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jueves, 14 de junio de 2012
I.- Alto.
N.- Mostrarse al mundo tal cual uno es. Abrir la alas. Cerrar los ojos.
L.- ¿Por qué te gusta seguir imaginando cosas que no van a pasar jamás?
N.- Sientes el aire frío. Te estremeces. Sus ojos. Te estremeces.
D.- Y yo quiero convencerme de que es así. De que esto no es despecho, es amor. De que tus ojos me iluminan no que me deslumbran. Yo quiero creerlo. Creerte. Y creerte para mí.
N.- Una mano busca la otra. Entre el sonido y las luces.
L.- En el cuarto oscuro. Oscurecido. En el silencio.
N.- La luz de sus ojos y la respiración. Entrecortada.
L.- El maquillaje de sus ojos está al límite del buen gusto. Es saludable permanecer al límite.
D.- Te sorprende la poca atención que puede prestarte la gente.
N.- No he tomado nada, lo juro. Sólo estoy feliz. Feliz como cuando en la infancia escuchas por primera vez el sonido del mar.
D.- Aún respiras, justo antes de que ocurra. Luego viene la nada.
L.- Todavía con esa sonrisa idiota en la cara. Las alas abiertas.
N.- Su cabello negro inundándolo todo.
D.- El cuerpo que se congela. Antes de la huida. La vida que se detiene.
N.- Esa sensación...
L.- ¿La conoces?
D.- El piso frío en la mejilla como beso de despedida.
N.- Esa sensación...
L.- Está muerta.
N.- No te atreves. No tocas su mano.
L.- Está muerta.
N.- Tal vez demasiado tarde.
D.- Ésta muerte, que te atrapa cuando menos te lo esperas.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Quiero que lo hagas (No quiero hacer el oso.)
(Un hombre entra al escenario vestido con una botarga de oso, toma unos globos y corre en círculos por el escenario.
Otro hombre entra al escenario y mira al oso.)
Otro hombre entra al escenario y mira al oso.)
Hombre: ¿Qué haces aquí?
(El oso se detiene y se quita la cabeza de oso.)
Oso: Te estoy esperando. Necesito hablar contigo. (El Hombre cruza el escenario para salir.) No te vayas, por favor. Espérame.
Oso: Te estoy esperando. Necesito hablar contigo. (El Hombre cruza el escenario para salir.) No te vayas, por favor. Espérame.
(El Hombre se detiene.)
Hombre: Creo que quedó claro que tú y yo ya no tenemos nada más qué decirnos.
Hombre: Creo que quedó claro que tú y yo ya no tenemos nada más qué decirnos.
Oso: Esa es tu opinión. Déjame explicarte. (El “oso” saca unos folletos del portafolio que está el fondo.) Necesito que me des una oportunidad. Por favor.
Hombre: ¿Para qué? El hecho es que a ti (El Hombre señala unas cajas también al fondo, que contienen tarritos de miel.) las cosas no te importan lo mismo…
Oso: ¿Lo mismo que a ti?
Hombre: Basta. No tengo por qué seguir discutiendo contigo. Dame permiso.
Oso: Está bien. Vete. (Tira al piso los folletos y señala las cajas de tarritos de miel.) Tíralo todo a la basura.
Hombre: No me culpes a mí.
Oso: (El Oso le extiende la cabeza de oso al Hombre.) Ponte en mi lugar. (El Hombre lo rechaza e intenta salir de escena.) Entiéndeme. Lo que me pides es… demasiado.
Hombre: ¿Demasiado? ¿Tú te has puesto en mi lugar? (El Hombre señala su saco y su corbata.) ¿Te puedes imaginar lo importante que es para mí?
Oso: No, seguramente no. Pero necesito que me entiendas.
Hombre: No hay nada que entender. Si no puedes hacerlo… (Toma la cabeza de oso del suelo y se dirige al bote de basura.)
Oso: Pídeme otra cosa. Cualquier otra cosa. Lo que sea.
Hombre: Ya sabes lo que quiero.
Oso: ¿Qué? ¿Qué es lo que quieres?
Hombre: (Le pone de nuevo la cabeza de oso.) Quiero que lo hagas.
Oso: Pues lo siento. Lo siento mucho.
Hombre: ¿Entonces no?
Oso: No. (Se quita la cabeza de oso.) Definitivamente. (Se quita el traje de oso.)
Hombre: Piénsalo bien. Hazlo por mí. Piensa en nosotros. (El Hombre señala el traje.) No lo tires tú a la basura. Por favor.
Ex-Oso: No. No puedo. Perdóname. Perdóname de verdad. Adiós.
(El Hombre que tenía puesta la botarga de oso sale. Los globos del principio explotan y las cajas con tarritos de miel se caen. Oscuro.)
viernes, 16 de septiembre de 2011
Fernando y Sonia.
Sonia está sentada ante una gran mesa. Al fondo hay estanterías con libros. Sonia sostiene frente así un pesado libro. En la portada del libro en letras grandes y doradas de lee: Otelo.
Fernando entra en la habitación y se dirige hacia Sonia. Cuando está a punto de hablarle Sonia levanta la mano y sobre su cabeza, colgado del techo, se ilumina un gran letrero que dice: Sala de lectura, Favor de guardar SILENCIO. Desde el fondo se escucha un fuerte "¡¡Shhht!!". Fernando, apenado, se sienta con mucho cuidado a un lado de Sonia y la mira.
Sonia cambia la página. Fernando abre su mochila de donde se caen dos canicas. Fernando se para rápidamente para recogerlas, desde el fondo se escucha otra vez el "¡¡Shhht!!", Fernando se congela en el acto. Sonia cambia la página. Las canicas ruedan hasta perderse al fondo de las estanterías. Fernando vuelve a su lugar, mira a Sonia. Sonia, camba la página.
Fernando saca un cuaderno y comienza a escribir, cambia de idea, se detiene, arranca la hoja, la hace bolita y lanza contra el bote de basura. Falla. Del fondo se escucha aún más fuerte el "¡¡Shhht!!" Fernando se levanta y de puntitas va a tirar la bolita de papel correctamente. Sonia cambia la página.
Fernando vuelve a su lugar y al sentarse comienza a sonar su teléfono, por toda la sala se escucha el "tonito" de funeral del celular de Fernando. Desde el fondo suena aún más fuerte el "¡¡Shhht!!". Fernando pone cara de susto. Sonia cierra el libro y mira a Fernando. Fernando saca su teléfono y lo apaga. Sonia y Fernando se miran.
Fernando mete su teléfono en la mochila y saca una flor, se la extiende a Sonia y sonríe. Sonia la toma y sonríe también. Fernando y Sonia se miran.
Una mujer de aspecto severo sale desde el fondo de las estanterías, está a punto de decir algo pero Sonia la interrumpe con un ligero "¡Shh!", toma a Fernando de la mano y salen.
Oscuro.
Fernando entra en la habitación y se dirige hacia Sonia. Cuando está a punto de hablarle Sonia levanta la mano y sobre su cabeza, colgado del techo, se ilumina un gran letrero que dice: Sala de lectura, Favor de guardar SILENCIO. Desde el fondo se escucha un fuerte "¡¡Shhht!!". Fernando, apenado, se sienta con mucho cuidado a un lado de Sonia y la mira.
Sonia cambia la página. Fernando abre su mochila de donde se caen dos canicas. Fernando se para rápidamente para recogerlas, desde el fondo se escucha otra vez el "¡¡Shhht!!", Fernando se congela en el acto. Sonia cambia la página. Las canicas ruedan hasta perderse al fondo de las estanterías. Fernando vuelve a su lugar, mira a Sonia. Sonia, camba la página.
Fernando saca un cuaderno y comienza a escribir, cambia de idea, se detiene, arranca la hoja, la hace bolita y lanza contra el bote de basura. Falla. Del fondo se escucha aún más fuerte el "¡¡Shhht!!" Fernando se levanta y de puntitas va a tirar la bolita de papel correctamente. Sonia cambia la página.
Fernando vuelve a su lugar y al sentarse comienza a sonar su teléfono, por toda la sala se escucha el "tonito" de funeral del celular de Fernando. Desde el fondo suena aún más fuerte el "¡¡Shhht!!". Fernando pone cara de susto. Sonia cierra el libro y mira a Fernando. Fernando saca su teléfono y lo apaga. Sonia y Fernando se miran.
Fernando mete su teléfono en la mochila y saca una flor, se la extiende a Sonia y sonríe. Sonia la toma y sonríe también. Fernando y Sonia se miran.
Una mujer de aspecto severo sale desde el fondo de las estanterías, está a punto de decir algo pero Sonia la interrumpe con un ligero "¡Shh!", toma a Fernando de la mano y salen.
Oscuro.
viernes, 4 de marzo de 2011
¿Y la calle Madero?
Astronauta. —Disculpe, ¿La Calle Madero?
Cartero. —Siga derecho.
Astronauta. —¿Por allá?
Cartero. —¿No es de por aquí, verdad?
Astronauta. —Digamos que viajo mucho.
Cartero. —Yo también viajo mucho, soy cartero. ¿Usted dónde ha estado?
Astronauta. —En la Luna.
Cartero. —No entiendo.
Astronauta. —Soy astronauta.
Cartero. —¿De verdad? Nunca lo hubiera imaginado.
Astronauta. —¿Le sorprende?
Cartero. —Sí, no tiene cuerpo de astronauta, es decir... los entrenan ¿No?
Astronauta. —(Ofendido) Usted que va a saber, es sólo un cartero ¿No?
Cartero. —Pues nunca habré estado en la luna, pero al menos no estoy perdido.
Astronauta. —Yo tampoco estoy perdido.
Cartero. —Bueno, pues con permiso. Tengo trabajo. (Sale)
Astronauta. —¡Hey, disculpe! ¿Y la calle Madero?
Cartero. —Siga derecho.
Astronauta. —¿Por allá?
Cartero. —¿No es de por aquí, verdad?
Astronauta. —Digamos que viajo mucho.
Cartero. —Yo también viajo mucho, soy cartero. ¿Usted dónde ha estado?
Astronauta. —En la Luna.
Cartero. —No entiendo.
Astronauta. —Soy astronauta.
Cartero. —¿De verdad? Nunca lo hubiera imaginado.
Astronauta. —¿Le sorprende?
Cartero. —Sí, no tiene cuerpo de astronauta, es decir... los entrenan ¿No?
Astronauta. —(Ofendido) Usted que va a saber, es sólo un cartero ¿No?
Cartero. —Pues nunca habré estado en la luna, pero al menos no estoy perdido.
Astronauta. —Yo tampoco estoy perdido.
Cartero. —Bueno, pues con permiso. Tengo trabajo. (Sale)
Astronauta. —¡Hey, disculpe! ¿Y la calle Madero?
domingo, 27 de febrero de 2011
De dos enamorados que se dan cuenta de que están en una obra de teatro.
Acto II
Escena VI
Es de noche. La luna brilla sobre el bosque. Se oyen trompetas a lo lejos.
Hortensia. —Hay que correr, ningún lugar es seguro.
León. —¿Por qué estás tan espantada? No tiene sentido.
Hortensia. —¿Qué no oyes las trompetas? Viene por nosotros, quieren nuestras cabezas.
León. —Haces conjeturas, estás nerviosa.
Hortensia. —Aquí pueden encontrarnos. ¡Vámonos!, el fin está cerca.
León. —No, ésta obra es de tres actos y estamos en el segundo.
Hortensia. —(Asustada) ¿Tú también ya lo sabes?
León. —¿Qué cosa?
Hortensia. —Que estamos en una obra de teatro.
León. —Sí, me di cuenta en la escena pasada.
Hortensia. —Vámonos León, se hace tarde.
León. —¿A dónde?
Hortensia. —(Más asustada) No sé, fuera de escena, a dónde sea. (Se oyen caballos a los lejos) Vámonos ¡Vámonos!
León. —¿Qué tienes Hortensia, por qué estás tan asustada? (Trata de sujetarla de los brazos)
Hortensia. —Nada, nada, vámonos. (Se cubre el pecho)
León. —¿Qué ocultas?
Los dos forcejean. Del vestido de Hortensia caen las hojas que traía ocultas.
Cambio de luz.
León. —¿Qué es eso?
Hortensia. —Nada, nada. (Recoge las hojas con manos torpes)
León. —¿Es el libreto de la obra verdad? (Las trompetas suenan más fuerte, ladran los perros.)
Hortensia. —(Desesperada) Vámonos, es muy tarde, ¿Qué hora es ya? ¿Qué escena es esta? Mira, las luces han cambiado ya, debe ser la escena VI...
León. —Dame el libreto, Hortensia.
Hortensia. —No, vámonos León, se hace tarde, el claro debe estar cerca.
León. —¡Quiero leerlo! (Voces que se acercan. Los perros ladran más fuerte)
Hortensia. —¿León, me amas?
León. —No es el momento, Hortensia, muéstrame el libreto.
Forcejean. León se hace con las hojas. Cambio de Luz.
Hortensia. —(Llorando) Se hace tarde...
León. —(Mira las hojas confundido y lee) "Los sonidos exteriores aumentan...
Los sonidos exteriores aumentan.
León. —...León y Hortensia llegan a un claro. La luz cambia...
León y Hortensia llegan a un claro. La luz cambia.
León. —...Las trompetas resuenan en lo alto. Dos hombres a caballo con ballestas en mano entran a escena...
Las trompetas resuenan en lo alto. Hortensia cae de rodillas desconsolada.
León. —...para matar a León."
Dos hombres a caballo entran a escena. León los mira. Los hombres levantan sus ballestas.
Oscuro.
Escena VI
Es de noche. La luna brilla sobre el bosque. Se oyen trompetas a lo lejos.
Hortensia. —Hay que correr, ningún lugar es seguro.
León. —¿Por qué estás tan espantada? No tiene sentido.
Hortensia. —¿Qué no oyes las trompetas? Viene por nosotros, quieren nuestras cabezas.
León. —Haces conjeturas, estás nerviosa.
Hortensia. —Aquí pueden encontrarnos. ¡Vámonos!, el fin está cerca.
León. —No, ésta obra es de tres actos y estamos en el segundo.
Hortensia. —(Asustada) ¿Tú también ya lo sabes?
León. —¿Qué cosa?
Hortensia. —Que estamos en una obra de teatro.
León. —Sí, me di cuenta en la escena pasada.
Hortensia. —Vámonos León, se hace tarde.
León. —¿A dónde?
Hortensia. —(Más asustada) No sé, fuera de escena, a dónde sea. (Se oyen caballos a los lejos) Vámonos ¡Vámonos!
León. —¿Qué tienes Hortensia, por qué estás tan asustada? (Trata de sujetarla de los brazos)
Hortensia. —Nada, nada, vámonos. (Se cubre el pecho)
León. —¿Qué ocultas?
Los dos forcejean. Del vestido de Hortensia caen las hojas que traía ocultas.
Cambio de luz.
León. —¿Qué es eso?
Hortensia. —Nada, nada. (Recoge las hojas con manos torpes)
León. —¿Es el libreto de la obra verdad? (Las trompetas suenan más fuerte, ladran los perros.)
Hortensia. —(Desesperada) Vámonos, es muy tarde, ¿Qué hora es ya? ¿Qué escena es esta? Mira, las luces han cambiado ya, debe ser la escena VI...
León. —Dame el libreto, Hortensia.
Hortensia. —No, vámonos León, se hace tarde, el claro debe estar cerca.
León. —¡Quiero leerlo! (Voces que se acercan. Los perros ladran más fuerte)
Hortensia. —¿León, me amas?
León. —No es el momento, Hortensia, muéstrame el libreto.
Forcejean. León se hace con las hojas. Cambio de Luz.
Hortensia. —(Llorando) Se hace tarde...
León. —(Mira las hojas confundido y lee) "Los sonidos exteriores aumentan...
Los sonidos exteriores aumentan.
León. —...León y Hortensia llegan a un claro. La luz cambia...
León y Hortensia llegan a un claro. La luz cambia.
León. —...Las trompetas resuenan en lo alto. Dos hombres a caballo con ballestas en mano entran a escena...
Las trompetas resuenan en lo alto. Hortensia cae de rodillas desconsolada.
León. —...para matar a León."
Dos hombres a caballo entran a escena. León los mira. Los hombres levantan sus ballestas.
Oscuro.
![]() |
| Orilla del Bosque de Franklin Álvarez Tunqui |
sábado, 19 de febrero de 2011
Un fragmento de algo.
El teléfono suena insistentemente.
El pollo. —Ya contéstale, lleva buen rato marcando.
Poncho. —¿Para qué? Nadie me escucha.
El pollo. —Mmm, otra vez ya te pusiste de existencialista.
Poncho. —Bueno ya, no me juzgues.
El pollo. —Que tal que ya es otra persona.
Poncho. —Pues contesta tú.
El teléfono se detiene. Oscuro.
Sargento. —Pues no sé tú, pero a mi esto de ser personaje de una obra de teatro como que no me gusta.
Vaquero. —No es una obra de teatro, sólo es un fragmento de algo.
Sargento. —De todos modos, no me gusta que alguien me diga qué hacer y qué pensar. En escena hay una mesa con un florero vacío y una hoja de papel en blanco.
Vaquero. —No es tan grave. Mira, una mesa.
Sargento. —¿Para qué estará ahí?
Vaquero. —No sé, ¿elementos escenográficos?
Sargento. —¿Será utilería o atrezzo?
Vaquero. — Vaquero toma el florero y lo mira con una sonrisa. Utilería.
Oscuro.
Sargento. —No me gusta esto de ser personaje de "teatro".
El pollo. —Ya contéstale, lleva buen rato marcando.
Poncho. —¿Para qué? Nadie me escucha.
El pollo. —Mmm, otra vez ya te pusiste de existencialista.
Poncho. —Bueno ya, no me juzgues.
El pollo. —Que tal que ya es otra persona.
Poncho. —Pues contesta tú.
El teléfono se detiene. Oscuro.
Sargento. —Pues no sé tú, pero a mi esto de ser personaje de una obra de teatro como que no me gusta.
Vaquero. —No es una obra de teatro, sólo es un fragmento de algo.
Sargento. —De todos modos, no me gusta que alguien me diga qué hacer y qué pensar. En escena hay una mesa con un florero vacío y una hoja de papel en blanco.
Vaquero. —No es tan grave. Mira, una mesa.
Sargento. —¿Para qué estará ahí?
Vaquero. —No sé, ¿elementos escenográficos?
Sargento. —¿Será utilería o atrezzo?
Vaquero. — Vaquero toma el florero y lo mira con una sonrisa. Utilería.
Oscuro.
Sargento. —No me gusta esto de ser personaje de "teatro".
domingo, 13 de febrero de 2011
Fundamental (2)
Tres personajes acomodados en un triángulo que apunta hacia el público, en la punta del triángulo está el personaje 1. El engrane del cuadro anterior ha desaparecido. Sobre el fondo del escenario se proyecta la imagen del engrane roto. Los personajes no rompen el triángulo.
Cuadro 2
2. —¿Y él? ¿Ya no habla, verdad?
3. —Dice que ha decidido callarse, dice que no necesita palabras, dice que la palabras lo traicionan, dice que lo engañan. Eso dice... o decía.
2. —¿Y su madre?
3. —Está desconsolada.
2. —¿Y su esposa?
3. —Lo ha abandonado.
2. —¿Y sus hijos?
3. —Piden pan y no les dan.
2. —¡Qué desgraciado! ¿A qué se dedica?
3. —Era escritor. Escribía en periódicos, escribía en revistas, en cuadernos, tenía un diario, escribía en las paredes, escribía libros, escribía en la arena, escribía hasta en el cielo.
2. —¿Y luego que pasó?
3. —Nadie le entendía, así que decidió, dejar de escribir y de hablar.
2. —¿Era rico?
3. —No, la escritura no deja.
2. —¿Y entonces a qué se dedica? ¿De dónde saca dinero para sus hijos?
3. —Ahora... Ahora se dedica contar el tiempo.
2. —¿Y por qué lleva una venda en la boca?
3. —Es su huelga contra el entendimiento.
2. —¿Y qué, la única manera de entenderse es con palabras?
3. —No, pero él no lo sabe.
2. —¡Desgraciado! ¿Crees que vuelva a hablar?
3.- No creo, dice... dice que las palabras lo han traicionado, eso dice... o decía.
Cuadro 2
2. —¿Y él? ¿Ya no habla, verdad?
3. —Dice que ha decidido callarse, dice que no necesita palabras, dice que la palabras lo traicionan, dice que lo engañan. Eso dice... o decía.
2. —¿Y su madre?
3. —Está desconsolada.
2. —¿Y su esposa?
3. —Lo ha abandonado.
2. —¿Y sus hijos?
3. —Piden pan y no les dan.
2. —¡Qué desgraciado! ¿A qué se dedica?
3. —Era escritor. Escribía en periódicos, escribía en revistas, en cuadernos, tenía un diario, escribía en las paredes, escribía libros, escribía en la arena, escribía hasta en el cielo.
2. —¿Y luego que pasó?
3. —Nadie le entendía, así que decidió, dejar de escribir y de hablar.
2. —¿Era rico?
3. —No, la escritura no deja.
2. —¿Y entonces a qué se dedica? ¿De dónde saca dinero para sus hijos?
3. —Ahora... Ahora se dedica contar el tiempo.
2. —¿Y por qué lleva una venda en la boca?
3. —Es su huelga contra el entendimiento.
2. —¿Y qué, la única manera de entenderse es con palabras?
3. —No, pero él no lo sabe.
2. —¡Desgraciado! ¿Crees que vuelva a hablar?
3.- No creo, dice... dice que las palabras lo han traicionado, eso dice... o decía.
sábado, 12 de febrero de 2011
Fundamental
Dos personajes. Un hombre y una mujer, aunque no como cualquiera. Parados sobre un engrane que gira mientras ellos hablan. Cuando termina el cuadro el engrane se rompe. El primero en hablar es el hombre.
Cuadro 1.
—¿Cómo decir algo cuando no encuentras las palabras exactas para decirlo?
—Entonces te callas.
—Sí, temiendo que suene demasiado vulgar.
—No te creo.
—Nunca lo haces.
—Me insultas, sabes. Me insultas cuando dices que no tienes nada que decirme.1
—No he dicho eso. Sólo no sé como ponerlo en palabras. Ya ves, algunos lo tomarían como algo muy romántico; pero tú lo tomas como un insulto.
—Pues estoy harta...
—(Sincero) Te detesto.
—¿Y para eso me trajiste aquí?
—Te detesto, pero me gustas. Me gusta detestarte.
—Sínico.
—No, esa no era la palabra.
—Arrojas la piedra y escondes la mano. Típico de ti.
—Sólo no era la palabra. ¿Por qué te ofendes?
—Y todavía me lo preguntas.
—¿Cómo decir algo cuando no encuentras las palabras exactas para decirlo?
............................
1.- Referencia a Caricias de Sergi Belbel.
Cuadro 1.
—¿Cómo decir algo cuando no encuentras las palabras exactas para decirlo?
—Entonces te callas.
—Sí, temiendo que suene demasiado vulgar.
—No te creo.
—Nunca lo haces.
—Me insultas, sabes. Me insultas cuando dices que no tienes nada que decirme.1
—No he dicho eso. Sólo no sé como ponerlo en palabras. Ya ves, algunos lo tomarían como algo muy romántico; pero tú lo tomas como un insulto.
—Pues estoy harta...
—(Sincero) Te detesto.
—¿Y para eso me trajiste aquí?
—Te detesto, pero me gustas. Me gusta detestarte.
—Sínico.
—No, esa no era la palabra.
—Arrojas la piedra y escondes la mano. Típico de ti.
—Sólo no era la palabra. ¿Por qué te ofendes?
—Y todavía me lo preguntas.
—¿Cómo decir algo cuando no encuentras las palabras exactas para decirlo?
............................
1.- Referencia a Caricias de Sergi Belbel.
domingo, 6 de febrero de 2011
1, 2, 3, 4.
Cuadro en una Ciudad grande. Cuatro hombres sentados a la mesa en un restaurante. Nadie habla. Ruido de conversaciones ajenas y cubiertos que chocan contra platos de cerámica.
Hombre 1: (Se percata de los silencios incómodos. No hace nada; sigue comiendo su ensalada.)
Hombre 2: (No se percata; sólo se preocupa por no mancharse la camisa con salsa.)
Hombre 3: (No habla, pero levanta la mano para llamar al mesero.)
Hombre 4: (Apenas toca su comida)
Hombre 1: Creo que...
Hombre 2: No.
Hombre 3: ¿Dónde está el mesero?
Hombre 4: Yo prefiero no comentar.
Los cuatro hombres siguen en los suyo.
Hombre 1: Me gusta tu corbata.
Hombre 2,3,4: Gracias.
Hombre 1: Vivir es más fácil con los ojos cerrados...
Hombre 2: No, esa es una canción de los Beatles.
Hombre 3: ¿Alguien ha visto al mesero?
Hombre 4: A mi me gustan.
Hombre 1, 2, 3: ¿Qué?
Hombre 4: Los Beatles.
Pausa incómoda.
Hombre 1: Yo le dije que era lo correcto...
Hombre 2: ¿Ya vas a empezar?
Hombre 3: Que mal servicio dan aquí.
Hombre 4: La próxima vez comemos en otro lado.
Hombre 1, 2, 3: ¿La próxima? (Miran al Hombre 4, extrañados)
Hombre 1: Lo más sensato sería...
Hombre 2: ¿Sensato según quién?
Hombre 3: Me vio. Me vio pero me ignoró.
Hombre 4: ¿Alguien quiere pescado?
Hombre 1, 2, 3: No gracias.
Hombre 1: Ayer cuando la vi...
Hombre 2: ¿Seguro que fue ayer?
Hombre 1: ¿Vas a dejarme terminar una oración?
Hombre 4: No es necesario que te molestes.
Hombre 3: Ya estoy molesto. Me ignoró.
Pausa.
Hombre 1: No me gusta estar dando rodeos.
Hombre 2: No lo necesitas.
Hombre 3: Falta poco, supongo.
Hombre 4: Se hace tarde.
Hombre 1: El punto es...
Hombre 2: Por fin.
Hombre 3: Sí, por fin.
Hombre 4: ¿Qué?
Hombre 3: Ya viene el mesero.
Hombre 1, 2, 3, 4: La cuenta, por favor.
Hombre 1: (Se percata de los silencios incómodos. No hace nada; sigue comiendo su ensalada.)
Hombre 2: (No se percata; sólo se preocupa por no mancharse la camisa con salsa.)
Hombre 3: (No habla, pero levanta la mano para llamar al mesero.)
Hombre 4: (Apenas toca su comida)
Hombre 1: Creo que...
Hombre 2: No.
Hombre 3: ¿Dónde está el mesero?
Hombre 4: Yo prefiero no comentar.
Los cuatro hombres siguen en los suyo.
Hombre 1: Me gusta tu corbata.
Hombre 2,3,4: Gracias.
Hombre 1: Vivir es más fácil con los ojos cerrados...
Hombre 2: No, esa es una canción de los Beatles.
Hombre 3: ¿Alguien ha visto al mesero?
Hombre 4: A mi me gustan.
Hombre 1, 2, 3: ¿Qué?
Hombre 4: Los Beatles.
Pausa incómoda.
Hombre 1: Yo le dije que era lo correcto...
Hombre 2: ¿Ya vas a empezar?
Hombre 3: Que mal servicio dan aquí.
Hombre 4: La próxima vez comemos en otro lado.
Hombre 1, 2, 3: ¿La próxima? (Miran al Hombre 4, extrañados)
Hombre 1: Lo más sensato sería...
Hombre 2: ¿Sensato según quién?
Hombre 3: Me vio. Me vio pero me ignoró.
Hombre 4: ¿Alguien quiere pescado?
Hombre 1, 2, 3: No gracias.
Hombre 1: Ayer cuando la vi...
Hombre 2: ¿Seguro que fue ayer?
Hombre 1: ¿Vas a dejarme terminar una oración?
Hombre 4: No es necesario que te molestes.
Hombre 3: Ya estoy molesto. Me ignoró.
Pausa.
Hombre 1: No me gusta estar dando rodeos.
Hombre 2: No lo necesitas.
Hombre 3: Falta poco, supongo.
Hombre 4: Se hace tarde.
Hombre 1: El punto es...
Hombre 2: Por fin.
Hombre 3: Sí, por fin.
Hombre 4: ¿Qué?
Hombre 3: Ya viene el mesero.
Hombre 1, 2, 3, 4: La cuenta, por favor.
martes, 1 de febrero de 2011
A los pies de Atenea
De vuelta a mi irrealidad: la Facultad de Filosofía y Letras, el Colegio de Literatura Dramática y Teatro.
Cuadro 1
(Diálogo en oscuro)
—¿Y yo qué hago aquí?
—¿No te lo han dicho?
—No.
—No tardarás en enterarte.
—¿Tú quién eres?
—Créeme, no querrás saberlo.
—¿Estoy muerto?
—Todavía no.
—No me quiero morir.
—Todos estamos muertos ya de alguna manera.
—No recuerdo mi nombre.
—Te llamas Pedro.
Pedro. —¿Cómo lo sabes?
—Créeme, no querrás saberlo.
Pedro. —¿Por qué está tan oscuro?
—Es que tienes los ojos vendados.
Pedro. —¿En serio?
—Intenta quitarte la venda.
Pedro. —(Lo intenta) No puedo. Tengo miedo.
—Eres un hombre sensato Pedro.
Fin de Cuadro 1
Cuadro 2
(Diálogo)
—Si alguien te encuentra aquí...
—Tranquilo, nadie se va a enterar.
—Te matarán, y a mi también.
—Te matarían de todos modos.
—¿Cuánto tiempo te quedarás?
—No sé, hasta que encuentre algún lugar mejor.
—Ya no quedan muchos lugares.
—Lo sé; fue una suerte encontrarte.
—Debes ser cuidadosa, no quiero que corramos riesgos, mi familia...
—Tu familia estará bien, seré cuidadosa.
—¿Cómo te llamas?
—Será mejor que no lo sepas.
—Debo irme.
Desconocida. —Gracias por dejarme quedar.
Fin de Cuadro 2
Cuadro 1
(Diálogo en oscuro)
—¿Y yo qué hago aquí?
—¿No te lo han dicho?
—No.
—No tardarás en enterarte.
—¿Tú quién eres?
—Créeme, no querrás saberlo.
—¿Estoy muerto?
—Todavía no.
—No me quiero morir.
—Todos estamos muertos ya de alguna manera.
—No recuerdo mi nombre.
—Te llamas Pedro.
Pedro. —¿Cómo lo sabes?
—Créeme, no querrás saberlo.
Pedro. —¿Por qué está tan oscuro?
—Es que tienes los ojos vendados.
Pedro. —¿En serio?
—Intenta quitarte la venda.
Pedro. —(Lo intenta) No puedo. Tengo miedo.
—Eres un hombre sensato Pedro.
Fin de Cuadro 1
Cuadro 2
(Diálogo)
—Si alguien te encuentra aquí...
—Tranquilo, nadie se va a enterar.
—Te matarán, y a mi también.
—Te matarían de todos modos.
—¿Cuánto tiempo te quedarás?
—No sé, hasta que encuentre algún lugar mejor.
—Ya no quedan muchos lugares.
—Lo sé; fue una suerte encontrarte.
—Debes ser cuidadosa, no quiero que corramos riesgos, mi familia...
—Tu familia estará bien, seré cuidadosa.
—¿Cómo te llamas?
—Será mejor que no lo sepas.
—Debo irme.
Desconocida. —Gracias por dejarme quedar.
Fin de Cuadro 2
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| Going West de Jackson Pollock |
viernes, 28 de enero de 2011
No mires mientras los conejitos observan
Tal vez la casa más grande que he visto en toda mi vida, te lo juro, era enorme. Y tan elegante. El mayordomo, sí, tenían mayordomo, me preguntó que si quería algo de tomar; yo amablemente contesté que tomaría una limonada, y la Sra. Villanueva, que usaba unas joyas bellísimas dijo que tomaría un té helado, ¿te figuras? ¡Un té helado! Nos sentamos en el jardín a esperar nuestras bebidas, la Sra. Villanueva se movía con una delicadeza envidiable. Me preguntó que si me gustaba jugar al cricket, yo por supuesto contesté que sí, aunque aquí entre tú y yo, no se jugar. Le dije que mi marido y yo nos reuníamos todos los domingos con unos amigos de mi papá para jugar, sí, le dije que estaba casada, tal vez no debí mentir en eso.
La limonada estaba riquísima, tan fresca y tan elegante, todo es elegancia en esa casa. Por eso le dije a la Sra. Villanueva que estaba casada y que sabía jugar al cricket. Te aseguro que tú hubieras hecho lo mismo, aunque claro que tú no tendrías que haber mentido en lo del matrimonio. ¿Qué? ¿También juegas al cricket? ¡Quién lo hubiera imaginado! Tendrás que enseñarme un día de estos.
Después de las bebidas caminamos por el jardín, estaba lleno de hermosas flores. Me preguntó qué a que me dedicaba, yo le dije que era diseñadora de una revista importante, ella me preguntó que de cuál, yo le dije que trabajaba en la revista Mensonge, y que antes había trabajado en Pas Vrai. El sol era muy cálido, caminamos por horas.
En el jardín también había conejos blancos. Yo me puse un poco nerviosa porque nos miraban mientras caminábamos. Esos conejos me recordaban algo, pero no se qué. Después del paseo volvimos a la casa, era tarde y la Sra. Villanueva me ofreció quedarme en alguna de las múltiples habitaciones de la casa, que mañana me conseguiría un coche para que me llevara a casa. La habitación era lujosa y estaba muy bien alumbrada con candelabros, y lámparas en forma de rosa. La cama era tan suave.
Al día siguiente desayunamos wafles y leche de chocolate. Estaban deliciosos. Pero eso, te lo contaré después.
La mujer joven deja de hablar con la muñeca de trapo y la pone sobre el buró junto a la cama, se quita las pantuflas de conejo y se mete entre las sábanas blancas. La enfermera camina por el pasillo.
La limonada estaba riquísima, tan fresca y tan elegante, todo es elegancia en esa casa. Por eso le dije a la Sra. Villanueva que estaba casada y que sabía jugar al cricket. Te aseguro que tú hubieras hecho lo mismo, aunque claro que tú no tendrías que haber mentido en lo del matrimonio. ¿Qué? ¿También juegas al cricket? ¡Quién lo hubiera imaginado! Tendrás que enseñarme un día de estos.
Después de las bebidas caminamos por el jardín, estaba lleno de hermosas flores. Me preguntó qué a que me dedicaba, yo le dije que era diseñadora de una revista importante, ella me preguntó que de cuál, yo le dije que trabajaba en la revista Mensonge, y que antes había trabajado en Pas Vrai. El sol era muy cálido, caminamos por horas.
En el jardín también había conejos blancos. Yo me puse un poco nerviosa porque nos miraban mientras caminábamos. Esos conejos me recordaban algo, pero no se qué. Después del paseo volvimos a la casa, era tarde y la Sra. Villanueva me ofreció quedarme en alguna de las múltiples habitaciones de la casa, que mañana me conseguiría un coche para que me llevara a casa. La habitación era lujosa y estaba muy bien alumbrada con candelabros, y lámparas en forma de rosa. La cama era tan suave.
Al día siguiente desayunamos wafles y leche de chocolate. Estaban deliciosos. Pero eso, te lo contaré después.
La mujer joven deja de hablar con la muñeca de trapo y la pone sobre el buró junto a la cama, se quita las pantuflas de conejo y se mete entre las sábanas blancas. La enfermera camina por el pasillo.
sábado, 15 de enero de 2011
Obertura: Cabeza de Cerdo
Oscuro. Una voz, Jaime, habla con alguien.
Jaime — Mi infancia no fue fácil, pero bueno, ¿acaso alguien tuvo una infancia fácil? Vivía con mis padres, una adorable pareja: mi papá era alcohólico y mi madre una puritana. También tenía una hermana, pequeña y adorable, la extraño. (Pausa) Tú nunca me cuentas nada sobre tu vida, pero bueno, te agradezco por escuchar. (Pausa) Mi padre, como el de muchos, era alcohólico, mi mamá lo llevó con el cura para que dejara de beber (sonidos de campanas), y funcionó, mi padre dejó de ser alcohólico para convertirse en un viejo apático y amargado; no se de que se quejaba mi madre, el no lo pegaba ni nada. (Pausa) Un día y sin decir palabra él se fue (sonido de una botella que se rompe), nos dejó y yo me quedé solo con mi madre y hermana, y más solo aún cuando mi madre me dijo que me tenía que dejar con un tío porque ella se tenía que ir a no sé dónde con mi hermana. (Pausa) Nunca volvieron. (Pausa) Mi tío era carnicero (sonido de un machete contra la madera) Me enseñó el negocio, Voz en off: "Pégale pinche chamaco, pégale", me decía, "Agarra el machete y mata a la pinche vaca". Sí, me acuerdo bien. (Sonio de llantos y vaca agonizante)
Mientras habla se muestra en tres cuadros frente a Jaime y su acompañante, la apertura de su carnicería, su boda y el nacimiento de su hija.
Cuando crecí, como no había ido a la secundaria, aproveché los único que sabía hacer y abrí mi carnicería. Conocí a Christina, una mujer adorable, deberías verla. Nos casamos y tuvimos una hija. He de admitir que las cosas no iban bien en un principio, teníamos problemas como cualquier pareja, es normal. (Gritos de pelea marital).
Fin de los cuadros.
¿No hablas mucho, verdad? Las personas calladas siempre ocultan algo, o por lo menos eso decía mi tío. Yo era muy callado de niño.
Como las cosas no iban bien empecé a beber, no funcionó, sólo empeoró las cosas.
Se prende luz cenital, se ve que Jaime está hablando con una cabeza de cerdo.
Pero, ¿Quieres que te cuente algo?
Oscuro.
Jaime — Mi infancia no fue fácil, pero bueno, ¿acaso alguien tuvo una infancia fácil? Vivía con mis padres, una adorable pareja: mi papá era alcohólico y mi madre una puritana. También tenía una hermana, pequeña y adorable, la extraño. (Pausa) Tú nunca me cuentas nada sobre tu vida, pero bueno, te agradezco por escuchar. (Pausa) Mi padre, como el de muchos, era alcohólico, mi mamá lo llevó con el cura para que dejara de beber (sonidos de campanas), y funcionó, mi padre dejó de ser alcohólico para convertirse en un viejo apático y amargado; no se de que se quejaba mi madre, el no lo pegaba ni nada. (Pausa) Un día y sin decir palabra él se fue (sonido de una botella que se rompe), nos dejó y yo me quedé solo con mi madre y hermana, y más solo aún cuando mi madre me dijo que me tenía que dejar con un tío porque ella se tenía que ir a no sé dónde con mi hermana. (Pausa) Nunca volvieron. (Pausa) Mi tío era carnicero (sonido de un machete contra la madera) Me enseñó el negocio, Voz en off: "Pégale pinche chamaco, pégale", me decía, "Agarra el machete y mata a la pinche vaca". Sí, me acuerdo bien. (Sonio de llantos y vaca agonizante)
Mientras habla se muestra en tres cuadros frente a Jaime y su acompañante, la apertura de su carnicería, su boda y el nacimiento de su hija.
Cuando crecí, como no había ido a la secundaria, aproveché los único que sabía hacer y abrí mi carnicería. Conocí a Christina, una mujer adorable, deberías verla. Nos casamos y tuvimos una hija. He de admitir que las cosas no iban bien en un principio, teníamos problemas como cualquier pareja, es normal. (Gritos de pelea marital).
Fin de los cuadros.
¿No hablas mucho, verdad? Las personas calladas siempre ocultan algo, o por lo menos eso decía mi tío. Yo era muy callado de niño.
Como las cosas no iban bien empecé a beber, no funcionó, sólo empeoró las cosas.
Se prende luz cenital, se ve que Jaime está hablando con una cabeza de cerdo.
Pero, ¿Quieres que te cuente algo?
Oscuro.
martes, 21 de diciembre de 2010
Cabeza de conejo
Un hombre con cabeza de conejo atraviesa una explanada concurrida. Se mueve entre la gente, pasa casi inadvertido. Llega a un pequeño lugar cerca de la entrada del metro, es medio día, hace calor. Lleva un bote en la mano, elige un lugar y voltea el bote para sentarse. Se sienta y sostiene, en las manos un letrero, (Si me muero hoy) sobre el bote otro (A nadie le importa). El hombre con cabeza de conejo espera, no dice nada, no se mueve. La gente camina y pasa a su alrededor, algunos lo miran con morbo, otros ni se dan cuenta. Una señora se acerca para dejar una moneda, el conejo niega con la cabeza, la señora no sabe que hacer y prefiere marcharse. Pasan las horas y el conejo sigue sentado: "Si me muero hoy" "A nadie le importa", no es el primero en decirlo ni será el último, no por eso deja de ser verdad.
El día oscurece. De la entrada cercana del metro sale corriendo un pequeño grupo de hombres y mujeres armados, vestidos de negro y con la cabeza cubierta. Se dirigen al conejo y comienzan a golpearlo mientras lo insultan. El conejo cae del bote sobre el que estuvo sentado casi toda la tarde y muere antes de que termine el día. Una vez que el grupo ha terminado con el conejo, forman un círculo alrededor y se sientan en el suelo mirando hacia afuera, se descubren la cabeza y sueltan las armas. Estos hombres y mujeres también traen letreros, todos iguales (¿Lo ves?), prenden veladoras para que puedan leerse en la oscuridad. Prenden también veladoras cerca de los letreros del conejo que está tirado en medio, no se puede ver la sangre, pero es innegable que está muerto. La gente camina y pasa a su alrededor, algunos los miran con morbo, otros ni se dan cuenta, nadie sabe que hacer. "Si me muero hoy" "A nadie le importa" "¿Lo ves?" "¿Lo ves?" "¿Lo ves?" "¿Lo ves?" "¿Lo ves?" "¿Lo ves?" "¿Lo ves?" "¿Lo ves?"
lunes, 29 de noviembre de 2010
Sólo un muchacho
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| Bishop |
Personajes:
S: Hombre joven
K: Hombre maduro
Habitación bien arreglada, es de noche.
S: Lo dejaste morir.
K: Yo estaba en la habitación de a lado, limpiando mis piezas de ajedrez.
S: Lo escuchaste todo.
K: Casi no oí nada, ruidos difusos.
S: Lo dejaste solo, no hiciste nada.
K: No podía hacer nada. Yo estaba allí, tú no.
S: Eres un traidor.
K: Eres sólo un muchacho.
S: Soy un hombre.
K: Eres una mierda.
S: Antes no decías eso.
K: Sabes a lo que me refiero.
Pausa
S: ¿Por qué no hiciste nada?
K: No podía hacer nada. Yo estaba la habitación de a lado limpiando mis piezas de ajedrez.
S: Hablas como un libro.
K: Lo sé, como una novela. Mal escrita.
Pausa
S: ¿Y ahora que pasará?
K: Eres sólo un muchacho.
S: Antes no decías eso. (Se quita la camisa) ¿Te acuerdas ahora?
K: No eres más que un muchacho.
S: No decías eso cuando estaba en tu cama.
K: Yo no te metí. Eras sólo un muchacho pidiendo ayuda y yo extendí la mano.
S: Lo dejaste morir.
K: Eres sólo un muchacho.
S: ¿Sabes a qué he venido?
K: Si vienes a matarme no me opondré.
S: Lo sé.
K: (Le da la espalda) Yo estaba en la habitación de a lado, limpiando mis piezas de ajedrez.
S: Pero antes quiero pedirte algo.
K: ¿Qué? (Voltea)
S: Hazme el amor.
K: Sabes que no me opondré.
S: Como antes.
K: Si has venido a matarme, no me opondré.
S: ¿Por qué lo dejaste morir?
K: Eres sólo un muchacho.
S: Hazme el amor.
K: Un muchacho apuesto.
S: Como antes.
K: No lo entenderías.
S: (Lo besa mientras saca un arma, el beso es dulce y duradero)
K: Te amo.
S: Yo también te amo. (Dispara y rompe a llorar)
Oscuro
lunes, 25 de octubre de 2010
No lo suficiente.
¿Habitación cerrada? 3 sillas en línea viendo hacia enfrente. Una luz en medio que cae desde arriba.
3 individuos en escena. De izquierda a derecha: Iván, José y Lucía.
Escena 1
Al público
Lucía.—Habitación cerrada.
Ivan.—Tres sillas.
José.—Una luz en medio que cae desde arriba (Mira hacia arriba)
Lucía.—Tres individuos en escena.
Pausa.
José.— (Al público) Cuando me trajeron aquí, yo no sabía nada. (En un susurro) Bueno, sí sabía, pero me hacía pendejo.
Lucía.—¡Uy, qué mal hablado me saliste!
José.—Ay sí, muy santa ¿no?, si todo el mundo dice groserías.
Iván.—¿Otra vez ustedes dos? (Se levanta)
José.—¿Qué no pones atención? "Tres individuos en escena". Tú, y pues sí, nosotros dos.
Lucía.— Ya cállense que nos están viendo.
Iván.—¿Qué no ésta era una habitación cerrada?
José.—Yo también me dí cuenta, si no crean que le estaba hablando al vacío.
Iván se sienta. Los tres miran al público perplejos.
Lucía.—Apaga la radio.
José.—No hay, es una habitación cerrada.
Lucía.—Yo escuché un ruido.
Iván.—Entonces préndela.
José.—¡Qué no hay!
Se levantan mirando al público. Luego vuelven a sentarse.
Iván.—A mi padre lo mataron los caciques.
Lucía.—A mi madre, el gobierno.
Iván.—A mi madre, la negligencia médica.
Lucía.—A mi padre, la soledad.
José.—A mi papá, lo mataron las vacas de don Chui. (Lucía e Ivan lo miran.) ¿Pues qué? Eran muy bravas.
Pausa.
Al público otra vez.
Iván.—En el metro hay mucha gente, y aún así me siento tan solo.
Cambian de sillas.
Lucía.—Si la elegancia no va conmigo, me busco otra compañera.
Cambian de silla.
José.—Se puede decir mucho con una mirada, no cierres los ojos.
Cambian de silla.
Iván.—La música en vivo no es una moda, es mi estilo de vida.
Cambian de silla.
Lucía.—No importa que las rosas sean de plástico mientras la intención sea auténtica.
Cambian de silla.
Pausa larga.
Iván.— (A José) ¿Por qué no dices nada?
José.—Porque me he dado cuenta que cada que hablamos nos tenemos que cambiar de silla, y a mí, ya me gustó ésta.
Iván.—No seas payaso.
José.—¡Claro!, yo antes estuve sentado en esa, por eso sé que no es igual.
Iván.—Ya cálmate, sólo es una silla.
José.—¡No! Es LA silla.
Lucía.—(Al público) El desempleo no me gusta, pero me resisto a trabajar.
Deben cambiar de silla, José se resiste.
José.—¡Qué no!, es mi silla.
Oscuro.
José.—Y dale con las luces que se prenden y se apagan.
Telón.
3 individuos en escena. De izquierda a derecha: Iván, José y Lucía.
Escena 1
Al público
Lucía.—Habitación cerrada.
Ivan.—Tres sillas.
José.—Una luz en medio que cae desde arriba (Mira hacia arriba)
Lucía.—Tres individuos en escena.
Pausa.
José.— (Al público) Cuando me trajeron aquí, yo no sabía nada. (En un susurro) Bueno, sí sabía, pero me hacía pendejo.
Lucía.—¡Uy, qué mal hablado me saliste!
José.—Ay sí, muy santa ¿no?, si todo el mundo dice groserías.
Iván.—¿Otra vez ustedes dos? (Se levanta)
José.—¿Qué no pones atención? "Tres individuos en escena". Tú, y pues sí, nosotros dos.
Lucía.— Ya cállense que nos están viendo.
Iván.—¿Qué no ésta era una habitación cerrada?
José.—Yo también me dí cuenta, si no crean que le estaba hablando al vacío.
Iván se sienta. Los tres miran al público perplejos.
Lucía.—Apaga la radio.
José.—No hay, es una habitación cerrada.
Lucía.—Yo escuché un ruido.
Iván.—Entonces préndela.
José.—¡Qué no hay!
Se levantan mirando al público. Luego vuelven a sentarse.
Iván.—A mi padre lo mataron los caciques.
Lucía.—A mi madre, el gobierno.
Iván.—A mi madre, la negligencia médica.
Lucía.—A mi padre, la soledad.
José.—A mi papá, lo mataron las vacas de don Chui. (Lucía e Ivan lo miran.) ¿Pues qué? Eran muy bravas.
Pausa.
Al público otra vez.
Iván.—En el metro hay mucha gente, y aún así me siento tan solo.
Cambian de sillas.
Lucía.—Si la elegancia no va conmigo, me busco otra compañera.
Cambian de silla.
José.—Se puede decir mucho con una mirada, no cierres los ojos.
Cambian de silla.
Iván.—La música en vivo no es una moda, es mi estilo de vida.
Cambian de silla.
Lucía.—No importa que las rosas sean de plástico mientras la intención sea auténtica.
Cambian de silla.
Pausa larga.
Iván.— (A José) ¿Por qué no dices nada?
José.—Porque me he dado cuenta que cada que hablamos nos tenemos que cambiar de silla, y a mí, ya me gustó ésta.
Iván.—No seas payaso.
José.—¡Claro!, yo antes estuve sentado en esa, por eso sé que no es igual.
Iván.—Ya cálmate, sólo es una silla.
José.—¡No! Es LA silla.
Lucía.—(Al público) El desempleo no me gusta, pero me resisto a trabajar.
Deben cambiar de silla, José se resiste.
José.—¡Qué no!, es mi silla.
Oscuro.
José.—Y dale con las luces que se prenden y se apagan.
Telón.
domingo, 24 de octubre de 2010
El rumor del incendio
Una obra estupendísima.
El proyecto se compone de tres espacios:
El rumor del incendio, es la necesidad de encontrar nuevas formas de transformación social. Es una puesta en escena en la que tres personas reconstruyen la vida de una mujer nacida en 1944 y la relacionan con sucesos de la guerrilla en México.
El rumor de este momento, un libro en el que se convoca a diversas personas para que reflexionen a partir de las preguntas ¿Qué cambiarias en el país? ¿Qué te indigna? ¿Qué mecanismos nos pueden conducir a crear un México mejor? ¿Cómo será la disidencia política en el futuro? Este libro pretende ser un mosaico, una posibilidad del porvenir.
sábado, 16 de octubre de 2010
Desfortunio
Época: La que gustéis.
Lugar: El más apropiado.
Acto I .
Escena I.
Habitación contigua a un amplio salón. En el salón hay un apuesto caballero que carga un muñeco de trapo.
Flora.—Es extraño.
Serena.—Es nuevo y diferente.
Ernestina.—No, sólo es un cretino.
Flora.—Hay tía, pero si es un galán.
Serena.—¡Refrescante!
Ernestina.—Un bufón.
Flora.—¡Y qué porte!
Serena.—¡Qué garbo!
Ernestina.—¡Qué facha!
Entra la tía Alfonsina.
Alfonsina.—¿Y qué hacen aquí, si puede saberse?
Serena.—Calamidad se nos casa.
Alfonsina.— (Sorprendida) ¿Con quién?
Flora.—Allí, mira. Esta en el salón.
Alfonsina.— (Acomodándose los lentes) ¡Ay, no! (Exagerando)¡El novio es un cretino!
Ernestina.—Lo ven.
Entrando en el salón.
Alfonsina.— Sabía que Calamidad era un poco ciega, pero mira que casarse con un muñeco de trapo. ¡¿Cuándo se ha visto?! (Toma el muñeco).
Flora.—¡Ay tía! No, no se casa con el muñeco.
Serena.—Se casa con este apuesto caballero.
Alfonsina.—¡Ah bueno! Así es diferente. (Acercándose al caballero y mirándolo coquetamente) Encantada, señor. Yo soy Alfonsina, la jovencísima tía de Calamidad.
El caballero sonríe. La tía Ernestina los mira con reproche. Oscuro.
Lugar: El más apropiado.
Acto I .
Escena I.
Habitación contigua a un amplio salón. En el salón hay un apuesto caballero que carga un muñeco de trapo.
Flora.—Es extraño.
Serena.—Es nuevo y diferente.
Ernestina.—No, sólo es un cretino.
Flora.—Hay tía, pero si es un galán.
Serena.—¡Refrescante!
Ernestina.—Un bufón.
Flora.—¡Y qué porte!
Serena.—¡Qué garbo!
Ernestina.—¡Qué facha!
Entra la tía Alfonsina.
Alfonsina.—¿Y qué hacen aquí, si puede saberse?
Serena.—Calamidad se nos casa.
Alfonsina.— (Sorprendida) ¿Con quién?
Flora.—Allí, mira. Esta en el salón.
Alfonsina.— (Acomodándose los lentes) ¡Ay, no! (Exagerando)¡El novio es un cretino!
Ernestina.—Lo ven.
Entrando en el salón.
Alfonsina.— Sabía que Calamidad era un poco ciega, pero mira que casarse con un muñeco de trapo. ¡¿Cuándo se ha visto?! (Toma el muñeco).
Flora.—¡Ay tía! No, no se casa con el muñeco.
Serena.—Se casa con este apuesto caballero.
Alfonsina.—¡Ah bueno! Así es diferente. (Acercándose al caballero y mirándolo coquetamente) Encantada, señor. Yo soy Alfonsina, la jovencísima tía de Calamidad.
El caballero sonríe. La tía Ernestina los mira con reproche. Oscuro.
domingo, 3 de octubre de 2010
Dos hombres sentados en una caja.
Dos hombres sentados en una caja sobre el escenario.
—Yo no lo tengo, ya te dije, te lo dí hace rato.
—Y luego dices que el loco soy yo.
Una mujer entra vendiendo pan, ambos la miran.
—(Al la Sra.) Oiga Señora, ¿Ud. no lo ha visto?
—Lo siento muchachos, no.
Sale pregonando.
—Te dije, si tú lo tenías.
—¡Qué no!, que te lo dí hace rato.
—A lo mejor lo dejaste....
—Qué no, que yo no fuí.
—Bueno, no te enojes si yo nadamás decía. ¿Y entonces ahora qué hacemos?
—Pues podríamos pedirle uno a alguien. (Miran hacia el público)
—No creo que nadie tenga, y si tienen seguro que no querrán prestarlo.
—Bueno pues nada perdemos con intentar.
—No, seguro no querrán, mejor piensa en otra cosa.
—¡Podríamos robar uno!
—¡Qué no!
—Bueno, ¿Y qué tal si...? (Mira hacia la caja sobre la que están sentados)
—No, no creo, además yo no puedo.
—¿Por qué?
—Me duele la espalda.
—Ay, no seas payaso, hay que probar.
—Pues tú inténtalo. (Se levanta indignado)
—¡Necio de veras, eh! (lo sigue) Pues yo lo voy a intentar (se acerca a la caja)
—(Preocupado)¿Y si te pasa algo?
—Sólo es una caja. (Decidido) Lo voy a intentar. (Se inclina y toma la caja con las dos manos, la levanta) ¡Ja, lo sabía! (Se inclina y toma el pollo de tela que había debajo)
Oscuro.
—Yo no lo tengo, ya te dije, te lo dí hace rato.
—Y luego dices que el loco soy yo.
Una mujer entra vendiendo pan, ambos la miran.
—(Al la Sra.) Oiga Señora, ¿Ud. no lo ha visto?
—Lo siento muchachos, no.
Sale pregonando.
—Te dije, si tú lo tenías.
—¡Qué no!, que te lo dí hace rato.
—A lo mejor lo dejaste....
—Qué no, que yo no fuí.
—Bueno, no te enojes si yo nadamás decía. ¿Y entonces ahora qué hacemos?
—Pues podríamos pedirle uno a alguien. (Miran hacia el público)
—No creo que nadie tenga, y si tienen seguro que no querrán prestarlo.
—Bueno pues nada perdemos con intentar.
—No, seguro no querrán, mejor piensa en otra cosa.
—¡Podríamos robar uno!
—¡Qué no!
—Bueno, ¿Y qué tal si...? (Mira hacia la caja sobre la que están sentados)
—No, no creo, además yo no puedo.
—¿Por qué?
—Me duele la espalda.
—Ay, no seas payaso, hay que probar.
—Pues tú inténtalo. (Se levanta indignado)
—¡Necio de veras, eh! (lo sigue) Pues yo lo voy a intentar (se acerca a la caja)
—(Preocupado)¿Y si te pasa algo?
—Sólo es una caja. (Decidido) Lo voy a intentar. (Se inclina y toma la caja con las dos manos, la levanta) ¡Ja, lo sabía! (Se inclina y toma el pollo de tela que había debajo)
Oscuro.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Trazos
Se abre telón, sobre el escenario cae una cálida luz azul. Un hombre vestido de negro entra, lleva una máscara neutra blanca sobre el rostro, se para en el centro, espera, mira su reloj y sale por el lado opuesto. Se cierra el telón.
Se abre el telón nuevamente, esta vez la luz es roja, sobre el escenario hay dos mujeres al centro que están como congeladas, su cabellera es larga y negra, llevan vestidos blancos. Después de 7 segundos se cierra el telón.
Se abre el telón, la luz ahora es verde, al centro del escenario hay un hombre y una mujer sentada a sus pies, el hombre le da la mano para que se levante, ambos se miran y sonríen. Se cierra el telón.
El telón vuelve a abrirse, la luz sobre escena es amarilla, el escenario está vació. Entran dos hombres cada uno por un lado del escenario, uno es viejo y lleva un bastón, otro es joven, lleva una camisa blanca, pantalón y tirantes negros, el llegar al centro se miran.
Joven -Yo no quería hacerlo, pero aquí estoy.
Viejo -Eras el indicado.
Joven -Pues por eso, aquí estoy.
Entra música de tambores.
viernes, 17 de septiembre de 2010
Primer acto: Escena 1
-¿Dices que me quieres?
-No, yo no he dicho eso, no se de dónde te lo habrás inventado.
-Ay perdón, es que he estado leyendo muchas revistas últimamente.
-No te disculpes, no es tu culpa. Pero no, no te quiero.
-¿Ni poquito? Creo haberlo visto en tus ojos.
-No, no es eso, es que me lloran por la de polvo que hay aquí.
-Ay perdón, que despistada.
(Salen)
-Y entonces ¿Cuánto te debo?
-Demasiado, no podrás pagármelo nunca.
-No seas exagerado, mejor dime cuánto que sino no te voy a pagar nada.
-Da igual, nunca me pagas.
(Salen)
-No importa lo que digan, para mí es el hombre más maravilloso del mundo.
-Si no te creas, a mi también me maravilla.
-¿A sí?
-Sí, me maravilla que no tenga trabajo, me maravilla lo gordo que está, que sea tan simplón y me maravilla más aún que no te hayas dado cuenta.
-Ahí vas otras vez, ¡Qué necia eres!.
-Mira quién lo dice, pero mejor ya cállate que ya va a empezar la función.
-No, yo no he dicho eso, no se de dónde te lo habrás inventado.
-Ay perdón, es que he estado leyendo muchas revistas últimamente.
-No te disculpes, no es tu culpa. Pero no, no te quiero.
-¿Ni poquito? Creo haberlo visto en tus ojos.
-No, no es eso, es que me lloran por la de polvo que hay aquí.
-Ay perdón, que despistada.
(Salen)
-Y entonces ¿Cuánto te debo?
-Demasiado, no podrás pagármelo nunca.
-No seas exagerado, mejor dime cuánto que sino no te voy a pagar nada.
-Da igual, nunca me pagas.
(Salen)
-No importa lo que digan, para mí es el hombre más maravilloso del mundo.
-Si no te creas, a mi también me maravilla.
-¿A sí?
-Sí, me maravilla que no tenga trabajo, me maravilla lo gordo que está, que sea tan simplón y me maravilla más aún que no te hayas dado cuenta.
-Ahí vas otras vez, ¡Qué necia eres!.
-Mira quién lo dice, pero mejor ya cállate que ya va a empezar la función.
Telón.
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