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jueves, 3 de marzo de 2011

Yo tampoco

Mira el espiral de colores, no se detiene. Escuchas un sonido que viene de arriba, es fuerte, tremendo, no se detiene. Hay un olor que llena el lugar, sientes que no cabes, te empuja, te saca, no se detiene.
¿Has visto sueños caer por la escalera? Son muy variados, uno incluso sonreía, era muy mágico.
Tranquilo, cuenta hasta tres, espera, aquí viene otra vez. ¿Puedes verlos correr por la pradera? No se detiene.
Hace calor, el tic-tac del reloj, un segundo más, espera, quítate los zapatos antes de entrar. Se hace tarde. Mis ojos están cansados. No hay tiempo para descansar. Llena la maleta otra vez, que comience el viaje. El piso está pegajoso, son sueños diluidos.  No te detengas o te quedarás pegado. ¿No me crees?
Cierra los ojos, la luz es muy fuerte, podrías quedarte ciego. ¿Te gustan los colores? No te culpo.
Huele la madera vieja, sucia, un poco podrida tal vez. Ha pasado mucho tiempo. No eres tan joven como crees. Ni yo tampoco.
Si estás tan cansado abre la ventana, tira los sueños y corre. ¿Has visto sueños estrellarse contra el piso?

Jackson Pollock

jueves, 24 de febrero de 2011

Sin tiempo :O

No he tenido mucho tiempo por el trabajo en la Facultad así que, de momento, aquí les dejo pinturas que encontré haciendo mi tarea de Producción.

El nacimiento de Venus de William-Adolphe Bouguereau

Pasris desde mi ventana de Chagal

Venus y Adonis de Francois Lemoyne

Dante y Virgil en el infierno de William-Adolphe Bouguereau

Faetón de Gustave Moreau

martes, 1 de febrero de 2011

A los pies de Atenea

De vuelta a mi irrealidad: la Facultad de Filosofía y Letras, el Colegio de Literatura Dramática y Teatro.

Cuadro 1

(Diálogo en oscuro)
—¿Y yo qué hago aquí?
—¿No te lo han dicho?
—No.
—No tardarás en enterarte.
—¿Tú quién eres?
—Créeme, no querrás saberlo.
—¿Estoy muerto?
—Todavía no.
—No me quiero morir.
—Todos estamos muertos ya de alguna manera.
—No recuerdo mi nombre.
—Te llamas Pedro.
Pedro. —¿Cómo lo sabes?
—Créeme, no querrás saberlo.
Pedro. —¿Por qué está tan oscuro?
—Es que tienes los ojos vendados.
Pedro. —¿En serio?
—Intenta quitarte la venda.
Pedro. —(Lo intenta) No puedo. Tengo miedo.
—Eres un hombre sensato Pedro.

Fin de Cuadro 1

Cuadro 2

(Diálogo)
—Si alguien te encuentra aquí...
—Tranquilo, nadie se va a enterar.
—Te matarán, y a mi también.
—Te matarían de todos modos.
—¿Cuánto tiempo te quedarás?
—No sé, hasta que encuentre algún lugar mejor.
—Ya no quedan muchos lugares.
—Lo sé; fue una suerte encontrarte.
—Debes ser cuidadosa, no quiero que corramos riesgos, mi familia...
—Tu familia estará bien, seré cuidadosa.
—¿Cómo te llamas?
—Será mejor que no lo sepas.
—Debo irme.
Desconocida. —Gracias por dejarme quedar.

Fin de Cuadro 2

Going West de Jackson Pollock

sábado, 6 de noviembre de 2010

Escuchar

Con el paso de los años me he dado cuenta que nadie me escucha. Veo pasar los autos por la calle, le gente me rodea en el transporte público y aún así me siento tan solo. Llego por fin a casa donde mi familia me espera, pero ni ellos me oyen, no se porque, pero no me yen.

Cuando cae la noche y te escucho a mi lado, me pregunto, ¿Por qué de entre tantas personas, tú te detuviste a escuchar?, y justo a tiempo; porque estaba a punto de tomar voto de silencio para siempre.
Así que no me queda más, que agradecerte por escucharme. Escuchar.

Lover's embrace (El abrazo de los amantes)
De Rick Herold

En el silencio de la noche, con el paso de los años, el mundo se deteriora. Parece que a nadie le importa; la gente camina y camina, pero no avanza, y no se detiene. Tienen miedo, porque algunos dicen que detenerse es dejar de vivir, pero no es cierto. A veces lo único que nos hace falta para "mejorar" nuestra vida, es detenernos a escuchar.
Detente, cierra los ojos, y escucha.

martes, 12 de octubre de 2010

La cuna, el reloj, tú y yo.

Y ahí estaba yo. Frente a ella. Con las manos en los bolsillos, sin poder creer lo que acababa de ocurrir.
Ahora la tarde está tranquila. Sin su gritos, la habitación ha quedado por completo en silencio.

Y allí me encontraba yo. A su lado. Ella tirada en el piso; yo, con las manos en las bolsas del pantalón. Aún no lo creo.
La tarde parece detenida. Su boca está callada y la habitación se ha quedado en silencio.

Sólo el reloj y la cuna me recuerdan que el tiempo no se detiene. Yo no quería hacerlo, pero sucedió.
Sus ojos me miraban; con desprecio, como siempre. No quiero admitirlo pero así es. Ella está muerta; yo la maté.

A mi favor puedo decir que ya tengo edad para independizarme. Cuarenta años recién cumplidos, ayer fue mi cumpleaños.

A ella no le importaba. Era una mujer muy bella, y no le importaba. Tal vez hasta le hice un favor.

Sí. Ella está muerta; yo la maté.

A lo lejos se oyen las sirenas. Los vecinos deben haber llamado a la policía después de escuchar el disparo; sí, de seguro. Son buenas personas. Aún así mis piernas se mantiene quietas, las manos en los bolsillos.

Yo la maté. Es como NO QUERER VER UNA MONTAÑA CUANDO ESTÁ FRENTE DE TI, FRENTE A TUS OJOS.

La policía está cerca; iré a prisión.

Su rostro no se mueve, parece que no le importa. Nunca le ha importado, incluso cuando... a no, lo olvidé, está muerta.

La patrulla se detiene frente a la casa.
—Mamá, me voy. Iré a prisión. —Por obvias razones ella no contesta.

Tocan la puerta. Mi piernas por fin se mueven, y me dispongo a bajar para abrir la puerta.
Cuando estoy a punto de salir del cuarto, no puedo evitar pensarlo: "¿Por qué, mamá? ¿Por qué?. Que las furias se apiaden de mí. Nunca te perdonaré."


The Remorse of Orestes (1862), de William-Adolphe Bouguereau.

sábado, 9 de octubre de 2010

Gótico

"Yo no maté a mi esposa, lo juro. Solo soy un granjero." La vieja excusa. Depués de escucharla por cuarta vez, sigo caminando por los maizales. Ya van cuatro asesinatos a esposas de granjeros esta semana. Dicen que no hay sospechosos, pero todos aquí son culpables. El último hombre que visitamos tenía sangre en las manos, ¡De la vaca que acaba de parir!, se excusó. Hay que hacer algo, pero no soy quién para detenerlos.

Mujeres asesinadas por sus esposos granjeros, otro problema más de mi mundo triste y enfermo.

American Gothic, un cuadro de Grant Wood.


domingo, 3 de octubre de 2010

¿Último aviso?

Me despierto sobresaltado. Por la ventana se cuela el sonido de la señora de los tamales pero no tengo dinero para bajar corriendo a alcanzarla. Me medio visto con lo primero que encuentro y salgo del departamento; bueno, yo lo llamo departamento, no crean que es por presumir ni nada, es nada más para no llamarlo "el cuartucho que está hasta arriba de la vecindad".

Salgo y me encuentro con la señora que vive justo abajo, Doña Estela, todavía es temprano pero ella ya salió a regar sus plantitas, ¡Buenas doña Estela!, ella solo sonríe; pobrecita, desde que le mataron a su hijo el año pasado ya no es la misma de antes. Cruzo el pasillo, paso por enfrente de los dos departamentos que siguen, enfrente de uno una botella con leche y un periódico enrollado, enfrente del otro un sobre con letras rojas grandotas, ÚLTIMO AVISO, que bonito contraste, ¡Buen día Pepe!, la segunda puerta se abre y yo paso haciendo como que no veo el sobre, ¡Buenas!. En el piso de abajo se oyen gritos, señal de que la vecindad ya va agarrando el ritmo; es la pareja que se avienta como cinco mentadas de madre antes de empezar el día, yo creo que con un simple -Hola- sería suficiente, él es obrero y ella, alcohólica. Paso discreto como todo buen vecino, haciéndome el de la vista gorda y llego el piso de abajo; es lo malo de vivir hasta arriba, siempre antes de salir uno se entera de la vida de todos los demás. En el piso de abajo suenan los huapangos que pone Don Beto, su vecina de a lado sale corriendo y se pone a gritarle a su puerta, ¡Apague la música viejo inconsciente, todavía es muy temprano!, trato de no reírme. Tomo las últimas escaleras antes de llegar al patio y empezar el día, Doña Sarita está sentada ya en su banquito, ¿Ya te vas Pepe?, ¡Sí Doña, a chambiarle!, la noto seria, como distante, sigo caminando, me dan escalofríos; abro la puerta y lo veo, enfrente de la vecindad esta el cuerpo del esposo de Doña Sarita, muerto ya, sin decir nada; en la esquina dos polis se comen un tamal, nadie hace nada, nadie ve nada.

Hoy cuando salí de la casa no sabía a dónde iba, pero salí muy decidido.



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