregunto. Y mientras me pregunto, pasan frente a mí luces rojas y azules.
domingo, 13 de febrero de 2011
Fundamental (2)
Tres personajes acomodados en un triángulo que apunta hacia el público, en la punta del triángulo está el personaje 1. El engrane del cuadro anterior ha desaparecido. Sobre el fondo del escenario se proyecta la imagen del engrane roto. Los personajes no rompen el triángulo.
Cuadro 2
2. —¿Y él? ¿Ya no habla, verdad?
3. —Dice que ha decidido callarse, dice que no necesita palabras, dice que la palabras lo traicionan, dice que lo engañan. Eso dice... o decía.
2. —¿Y su madre?
3. —Está desconsolada.
2. —¿Y su esposa?
3. —Lo ha abandonado.
2. —¿Y sus hijos?
3. —Piden pan y no les dan.
2. —¡Qué desgraciado! ¿A qué se dedica?
3. —Era escritor. Escribía en periódicos, escribía en revistas, en cuadernos, tenía un diario, escribía en las paredes, escribía libros, escribía en la arena, escribía hasta en el cielo.
2. —¿Y luego que pasó?
3. —Nadie le entendía, así que decidió, dejar de escribir y de hablar.
2. —¿Era rico?
3. —No, la escritura no deja.
2. —¿Y entonces a qué se dedica? ¿De dónde saca dinero para sus hijos?
3. —Ahora... Ahora se dedica contar el tiempo.
2. —¿Y por qué lleva una venda en la boca?
3. —Es su huelga contra el entendimiento.
2. —¿Y qué, la única manera de entenderse es con palabras?
3. —No, pero él no lo sabe.
2. —¡Desgraciado! ¿Crees que vuelva a hablar?
3.- No creo, dice... dice que las palabras lo han traicionado, eso dice... o decía.
Cuadro 2
2. —¿Y él? ¿Ya no habla, verdad?
3. —Dice que ha decidido callarse, dice que no necesita palabras, dice que la palabras lo traicionan, dice que lo engañan. Eso dice... o decía.
2. —¿Y su madre?
3. —Está desconsolada.
2. —¿Y su esposa?
3. —Lo ha abandonado.
2. —¿Y sus hijos?
3. —Piden pan y no les dan.
2. —¡Qué desgraciado! ¿A qué se dedica?
3. —Era escritor. Escribía en periódicos, escribía en revistas, en cuadernos, tenía un diario, escribía en las paredes, escribía libros, escribía en la arena, escribía hasta en el cielo.
2. —¿Y luego que pasó?
3. —Nadie le entendía, así que decidió, dejar de escribir y de hablar.
2. —¿Era rico?
3. —No, la escritura no deja.
2. —¿Y entonces a qué se dedica? ¿De dónde saca dinero para sus hijos?
3. —Ahora... Ahora se dedica contar el tiempo.
2. —¿Y por qué lleva una venda en la boca?
3. —Es su huelga contra el entendimiento.
2. —¿Y qué, la única manera de entenderse es con palabras?
3. —No, pero él no lo sabe.
2. —¡Desgraciado! ¿Crees que vuelva a hablar?
3.- No creo, dice... dice que las palabras lo han traicionado, eso dice... o decía.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










