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jueves, 3 de marzo de 2011

Yo tampoco

Mira el espiral de colores, no se detiene. Escuchas un sonido que viene de arriba, es fuerte, tremendo, no se detiene. Hay un olor que llena el lugar, sientes que no cabes, te empuja, te saca, no se detiene.
¿Has visto sueños caer por la escalera? Son muy variados, uno incluso sonreía, era muy mágico.
Tranquilo, cuenta hasta tres, espera, aquí viene otra vez. ¿Puedes verlos correr por la pradera? No se detiene.
Hace calor, el tic-tac del reloj, un segundo más, espera, quítate los zapatos antes de entrar. Se hace tarde. Mis ojos están cansados. No hay tiempo para descansar. Llena la maleta otra vez, que comience el viaje. El piso está pegajoso, son sueños diluidos.  No te detengas o te quedarás pegado. ¿No me crees?
Cierra los ojos, la luz es muy fuerte, podrías quedarte ciego. ¿Te gustan los colores? No te culpo.
Huele la madera vieja, sucia, un poco podrida tal vez. Ha pasado mucho tiempo. No eres tan joven como crees. Ni yo tampoco.
Si estás tan cansado abre la ventana, tira los sueños y corre. ¿Has visto sueños estrellarse contra el piso?

Jackson Pollock

sábado, 15 de enero de 2011

Un patito de hule (Comparaciones)

En el lago, un pato se pasea alegremente; en la tina, en la casa cerca del lago, un patito de hule flota alegremente.

Falta poco para que los copos de nieve pinten de blanco el paisaje; en la cocina, los copos de azúcar baña ya el plato de cereal.

Pequeños conejos juegan y se ocultan en las cepas de los árboles; en la alcoba, las pantuflas de conejo se ocultan bajo la cama.

Los rayos del sol se vuelven distantes; en la casa, una pequeña sonrisa se apaga.

La corteza de los árboles está gruesa y llena de arrugas; en la casa, las manos de un hombre maduro son tan rasposas como esa corteza.

El viento sopla con fuerza y hacer rechinar las ramas de los árboles; en el ático de la casa, la ventana abierta también rechina azotada por el viento.

Cae la noche, los ojos del búho lo observan todo; en la casa, nadie mira.

En el bosque, un venado que acaba de comer hojas en un moral camina entre los árboles con el hocico como manchado de sangre; en el ático, un hombre con la boca manchada de sangre oculta el cuerpo de una pequeña en el baúl.
¡Cuac!

viernes, 31 de diciembre de 2010

2010

Este año se acaba y afortunadamente me ha dejado muy buenos sabores de boca. Aquí una lista no de lo mejor del año, si no, menos importante aún, lo mejor de MI año 2010 ¿Y qué y qué?.
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(No van en orden de importancia, si no de como me voy acordando)

El nuevo disco de My Chemical Romance, Danger Days: The True Lives of the Fabulous Killjoys.

Machete de Robert Rodriguez.

Las películas de The Social Network de David Fincher e Inception de Nollan.


La primera parte de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.

La hermosa Precious en FES Acatlán con Dani y Mau :)

La banda Dionysos.

Las series Glee, Mad Men y XY.

Monty Python (Gracias Inés por presentármelos)

Carlos Flores y Armando Quitzaman, amigos que contacté por Facebook.

Facebook y Twitter, que aunque ya los tenía desde al año pasado este año me ayudaron mucho.

Literatura Dramática y Teatro en la Faultad de Filosofía y Letras de UNAM.

El grupo 1122, los amo a todos.

El primer disco solista de Brandon Flowers, Flamingo. Y el nuevo sencillo navideño de The Killers, Boots.

El nuevo disco de Gogol Bordello, Trans-Continental Hustle.

Las puestas en escena de Los Endebles, El Rumor del Incendio, Al Centro y Pa'Dentro, Sin Sangre, El Filósofo Declara y Un Transeunte Llamado Pecero.

El DVD de Inlgourious Basterds. 

Muna Zul. Los Atemperados en la Mega Ofrenda. Bailar en la Mega Ofrenda.

La obra de teatro y el Blog Copleros de la Vida de Daniel Camargo.

Saw 7, aunque no era necesario sacarla en 3D.

McGregor en I love you Phillip Morris.

Tideland. A Serious Man de los hermanos Cohen.

V for Vendetta, que por fin vi.

Toy Story 3 y The Hurt Locker que por fin se estrenó en México.

Nowhereboy, la peli de John Lennon.


La canción Starstruck de Robbie Williams.

Cinengaños y Farándula 40.

La serie de La línea de la Belleza que pasaron por el 22. Y también por el 22, El cumpleaños de mi perro Zerofilia, La Noche de los Santos Inocentes y XXY.

Night Train de Keane.

Fundamental, Pandemonium, Very, Cubism... en fin: The Pet Shop Boys.


Dolores o la Felicidad de David Olguin, El Jinete de la Divina Providencia de Oscar Liera y El Reloj y La Cuna de Sergio Magaña.

The Wall de Pink Floyd, Noviembre de Achero Mañas y Children of Men de Cuarón.

Tron y Tron Legacy de Disney.


Y hasta aquí un excelente año :)

domingo, 26 de diciembre de 2010

Publicidad

Mientras el hombre duerme en el sillón, a las dos de la mañana de un día cualquiera, la televisión sigue prendida. Latas de cerveza en el sillón, un anunció en la televisión.

"Si su marido no puede ver lo bella que es, sáquele los ojos"
"La cirugía plástica es la solución, solo tienes que hacer una llamada"
"Tallas grandes y no tanto, para la mujer como tú"

Nada de ruido en la calle, extraño. El hombre ronca ligeramente. La noche o madrugada de un día cualquiera. La televisión encendida.

"Lo mejor en línea de belleza...
"La línea de la belleza...
"Lo que usted necesita....
"No lo piense más, sólo una llamada....
"Visítenos, estamos cerca de usted, siempre cerca de usted...
"La línea de la belleza"

Imágenes de mujeres de plástico inundan la pantalla.

"No pagues una fortuna, hazlo tú misma, hilo y aguja de cirugía facial.
Con esta crema literalmente tu piel se volverá de porcelana.
Las manos más delicadas con el adelgazador de dedos."

Proposiciones irreales. Sueños hechos realidad. Cultura "pop".La mejor arma contra el tiempo.

Trabajo del artista Eduardo Paolozzi


domingo, 5 de diciembre de 2010

Pesados libros

Las escaleras crujían bajo sus pies, podía sentir la oscuridad a su alrededor y veía, al final de la escalera, como una haz de luz salía de la puerta entreabierta. Llegó a la puerta y se detuvo, temeroso de lo que encontraría al otro lado, la perilla estaba fría como hielo, abrió la puerta con la mano temblorosa y la luz de la habitación cayó sobre su rostro cegándolo por un momento. Ella estaba recostada sobre el sofá leyendo un pesado libro, era hermosa, y de hecho, todo a su alrededor hacía juego; de las paredes brotaban rosas rosas que despedían un encantador olor, había pequeñas aves jugueteando por los libreros, en una de las mesas había platos llenos de jugosas frutas, pequeñas burbujas perfumadas acompañaban el aire, nada era saturado ni empalagoso, sólo bello. La habitación era capaz de capturar los pensamientos y convertirlos en imágenes que resultaban muy reales. Cuando él entró la habitación cambió de inmediato, las rosas se volvieron rojas, las uvas se volvieron vino y las avecillas se definieron en colibríes que revoloteaban por doquier. Dos mentes en la habitación. No había pensamiento que pasara inadvertido, estaban como desnudos uno frente al otro.
Él se acercó y cuando sus ojos se encontraron la habitación volvió a cambiar, las rosas moradas y colibríes pequeños gatitos, ella estaba sonrojada, él también. Se acercó aún más, gatitos en ardillas, aún más, ardillas en conejos, las rosas en rosas de cristal. Cuando estuvieron uno frente al otro él se arrodilló para quedar a su altura, tocó su mano y de la nada comenzó a sonar una suave música. Mientras bailaban todo a su alrededor bailaba con ellos, conejos en cachorros, en mirlos, en golondrinas; la luz era tenue, velas flotando a su alrededor. La música y el baile continuaban y él no se daba cuenta, las golondrinas en petirrojos, ella tomó una rosa de la mesa, las rosas de cristal en lirios, bailaban, y la rosa de su mano se transformó en una delgada navaja, los lirios en crisantemos. Cuando la navaja se hubo insertado en su pecho la música se detuvo, crisantemos y petirrojos, silencio. La habitación que no se detiene.
La sangre roja del pecho de aquel joven pronto se convirtió en tinta y su cuerpo en un libro grande y pesado, de pasta dura y letras doradas. Ella se inclinó sobre el escritorio y comenzó a escribir otra invitación, las rosas de cristal en rosas rosas, los petirrojos en avecillas que revoloteaban por los libreros llenos de libros; cuando terminó la carta acomodó el primer libro cuidadosamente junto con los otros y tomó el nuevo dispuesta sentarse a leer. Un avecilla tomó la invitación y salió por la ventana. Ella estaba recostada sobre el sofá leyendo un pesado libro, era hermosa, y de hecho, todo a su alrededor hacía juego.

viernes, 12 de noviembre de 2010

El metro, cosa de todos los días. (3)

 
DIVISIÓN DEL NORTE

Hay un señor tirado en el andén, se ve medio borracho. Una señora habla con la pared, discute. Además de ellos dos, y yo por supuesto, el andén está vacío.
La señora se me queda viendo y yo, impaciente, ruego porque llegue el metro. Un sonido, un eructo del señor; otro sonido, los pasos de la señora, otro sonido, por fin, el metro.
La puerta queda justito enfrente de mí, y cuando se abre, me subo como rayo. Una chica se baja con el teléfono en la mano, afortunadamente no baja sola. Se cierran las puertas, y aliviado agradezco que no se haya subido la señora. Sustos en el metro, ya van siendo cosa de todos los días. La gente se me queda viendo porque todavía estoy un poquito agitado por el susto que me metieron la señora y el borracho. Sonrío y ahogo como que no pasa nada, ya no pasa nada. Nada, nada de nada; el metro se quedó parado. Respiro, no pasa nada, el metro ya sigue avanzando. En Zapata se sube un señor muy bien arreglado, con gorrita y bastón; me gusta su atuendo.
  
ZAPATA
Me subo  al metro y una señorita se tropieza con mi bastón y se me queda viendo con cara de "viejo menso", no fue mi culpa. Me quedo cerca de la puerta, un muchacho se me queda viendo, le sonrío, él sonríe también. Miro mi reloj y noto que voy quince minutos temprano, el tiempo suficiente para irme por un cafecito a Coyoacán. Una señora se para a lado de mí en la puerta, parece de mi edad, y obviamente baja a la otra, es muy bonita. La miro y ella sonríe también, le extiendo el brazo para ayudarla a bajar, ella se agarra fuerte. Sonrisas y café; cosas que deberían ser de todos los días

COYOACÁN

En Coyoacán se sube mucha gente, ya decía yo que era muy raro que viniera tan vacío, si esto no es cosa de todos los días. Unos viejitos apenas alcanzan a bajar entre el mar de gente que sube. Tengo cuidado para que la gente no aplaste los mapas y planos que tengo en la mano, me pasé toda la noche terminándolos. Un tipo de traje acerca peligrosamente su café a mis planos, intento moverme entre la gente pero mi mochila está atorada, ¡Diablos! Ni hablar, el metro es lo más rápido para llegar a la escuela. Aguanto los apretujones, ya casi llegamos a la siguiente. Llegamos y ¡Oh sorpresa!, nadie baja, ni sube.

VIVEROS

¡Ay, no! Nadie más baja, se cierran las puertas y yo sigo arriba, si de por sí iba tarde, y ahora me tengo que bajar hasta Quevedo. ¡Santas azucenas! Mi libro se me resbala de los dedos y cae al piso, un joven se apresura a recogerlo y lo salva de ser pisoteado. Gracias, me lo acomodo en la mano, ¿Bajas a la que sigue?, sí, me contesta con una sonrisa, es guapo. Agarro mi bolsa, mi libro, y me dispongo a salir con mi nuevo acompañante; el día mejora. Masas de gente, cosa de todos los días; encuentros como estos, no.

M. ANGEL DE QUEVEDO

Bajan, suben, bla bla bla, ya quiero llegar a Copilco. Una chica con un libro de quien sabe quien, me pisa al bajar. Auch.  Que hueva ir aquí parado con este calor de... ya quiero llegar. Avanzamos y a medio túnel ¡Se para! ¡Me lleva!, y justo una antes. Siempre se para en Quevedo, y para acabarla se apagan las luces. El sonido del "Ash" general, llena el vagón.
Uno, dos, tres, cuatro, ya cinco minutos aquí parado con las luces pagadas. Se prenden las lucecitas de los celulares, algunos siguen leyendo, otros revisan sus mensajes. Ya quiero llegar. Suena mi teléfono, un mensaje, "Wey, ya estás cerca?" ¡Ah! ¿por qué hoy?
Cuando todo parece perdido las luces se prenden, el metro sigue su curso. Al parecer sólo se detuvo para hacerme llegar quince minutos tarde. Tarde como siempre, cosa de todos los días. Ash, pinche metro.

COPILCO

Se abren las puertas y un chico sale disparado. Muchas personas bajan, casi nadie sube. Después de un viaje en el metro ya estoy cansado y apenas comienza el día. Me preparo para bajar. El metro sale del túnel. El sol de la mañana brilla. Otro día en la facultad, qué bonito, cosa de todos los días. Por fin llego. Universidad.

 UNIVERSIDAD

Es temprano. Subo las escaleras mientras busco el boleto del metro en mi bolso; lo saco junto con mi espejo para revisar mi maquillaje y mi peinado, perfectos. Entro en el metro, estoy lista para comenzar la jornada. Todos me peguntan que por qué trabajo tan lejos; a mi ya no se me hace tan lejos, cosa de toso los días, creo. El metro va llegando y la puerta queda justo enfrente de mí. Si agarro uigar me puedo ir leyendo hasta Indios Verdes. Subo y paso enfrente  de un joven bien parecido que va bajando. Sonrío, buen inicio del día.

El metro, cosa de todos los días. (1)
El metro, cosa de todos los días. (2)

Juntos, esperan

Ocho figuras en la oscuridad, juntas, esperando, una junto a la otra, esperando, siempre esperando. Reunidas por un objetivo común, acompañándose, la mirada fija en el horizonte, hace frío, pero todos esperan, juntos, esperan. Es tarde, comienzan a preguntarse si llegará, tratan de ser pacientes, esperan, esperan el camión. Las luces de las lámparas nocturnas parpadean. Juntos, bajo el puente, en el frío, bajo las luces parpadeantes, esperan.
Se miran entre sí, impacientes, algunos sonríen, otros voltean la mirada. Un chico saca un cigarro y pregunta, ¿Alguien tiene fuego?, un señor de bigote saca un encendedor y extiende el brazo. ¿Para dónde van ustedes, y si pedimos un taxi?, dice una mujer bajita, pues esperemos un poco más y si no viene, pedimos uno, dice una chica, debería llamarle a mi papá para que venga por mi, piensa para sí. Una pareja se abraza, hace frío. Un señor baja la caja que venía cargando, el camión no llega. Disculpa, ¿Sabe si todavía pasa el camión?, pregunta un chico de lentes, pues yo espero que sí, le contesta el hombre del bigote.
Siguen mirando al horizonte, esperando, no hay señales de movimiento. La chica, la mujer bajita, el chico de lentes, el del cigarro, el hombre del bigote, el de la caja, la pareja. Todos esperan, esperan impacientes, juntos esperan, en la noche, esperan la llegada del camión.
La chica saca su teléfono y comienza a marcarle a su papá, es tarde.
El hombre de la caja resuelve por parar un taxi que va pasando, la mujer bajita y la pareja se van con él.
El chico de lentes le pregunta a la chica si se puede ir con ella cuando llegue su papá, ella accede.
El chico del cigarro antes de irse le ofrece uno al hombre del bigote, quien lo acepta. Se mete las manos en las bolsas y comienza a caminar calle abajo, el hombre del bigote lo acompaña.
El coche del papá de la chica llega y ella sube junto con el chico de lentes.
Ya no esperan, ahora juntos se alejan, ya no esperan el camión, se alejan, juntos, siempre juntos.

La parada ahora vacía, en la noche, duerme silente. Solo un ruido penetra en la noche, el camión, retrasado, da vuelta en la esquina, pero ya no hay nadie. El camión sigue su curso.

martes, 9 de noviembre de 2010

¡Guaf guaf!

Iba yo corriendo por la calle, era una mañana muy bonita. Corriendo por la acera. El dulce olor que salía de la panadería, los brillantes colores en la florería, los sonidos de la tienda de música, todo se veía estupendo. En mis manos llevaba un gran paquete, una bolsa gigantesca. Todos volteaban a verme, y es que iba corriendo muy rápido.
Seguí corriendo cuando de pronto, vi a una dulce abuelita cruzando la calle con su diminuto perro por delante. Me detuve a tiempo para no golpearla, pero trastabille y caí. Mi paquete salió volando, la bolsa se abrió y todo su contenido se vacío en la acera. Ideas; mi paquete estaba lleno de ideas. Un extraño cortejo salió de la bolsa y comenzó a desfilar por la calle: soldados, soldaditos de juguete, elefantes, bailarinas, gatos, pajarillos de muchos colores, violinistas, mimos, unicornios, changuitos con sombrero; mis sueños, comenzaron a inundar la calle. El perro de la abuelita comenzó a ladrar como loco, ¡guaf guaf!, y el cortejo continuaba: autos de carreras, astronautas, vaqueros, vacas, sombreros con patas, nubes de azúcar. Rapidamente me acerque a la bolsa y de ella saqué una gran jaula de oro, una jaula gigante, la abrí y comencé a meter ahí todas las ideas que se habían salido de la jaula.  De mi bolsillo saqué un cordel para amarrar la bolsa. Como mi bolsa aún seguía lo suficientemente llena, sin más, seguí corriendo. La gente se detenía, asombrada, a ver todo lo que se había quedado en la jaula.
Al llegar a la esquina me detuve y voltee para ver la cara de la gente frente a la jaula, una sonrisa se me dibujo en la cara, todos parecían divertirse mucho con el pequeño espectáculo. Di la vuelta  y seguí corriendo sin atreverme a decirles la verdad, sin atreverme a decirles que la jaula, estaba vacía.

domingo, 24 de octubre de 2010

El metro, cosa de todos los días. (2)

JUÁREZ

Juárez. Nadie baja. Una señora se me queda mirando, ¿Qué pinche problema tiene conmigo? La miro y se voltea, pendeja. Me llevo el papel a la nariz, aspiro. Todos se me quedan viendo, ¿Qué pinche problema? Siempre juzgando, pendejos. Definitivo me bajo a la que sigue. Las miradas indiscretas de todos, pendejos. Cosa de todos los días.
  
BALDERAS
Por fin se baja el tipo drogadicto. Al menos en Balderas sube gente más decente. Entre ellos un chico de esos "modernos", maricón pues. Todo arregladito que viene. Bueno, al menos él sí se arregla. No como mi hija toda fachosa. Si ya le dije, "Si no te arreglas vas a ser una quedada", pero nada que me hace caso. Si ya le dije, "Cada día quedan menos hombres"; si todos salen así "raritos". Y ella nada que me hace caso. A parte se ve que este chico tiene dinero, todo arregladito que viene. Mi comadre dice que es muy nuevo eso de la "homosexualidad" y que es muy raro; pero no, yo ya me acostumbré a verlos en el metro, "Si es cosa de todos los días", le dije. Por ejemplo, un día....

NIÑOS HÉROES

Apenas me subí una señora se me quedó viendo. ¿Qué, uno no puede tener un día malo? Sí, hoy me peleé con mi papá; y sí, venía llorando en el camión. Pero ¿Qué me ve? Y no sólo la señora, otra chava se me queda viendo. Sí ¿Qué?, lloré hace rato. La intimidad no existe aquí. Gente chismosa. Cosa de todos los días. Como sea, bajo a la que sigue.

 HOSPITAL GENERAL

Creo que el chavo que se acaba de bajar lloró hace rato. Pero bueno, no importa. Me volteo disimuladamente y quedo enfrente del chavo más guapo que he visto. Lleva la camisa ajustada, y con este calorcito... ruego porque no baje a la que sigue. Llegamos a Centro Médico. Las puertas se abren.  El chavo se mueve para dejar bajar y quedamos pegaditos, yo me sonrío. ¡Que suerte, no se baja! Ojalá que se quede parado el metro para que quedemos pegaditos. Qué lástima; las puertas se cierran y seguimos avanzando. Ver chicos así de guapos no es cosa de todos los días.

CENTRO MÉDICO

En Centro Médico me hago a un lado para dejar pasar. El vagón queda bastante vacío, aún así la chica que viene enfrente de mí se me queda pegada y me ve raro. Disimulo y doy un paso hacia atrás. Una señora se sube como con mil bolsas y empieza a cantar. Las puertas se cierran. Nunca me había tocado alguien cantando tan temprano. Sólo un joven vestido de blanco le da unas monedas, parece doctor. La chica de enfrente se me sigue pegando; me incomoda. Del pantalón saco una moneda, cruzo el vagón y alcanzo a la señora. "Gracias joven", me dice. Cosas raras en el metro, cosa de todos los días.

ETIOPÍA

Un chavo pasa corriendo por el vagón y alcanza a al señora para darle una moneda. Que curioso. Tomo mi maletín y me pongo a pensar en las consultas del día de hoy. Un señor se viene durmiendo a mi lado y se me empieza a recargar en el hombro. Bajo a la que sigue, así que tal vez tenga que despertarlo sutilmente. Doy un fuerte tosido, todos se me quedan viendo raro, pero funciona, el señor se despierta. Me levanto y me dispongo a salir, falta poco para la siguiente estación. El señor que venía a mi lado ya está dormido otra vez, ahora se apoya contra la ventana. Gente dormida en el metro, cosa de todos los días. Llegamos, me bajo y paso enfrente de una chica de rastas que va subiendo.

EUGENIA

Me subo y paso enfrente de un doctor que se ve medio guapo. Qué bien, hay un lugar libre. El Sr. de a lado se viene durmiendo; bueno, casi todos los que vienen sentados se vienen durmiendo, hasta algunos de los que viene recargados en los tubos. Suena mi teléfono y contesto rápido, pero entramos en el túnel y se corta. Era mi mamá. Bueno, no importa, cuando llegue a la Fac le hablo. El metro se queda parado a medio túnel, y ahora que recuerdo, debería estar leyendo. Saco un libro de mi bolsa y me pongo a leer la Poética de Aristóteles. Un señor viene leyendo el periódico; en la portada hay una mujer casi desnuda y un descabezado. ¡Grotesco! Desgraciadamente es cosa de todos los días. Trato de concentrarme en mi lectura, pero todavía tengo un poco de sueño, y la llamada de mi mamá me preocupa. No me aguanto, me bajo en la que sigue para marcarle.

El metro, cosa de todos los días. (1)
El metro, cosa de todos los días. (3)

miércoles, 13 de octubre de 2010

El metro, cosa de todos los días.

 
 INDIOS VERDES

La mañana es muy fría cuando bajo del camión. Me muevo entre la gente. "Hoy no me pasa, ayer le puse dinero a mi tarjeta", me digo a mi misma. Cuando paso el torniquete y me dispongo a ir a la sección de mujeres la veo. Allí está. La mujer más odiosa, y si me ve seguro que tendré que saludarla; después de todo, es mi jefa. ¡Con la pena! Me desvió y me voy del lado de los hombres.
Con trabajo entro a empujones. Es temprano y en el metro ya hace mucho calor. El metro avanza y yo voy medio pegada a la puerta. No me preocupa; cosa de todos los días. Agarro mi bolso verde con fuerza, ya vamos a llegar a la siguiente estación.
                  
DEPORTIVO 18 DE MARZO

Entre la multitud, espero. El metro se aproxima; tengo suerte y me toca la puerta enfrente. Cuando se abre, no entro, me meten. Choco con una señorita de bolso verde que iba cerca de la puerta, ¡Qué pena!. Milagrosamente cruzo y me estampo contra la otra puerta. No me explico cómo crucé toda la multitud. Ya que estamos todos adentro, las puertas se cierran. 
Antes de llegar a la siguiente estación, a una señora se le tambalea su jugo y salpica sin querer al muchacho que venía dormido enfrente de ella, ¡Ja!, cosa de todos los días.
                  
 POTRERO

Me despierto de repente. Una señora me salpicó un poco de jugo en la cabeza. No me preocupa; cosa de todos los días. Miro por la ventanilla y veo que apenas vamos en potrero. Mucha gente sube y casi nadie baja. La puerta se cierra y también mis ojos. El metro avanza. Poco a poco me vuelvo a quedar otra vez dormido, lo último que alcanzo a escuchar es el "Ricas paletitas de cajeta coronado, de novedad..."

LA RAZA 

Ya llegamos a La Raza y todavía no he vendido ni una paleta. Si ya me decía la Chole que en la mañana casi no se vende. Hay harta gente y no me puedo bajar, ni modo, a la que sigue; no hay bronca, cosa de todos los días. El metro avanza. Pus ni pex, a seguirle.
—¡Ricas paletitas de cajeta coronado, de novedad!. 

TLATELOLCO                          

Entro corriendo a la estación y bajo las escaleras. El metro ya llegó. Una vendedora de paletas detiene la puerta y alcanzo a entrar; ¡Mi día de suerte!. Tal vez hoy no llegue tarde. La vendedora se cambia de vagón y no le alcanzo a dar las gracias; no creo que se moleste, cosa de todos los días.
¡Ay no!, la que sigue es Guerrero y de seguro que me tocan empujones. Pido permiso y me quito de la puerta. Me pongo en el pasillo a lado de una enfermera gordita. Me agarro del tubo y espero; ya merito llegamos.

 GUERRERO 

Un tipo naco empuja y se pone a lado de mí antes de que lleguemos a Guerrero.
Es lo que me choca del metro, por eso siempre me paso al pasillo.
Las puertas se abren. Mucha gente sale, mucha gente entra; el calor aumenta.
No avanza. ¡Ash!, ya es cosa de todos los días. ¡Lo que una tiene que aguantar para llegar al trabajo!. Me echo aire con mi revista; inútil, el calor es agobiante.
Para acabarla, un gordito de lentes trae sus audífonos a todo lo que da.
Las puertas se cierran. Ruego por que no se siga parando.

 HIDALGO

Definitivamente esto de traerme los audífonos hace más corto el camino. Hace calor, pero no importa; vengo en mi mundo. Llegamos a Hidalgo y el metro se vuelve a quedar parado. Un motón de gente baja y otro sube. Se acaba la canción; un segundo de silencio. Me llega un olor; un tipo se viene drogando a lado y los audífonos no tapan el olor.
Empieza la siguiente canción, es prendida. Se cierran las puertas y avanzamos.
Me maravilla lo cerca que están Hidalgo y Juarez, un abrir y cerrar de ojos y ya llegamos. El olor perdura, ¡Que asco!, pero bueno, cosa de todos los días.

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