El muchacho espera. Dos minutos después, salidos de la nada, dos hombres aparecen frente a él. Dos días antes de este día, hubo un accidente de trenes en alguna ciudad del mundo.
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viernes, 8 de abril de 2011
Incandescente I
El muchacho se levanta y corre hacia la puerta que divide los dos vagones. El hombre calvo se levanta y saca un arma, apunta hacia el muchacho. A un mismo tiempo el hombre calvo dispara y el muchacho salta contra la puerta. El muchacho se vuelve transparente como un fantasma; atraviesa la puerta y llega al otro vagón, la bala no lo toca, pasa de largo sin herirlo. El muchacho voltea a ver al hombre calvo y sonríe, hace una seña obscena y sigue corriendo. El muchacho atraviesa esta vez uno de los respiraderos del metro y sale al túnel; el metro se aleja.
El muchacho espera. Dos minutos después, salidos de la nada, dos hombres aparecen frente a él. Dos días antes de este día, hubo un accidente de trenes en alguna ciudad del mundo.
El muchacho espera. Dos minutos después, salidos de la nada, dos hombres aparecen frente a él. Dos días antes de este día, hubo un accidente de trenes en alguna ciudad del mundo.
lunes, 21 de marzo de 2011
Estático
Hablo con mi soledad, hablo con la pared, la pared me mira, seria, me ignora. ¿Hay alguien afuera? Abro la puerta y me sigo sintiendo encerrado. Miro al cielo, a la luna. La luna brilla sobre mí, lejana, inalcanzable. La luna me invita a soñar, a desaparecer, pero no puedo, no puedo; vuelvo dentro de la casa.
Hablo contigo, pero no me oyes, te has vuelto como de piedra y me miras... no, no me miras, tu rostro de piedra apunta hacia mi, sólo es eso. El tiempo ya no corre.
Me siento en una silla de madera, miro mi máquina de escribir que escurre tinta como si fuera sangre. Los pies se me pegan al piso. Intento escribir, pero las letras se resbalan del papel y saltan por la ventana directo al olvido. Las miro alejarse sin poder levantarme aún de la silla. Abro la boca y de ella sale un extraño mugido. Muuuuuuuuuuuuuu. Muuuuuuuuuuuu. Muuuuuuuuchos segundos después logro levantarme. Mis pies ya no pesan, pero ahora mis rodillas crujen con cada paso.
En el armario hay telas de colores. Trato de vestir la estatua en la que te has convertido, pero las telas pierden color al contacto. Pongo música, no funciona, sólo salen zumbidos del toca discos. Trato de sonreírle a la adversidad y la cara se me vuelve de cera.
Sencillo. Simple. Mediocre. Estático.
Hablo contigo, pero no me oyes, te has vuelto como de piedra y me miras... no, no me miras, tu rostro de piedra apunta hacia mi, sólo es eso. El tiempo ya no corre.
Me siento en una silla de madera, miro mi máquina de escribir que escurre tinta como si fuera sangre. Los pies se me pegan al piso. Intento escribir, pero las letras se resbalan del papel y saltan por la ventana directo al olvido. Las miro alejarse sin poder levantarme aún de la silla. Abro la boca y de ella sale un extraño mugido. Muuuuuuuuuuuuuu. Muuuuuuuuuuuu. Muuuuuuuuchos segundos después logro levantarme. Mis pies ya no pesan, pero ahora mis rodillas crujen con cada paso.
En el armario hay telas de colores. Trato de vestir la estatua en la que te has convertido, pero las telas pierden color al contacto. Pongo música, no funciona, sólo salen zumbidos del toca discos. Trato de sonreírle a la adversidad y la cara se me vuelve de cera.
Sencillo. Simple. Mediocre. Estático.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Incandescente (Obertura)
Un hombre muy bien vestido baja las escaleras del subterráneo. Camina con seguridad, en una mano lleva un portafolios negro y en la otra un vaso de café caliente. Camina hacia los torniquetes, justo antes de llegar una de las bolsas de su pantalón se rompe y una moneda se cuela por el orificio, cae y rueda por el suelo. Un muchacho que venía caminando detrás toma la moneda y la coloca en el estuche de guitarra de un viejo recargado en la pared que toca Blackbird de The Beatles. El muchacho cruza los torniquetes y sigue caminando hasta el andén que está casi vacío. Espera. El metro entra en el andén haciendo mucho ruido, se detiene y se abren las puertas. El muchacho entra y se sienta. Se pone los audífonos, el sonido de la gente es remplazado por What a waster de The Libertines, levanta la mirada. Un hombre calvo está sentado frente a él, el hombre calvo levanta la cabeza, lo mira y sonríe. Silencio.
martes, 18 de enero de 2011
Carta de Obertura
Escribo esta carta desde alguna parte. No sé si alguien alguna vez podrá encontrarla, pero la escribo con la esperanza de que así sea.
Mi nombre es Comencé este viaje en febrero de 1994, no se que año es ahora, perdí la noción del tiempo. He viajado ya por un tiempo y he visto cosas que nunca creí posibles, pero creo que estoy llegando al fin, o mejor dicho creo que alguien me hará llegar al fin muy pronto.
Fui uno de los "seleccionados" para trabajar en un proyecto científico que pretendía viajar a mundos paralelos al nuestro. El proyecto fue un "éxito" y el mapeo logró develar siete mundos paralelos, la idea era ir a socializar con los habitantes de cada uno, pero cuando llegamos al primero uno de los tripulantes que nos acompañaba de develó así mismo como un infiltrado, el grupo se disolvió y logré escapar.
No sé si esto tenga sentido para alguien, apenas logro que lo tenga para mi, a veces me cuesta trabajo creer en mi mismo lkldsds fdskjfsf sfjiejs kj fdks s sdk fskfj sllaije alkjdie fjiefjsij sifjlkdlielj f jskjksda djadjsl akjdla y como no queretete, taré pero no pude, heres hermosa, sueño contigo todas las noches. Olivvi, nos vemos al rato, mundos que parecían desconocidos no sé que más poner. Bla lalalala llalala lala hdsiuas jjhfsk ajajs qahs esto debe parecer más largo en el post, no fuimos los primeros en llegar a ellos.
Aquel que pudiera encontrar esta carta esto no es la carta, solo es lo que se me ocurrió poner antes del post de los BAFTa, dios, amos el cineseñales de vida.
dkjahsa hjkdashj
Fui uno de los "seleccionados" para trabajar en un proyecto científico que pretendía viajar a mundos paralelos al nuestro. El proyecto fue un "éxito" y el mapeo logró develar siete mundos paralelos, la idea era ir a socializar con los habitantes de cada uno, pero cuando llegamos al primero uno de los tripulantes que nos acompañaba de develó así mismo como un infiltrado, el grupo se disolvió y logré escapar.
No sé si esto tenga sentido para alguien, apenas logro que lo tenga para mi, a veces me cuesta trabajo creer en mi mismo lkldsds fdskjfsf sfjiejs kj fdks s sdk fskfj sllaije alkjdie fjiefjsij sifjlkdlielj f jskjksda djadjsl akjdla y como no queretete, taré pero no pude, heres hermosa, sueño contigo todas las noches. Olivvi, nos vemos al rato, mundos que parecían desconocidos no sé que más poner. Bla lalalala llalala lala hdsiuas jjhfsk ajajs qahs esto debe parecer más largo en el post, no fuimos los primeros en llegar a ellos.
Aquel que pudiera encontrar esta carta esto no es la carta, solo es lo que se me ocurrió poner antes del post de los BAFTa, dios, amos el cine
dkjahsa hjkdashj
Montañas con sus manos / Colores
Los edificios que se alzan por lo alto miran y critican a la gente que camina por las calles, a sus pies. Los obreros caminan por las vigas y tocan el cielo, construyendo montañas con sus manos. Cae la noche y la Ciudad se ilumina, cae la noche pero el misterio y el romance se elevan. Palabras sin sentido escritas en un libro.
Mientras leo en su diario ella permanece recostada en el sillón, dormida, iluminada por las luces neón que se cuelan por la ventana.
Piensa que está solo, y en cierta manera así es.
Hoy cuando salí de la casa pasé frente a todos como si no existiera, no hubo ni un Hola que se cruzara en mi camino a la puerta.
Te quería, y no lo digo por compromiso, cuando me miro en el espejo aún encuentro verdad en mis ojos, y es que, te quiero... te quería.
No quisiera interrumpir su sueño, en realidad no puedo, porque no está dormida, está drogada.
Aún no se ha dado cuenta, no importa, falta poco.
Y en la calle no era diferente, lo juro, ni una persona me sostenía la mirada.
Tal vez debí habértelo dicho antes, no sé, falta de tiempo, perdón. Lo sé, es mi culpa.
La aguja sigue incrustada en su cuerpo, no quiero tocarla, es como un ángel.
El sonido es suave y prolongado, perceptible para todo aquel que esté dispuesto a cerrar la boca por un momento.
Digo que no me importa, pero a veces no me deja dormir. No soy lo que todos piensan.
No me gustan las despedidas, lo sabes, pero en este caso no lo decidí yo.
Vuela angelito mío, vuela hacia las luces de neón.
Limpio, rápido; no me gusta presumir pero tendrías que verte, perfecto.
¿Sabes lo difícil que es ir por ahí guardando secretos ajenos?
Al menos tuvimos sexo de despedida, fuiste un caballero, como siempre.
Uno a uno se levantan. Tienen frente si, cuerpos inertes que ya no son capaces de escucharlos, sus palabras se pierden en la noche, y es que sólo los muertos son capaces de escuchar las cosas que a ellos les cuesta tanto trabajo decir.
La corbata roja resalta en su pecho.
Sus ojos verdes, brillantes.
Tal vez no debió pintar su cabello de azul, pero es una manera de que la gente voltee a verlo.
El bolso amarillo y llamativo que lleva todos lados.
Las drogas son peligrosas cariño.
Te lo juro, no hay nadie que taladre cabezas mejor que yo.
Incluso tú, no me miraste sino hasta que tenía el cuchillo en la mano.
Velo por el lado bueno, moriste en tu cama, como tú querías.
Los cuatro son asesinos, capaces de destruir hombres montaña con sus manos.
Mientras leo en su diario ella permanece recostada en el sillón, dormida, iluminada por las luces neón que se cuelan por la ventana.
Piensa que está solo, y en cierta manera así es.
Hoy cuando salí de la casa pasé frente a todos como si no existiera, no hubo ni un Hola que se cruzara en mi camino a la puerta.
Te quería, y no lo digo por compromiso, cuando me miro en el espejo aún encuentro verdad en mis ojos, y es que, te quiero... te quería.
No quisiera interrumpir su sueño, en realidad no puedo, porque no está dormida, está drogada.
Aún no se ha dado cuenta, no importa, falta poco.
Y en la calle no era diferente, lo juro, ni una persona me sostenía la mirada.
Tal vez debí habértelo dicho antes, no sé, falta de tiempo, perdón. Lo sé, es mi culpa.
La aguja sigue incrustada en su cuerpo, no quiero tocarla, es como un ángel.
El sonido es suave y prolongado, perceptible para todo aquel que esté dispuesto a cerrar la boca por un momento.
Digo que no me importa, pero a veces no me deja dormir. No soy lo que todos piensan.
No me gustan las despedidas, lo sabes, pero en este caso no lo decidí yo.
Vuela angelito mío, vuela hacia las luces de neón.
Limpio, rápido; no me gusta presumir pero tendrías que verte, perfecto.
¿Sabes lo difícil que es ir por ahí guardando secretos ajenos?
Al menos tuvimos sexo de despedida, fuiste un caballero, como siempre.
Uno a uno se levantan. Tienen frente si, cuerpos inertes que ya no son capaces de escucharlos, sus palabras se pierden en la noche, y es que sólo los muertos son capaces de escuchar las cosas que a ellos les cuesta tanto trabajo decir.
La corbata roja resalta en su pecho.
Sus ojos verdes, brillantes.
Tal vez no debió pintar su cabello de azul, pero es una manera de que la gente voltee a verlo.
El bolso amarillo y llamativo que lleva todos lados.
Las drogas son peligrosas cariño.
Te lo juro, no hay nadie que taladre cabezas mejor que yo.
Incluso tú, no me miraste sino hasta que tenía el cuchillo en la mano.
Velo por el lado bueno, moriste en tu cama, como tú querías.
Los cuatro son asesinos, capaces de destruir hombres montaña con sus manos.
miércoles, 5 de enero de 2011
El viaje a Zandiola (Fragmento)
El granero era una estancia amplia, fría, con paja en el suelo, una gran ventana a un costado, una cama en la esquina y un caballo, que en ese momento espantaba las moscas con la cola. Zalblack se percató de que había un frasco de cristal en el suelo al centro del granero, dentro había una extraña llama de color verde que no consumía nada, sólo existía; Zalblack se guardó el frasco en el bolsillo de su chaleco y se dirigió hacia la cama. De la cama tomó una botella de cristal azul cerrada con corcho que tenía dentro un lo que parecía sangre, y una bolsa de tela con monedas de oro y plata, luego lo echó todo en una morral que estaba tirado en el suelo, se lo colgó al hombro y salió con paso firme del granero. Después de caminar unos metros se detuvo en seco, algo lo incitaba a abrir el frasco; sin poder resistirlo más metió su mano derecha en el bolsillo y sacó el frasco, puedo la mano izquierda en la tapa y la hizo girar. La llama que estaba dentro comenzó a alborotarse y salió disparada por encima de su hombro hacia el granero, al llegar a él comenzó a rodearlo, Zalblack se volteó y vio como la llama verde creaba un remolino alrededor del granero y aunque no lo tocaba, este comenzaba a consumirse como si ardiera en llamas. Se escuchó el relinchido del caballo y segundos después las llamas desparecieron, el granero había quedado reducido a escombros, sólo una figura seguía aún en pie, un caballo de piedra entre las cenizas, con una expresión de terror en su rostro.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Una coincidencia
Mientras los autos avanzan y el ruido aumenta, en el tren subterráneo un hombre lee tranquilamente el periódico. Nada interesante, sólo malas noticias, una forma de matar el tiempo. El tren llega a la siguiente estación, mucha gente baja, poca sube, entre la gente un hombre con una gabardina negra. Ruidos metálicos, y entre ellos una voz, el hombre de la gabardina camina y se sienta junto al del periódico. Hablan.
—¡Cómo te gusta perder el tiempo!
—Mi reloj dice que son 9:30.
—Son 9:32.
—Eres muy exagerado.
—Dirás lo que quieras, al menos sigo vivo.
—Yo también, mírame, tan vivo como tú, incluso más.
Las luces del túnel se distorsionan con la velocidad del tren. Ruidos metálicos.
—¿No sé cómo puedes leer eso? Son sólo mentiras.
—Trato de pasar desapercibido.
—¿Y funciona?
—Funcionaba, hasta que llegaste tú.
Nadie los mira, la gente absorta en sus pensamientos no se percata de nada. Personajes anónimos que atraviesan la ciudad. Un tren de hierro, ruidos metálicos.
—Es tarde.
—Exageras.
—Faltan 35 segundos, ¿preparado?
—Supongo que no hay opción.
Abre su maletín y guarda el periódico.
Las puertas se cierran y el tren sigue su marcha, entre los ruidos metálicos los hombres desaparecen en un parpadeo.
Dos segundos después de que los hombres han desaparecido el tren subterráneo descarrila. Los personajes anónimos mueren y se convierten en cifras del periódico del día siguiente. 70 muertos en accidente de tren subterráneo. Los hombres que desaparecieron no fueron los culpables del desastre, sólo tuvieron suerte de desaparecer a tiempo. Todo una coincidencia de tiempo y espacio.
—¡Cómo te gusta perder el tiempo!
—Mi reloj dice que son 9:30.
—Son 9:32.
—Eres muy exagerado.
—Dirás lo que quieras, al menos sigo vivo.
—Yo también, mírame, tan vivo como tú, incluso más.
Las luces del túnel se distorsionan con la velocidad del tren. Ruidos metálicos.
—¿No sé cómo puedes leer eso? Son sólo mentiras.
—Trato de pasar desapercibido.
—¿Y funciona?
—Funcionaba, hasta que llegaste tú.
Nadie los mira, la gente absorta en sus pensamientos no se percata de nada. Personajes anónimos que atraviesan la ciudad. Un tren de hierro, ruidos metálicos.
—Es tarde.
—Exageras.
—Faltan 35 segundos, ¿preparado?
—Supongo que no hay opción.
Abre su maletín y guarda el periódico.
Las puertas se cierran y el tren sigue su marcha, entre los ruidos metálicos los hombres desaparecen en un parpadeo.
Dos segundos después de que los hombres han desaparecido el tren subterráneo descarrila. Los personajes anónimos mueren y se convierten en cifras del periódico del día siguiente. 70 muertos en accidente de tren subterráneo. Los hombres que desaparecieron no fueron los culpables del desastre, sólo tuvieron suerte de desaparecer a tiempo. Todo una coincidencia de tiempo y espacio.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Pesados libros
Las escaleras crujían bajo sus pies, podía sentir la oscuridad a su alrededor y veía, al final de la escalera, como una haz de luz salía de la puerta entreabierta. Llegó a la puerta y se detuvo, temeroso de lo que encontraría al otro lado, la perilla estaba fría como hielo, abrió la puerta con la mano temblorosa y la luz de la habitación cayó sobre su rostro cegándolo por un momento. Ella estaba recostada sobre el sofá leyendo un pesado libro, era hermosa, y de hecho, todo a su alrededor hacía juego; de las paredes brotaban rosas rosas que despedían un encantador olor, había pequeñas aves jugueteando por los libreros, en una de las mesas había platos llenos de jugosas frutas, pequeñas burbujas perfumadas acompañaban el aire, nada era saturado ni empalagoso, sólo bello. La habitación era capaz de capturar los pensamientos y convertirlos en imágenes que resultaban muy reales. Cuando él entró la habitación cambió de inmediato, las rosas se volvieron rojas, las uvas se volvieron vino y las avecillas se definieron en colibríes que revoloteaban por doquier. Dos mentes en la habitación. No había pensamiento que pasara inadvertido, estaban como desnudos uno frente al otro.
Él se acercó y cuando sus ojos se encontraron la habitación volvió a cambiar, las rosas moradas y colibríes pequeños gatitos, ella estaba sonrojada, él también. Se acercó aún más, gatitos en ardillas, aún más, ardillas en conejos, las rosas en rosas de cristal. Cuando estuvieron uno frente al otro él se arrodilló para quedar a su altura, tocó su mano y de la nada comenzó a sonar una suave música. Mientras bailaban todo a su alrededor bailaba con ellos, conejos en cachorros, en mirlos, en golondrinas; la luz era tenue, velas flotando a su alrededor. La música y el baile continuaban y él no se daba cuenta, las golondrinas en petirrojos, ella tomó una rosa de la mesa, las rosas de cristal en lirios, bailaban, y la rosa de su mano se transformó en una delgada navaja, los lirios en crisantemos. Cuando la navaja se hubo insertado en su pecho la música se detuvo, crisantemos y petirrojos, silencio. La habitación que no se detiene.
La sangre roja del pecho de aquel joven pronto se convirtió en tinta y su cuerpo en un libro grande y pesado, de pasta dura y letras doradas. Ella se inclinó sobre el escritorio y comenzó a escribir otra invitación, las rosas de cristal en rosas rosas, los petirrojos en avecillas que revoloteaban por los libreros llenos de libros; cuando terminó la carta acomodó el primer libro cuidadosamente junto con los otros y tomó el nuevo dispuesta sentarse a leer. Un avecilla tomó la invitación y salió por la ventana. Ella estaba recostada sobre el sofá leyendo un pesado libro, era hermosa, y de hecho, todo a su alrededor hacía juego.
Él se acercó y cuando sus ojos se encontraron la habitación volvió a cambiar, las rosas moradas y colibríes pequeños gatitos, ella estaba sonrojada, él también. Se acercó aún más, gatitos en ardillas, aún más, ardillas en conejos, las rosas en rosas de cristal. Cuando estuvieron uno frente al otro él se arrodilló para quedar a su altura, tocó su mano y de la nada comenzó a sonar una suave música. Mientras bailaban todo a su alrededor bailaba con ellos, conejos en cachorros, en mirlos, en golondrinas; la luz era tenue, velas flotando a su alrededor. La música y el baile continuaban y él no se daba cuenta, las golondrinas en petirrojos, ella tomó una rosa de la mesa, las rosas de cristal en lirios, bailaban, y la rosa de su mano se transformó en una delgada navaja, los lirios en crisantemos. Cuando la navaja se hubo insertado en su pecho la música se detuvo, crisantemos y petirrojos, silencio. La habitación que no se detiene.
La sangre roja del pecho de aquel joven pronto se convirtió en tinta y su cuerpo en un libro grande y pesado, de pasta dura y letras doradas. Ella se inclinó sobre el escritorio y comenzó a escribir otra invitación, las rosas de cristal en rosas rosas, los petirrojos en avecillas que revoloteaban por los libreros llenos de libros; cuando terminó la carta acomodó el primer libro cuidadosamente junto con los otros y tomó el nuevo dispuesta sentarse a leer. Un avecilla tomó la invitación y salió por la ventana. Ella estaba recostada sobre el sofá leyendo un pesado libro, era hermosa, y de hecho, todo a su alrededor hacía juego.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Exacto
Caminando por el desierto me encuentro solo y frustrado. Me siento en la arena, miro hacía arriba y veo el sol brillando en lo alto. Hola, le digo, ¡Hola sol! No me responde, es callado. A mi lado pasa un alacrán, es lindo. ¿Qué haces aquí?, me pregunta y sigue caminando, se aleja repitiendo: ¿Qué haces aquí?, ¿qué haces aquí?, ¿qué haces aquí?, ¿qué haces aquí?... me levanto y sigo en dirección contraria al alacrán. Miro mi reloj y las manecillas comienzan a avanzar desesperadamente hasta que da la media noche. Miro hacia arriba y el sol se ha ido, ahora la luna lo mira todo desde arriba. ¡Hola luna! Tampoco contesta. Enfrente de mi, salido de la tierra, un cactus me mira. ¡No hay tiempo!, ¡no hay tiempo!, ¡no hay tiempo!, ¡no hay tiempo!, ¡no hay tiempo!, ¡no hay tiempo! repite sin cesar mientras se marchita y vuelve al hoyo de donde salió. Sigo caminando.
Llego a un oasis, miro mi reflejo en el agua. ¡Hola reflejo!, Hola, me contesta. Hay un pececito en el agua, ¿A dónde?, me pregunta. No sé, le contesto, "¿A dónde?, ¿a dónde?, ¿a dónde?, ¿a dónde?, ¿a dónde?, sigue diciendo. Sigo caminando.Me encuentro un coyote, es lindo. Sin fin, aúlla, sin fin, aúlla, sin fin, aúlla. Hola, le digo. Sin fin, aúlla. Sigo caminando. Desde el suelo una serpiente me mira. Hola, le digo. Hola, me responde. Sigue hablando: ¿Te acuerdas de mí?, me pregunta. Sí, ¿qué haces aquí?, le respondo. Vine por ti, me dice, ¿Sabes por qué?
No hay tiempo, le respondo. Exacto, dice con una sonrisa de serpiente. Acompáñame, me dice. ¿A dónde?, le respondo. A un lugar... Sin fin, completo. Exacto, me dice.
jueves, 18 de noviembre de 2010
Una extraña figura
Su cuerpo se estremeció. La noche era fría, el viento azotaba y su capa ondeaba en la oscuridad. La noche fría, donde todo puede pasar.
Un ruido rompió la quietud, algo se movía tras él; sus dedos recorrieron la ballesta que colgaba de su cintura. Volteó rápidamente y miró con dificultad en la oscuridad. Nada, solo el vacío frente a él y el viento que hacía moverse las hojas de los árboles. Otro ruido, ahí había algo, aunque él no pudiera verlo estaba seguro de que había algo.
—Se que estás ahí —le dijo a la nada, y de la nada salieron unos ojos amarillos, un par de de ojos grandes y amarillos que le devolvían la mirada.
Detrás de los árboles pareció una silueta. La criatura salió de su escondite dejando al descubierto su cuerpo que se erguía alto, alto como un hombre, un hombre alto que vestía un traje negro, tan negro como la noche a su alrededor. Bajo sus mancuernillas de oro asomaban garras delgadas y afiladas. Dio un paso y sus alas como de murciélago, se extendieron con fuerza haciendo un ruido sordo.
El hombre tomó la ballesta y apuntó a la criatura que sonriente, dejaba entre ver sus colmillos.
—No te temo, ¿Qué quieres? —preguntó el hombre.
—Tú alma. —contestó con frialdad la criatura.
—Perdona, yo ya no tengo alma.
—Eso es lo que tú quieres creer.
La ballesta calló al césped. La noche, era fría.
Un ruido rompió la quietud, algo se movía tras él; sus dedos recorrieron la ballesta que colgaba de su cintura. Volteó rápidamente y miró con dificultad en la oscuridad. Nada, solo el vacío frente a él y el viento que hacía moverse las hojas de los árboles. Otro ruido, ahí había algo, aunque él no pudiera verlo estaba seguro de que había algo.
—Se que estás ahí —le dijo a la nada, y de la nada salieron unos ojos amarillos, un par de de ojos grandes y amarillos que le devolvían la mirada.
Detrás de los árboles pareció una silueta. La criatura salió de su escondite dejando al descubierto su cuerpo que se erguía alto, alto como un hombre, un hombre alto que vestía un traje negro, tan negro como la noche a su alrededor. Bajo sus mancuernillas de oro asomaban garras delgadas y afiladas. Dio un paso y sus alas como de murciélago, se extendieron con fuerza haciendo un ruido sordo.
El hombre tomó la ballesta y apuntó a la criatura que sonriente, dejaba entre ver sus colmillos.
—No te temo, ¿Qué quieres? —preguntó el hombre.
—Tú alma. —contestó con frialdad la criatura.
—Perdona, yo ya no tengo alma.
—Eso es lo que tú quieres creer.
La ballesta calló al césped. La noche, era fría.
martes, 16 de noviembre de 2010
Una extraña figura
Ok, este mini fragmento lo escribí cuando estaba en la secundaria, está muy extraño y aún así me hizo sonreír, nada más para que se den una idea de que mi mente ya estaba retorcida desde hace mucho. No me acordaba que existía, pero pues ahí va:
Su cuerpo, se estremeció bajo la fría noche, el viento azotaba sobre su cuerpo y su capa ondeaba en la oscuridad.
Escuchó el ruido de algo que se movía tras él y se volteó rápidamente. Miró con dificultad en la oscuridad la silueta que se movía tras los árboles y noto como una par de ojos, grandes y amarillos, le devolvían la mirada.
La criatura salió de su escondite, dejando al descubierto su extraña figura: un hombre alto y vestido de traje, de sus manos se asomaban filosas garras; dio un paso y sus alas como de murciélago se extendieron con fuerza, al sonreír dejo entre ver sus colmillos.
—¿Qué quieres? —preguntó el hombre.
—Tu alma — contestó con frialdad la criatura.
Su cuerpo, se estremeció bajo la fría noche, el viento azotaba sobre su cuerpo y su capa ondeaba en la oscuridad.
Escuchó el ruido de algo que se movía tras él y se volteó rápidamente. Miró con dificultad en la oscuridad la silueta que se movía tras los árboles y noto como una par de ojos, grandes y amarillos, le devolvían la mirada.
La criatura salió de su escondite, dejando al descubierto su extraña figura: un hombre alto y vestido de traje, de sus manos se asomaban filosas garras; dio un paso y sus alas como de murciélago se extendieron con fuerza, al sonreír dejo entre ver sus colmillos.
—¿Qué quieres? —preguntó el hombre.
—Tu alma — contestó con frialdad la criatura.
viernes, 29 de octubre de 2010
Butterfly
El viento chocaba violento contra su casco. Una oscura figura; chamarra y pantalones rojos de piel. Motociclista cruzando la carretera. Tarde soleada; un día perfecto.La carretera estaba casi vacía, solo un hombre, alto y moreno, esperaba frente a una gasolinera abandonada. La motocicleta se detuvo frente a aquel hombre; antes de que el piloto pudiera bajar de ella, una explosión salida de la nada rompió el momentáneo silencio. En un suspiro aquel hombre moreno calló muerto frente a la motocicleta. Muerte, después, solo silencio y rayos de sol.
El piloto bajó por fin de la motocicleta y se quitó el casco. Su cabellera rizada, oscura y abundante, brillaba bajo el sol. Su ropa de piel enmarcaba su hermoso cuerpo femenino. Butterfly.
—Este debería haber sido un buen día. —Dijo ella.
Imagen de Lilleah Adora West
lunes, 25 de octubre de 2010
Un zumbido
Despierto como espantado. Miro el reloj y sí, otra vez tarde para la escuela. Me levanto y voy corriendo al baño, no hay tiempo. Como puedo me pongo una camisa y un pantalón. Busco la pasta de dientes entre las cosas de la repisa del baño, desayunaré en la escuela. Agarro mi cepillo de dientes y me llama la atención un pequeño frasco con pastillas. No tiene etiqueta. Lo abro y en su interior veo unas pastillitas azules con manchas amarillas (Un zumbido cruza el aire y me dan escalofríos).
Salgo del baño y no sé por qué, pero me echo las pastillas en el bolsillo.
Hay algo raro en la ventana. Me acerco para ver qué es y.................................................................
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Salgo del baño y no sé por qué, pero me echo las pastillas en el bolsillo.
Hay algo raro en la ventana. Me acerco para ver qué es y.................................................................
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miércoles, 13 de octubre de 2010
Discos
"Querido Diario.
Hoy lo vi otra vez. Llegué temprano a la tienda donde trabaja. Él estaba ya cargando las cajas y acomodando los discos. La tienda es de su papá, pero él se ve tan bien detrás del mostrador ♥.
El viernes es la fiesta de Rosy, tal vez le diga que me acompañe, podría llevar mi vestido rosa. Lo he estado guardando para una ocasión especial.
En la escuela las clases se están poniendo pesadas. Decidí ponerme a estudiar después de clases con mis amigas. Hoy mientras las esperaba para irnos a la biblioteca, los vi. Se que me observan, son dos. Es la tercera ves este mes; primero me daban miedo, luego curiosidad, ahora creo que vuelvo a sentir un poco de miedo otra vez.
Mi mamá dice que mañana podemos ir de compras. Quiero unos zapatos nuevos y es necesario ir por ellos antes de que alguien más se los lleve.
No se si debería escribir esto pero, confío en ti, querido diario................................................."...............................................
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Hoy lo vi otra vez. Llegué temprano a la tienda donde trabaja. Él estaba ya cargando las cajas y acomodando los discos. La tienda es de su papá, pero él se ve tan bien detrás del mostrador ♥.
El viernes es la fiesta de Rosy, tal vez le diga que me acompañe, podría llevar mi vestido rosa. Lo he estado guardando para una ocasión especial.
En la escuela las clases se están poniendo pesadas. Decidí ponerme a estudiar después de clases con mis amigas. Hoy mientras las esperaba para irnos a la biblioteca, los vi. Se que me observan, son dos. Es la tercera ves este mes; primero me daban miedo, luego curiosidad, ahora creo que vuelvo a sentir un poco de miedo otra vez.
Mi mamá dice que mañana podemos ir de compras. Quiero unos zapatos nuevos y es necesario ir por ellos antes de que alguien más se los lleve.
No se si debería escribir esto pero, confío en ti, querido diario................................................."...............................................
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domingo, 10 de octubre de 2010
Amordazado
—Son las 8:15, es temprano.
—¡Demasiado! —ambos se miran, tienen cara de "No quiero estar aquí". La música suena; la fiesta continúa.
El espectáculo es grotesco; hombres y mujeres se retuercen en la pista de baile en medio de luces y un sonido sordo y estridente. Agitan su brazos y piernas; en sus rostros, las sonrisas más falsas del mundo.
—¿Quieres bailar?
—No gracias —dice ella, con una sonrisita. Una nube de tabaco llega hasta la mesa en la que están sentados; se miran y sonrien mientras tosen. Ella usa un vestidito rosa; él, saco y corbata.
—Te ves muy linda.
El volumen de la música aumenta. La agitación en la pista, también.
—¿Te importa si tomo un trago?
—No, para nada.
—Bueno, sólo uno —se sirve, pero no toca el vaso—. A por cierto —saca de su bolsillo unas pastillas azules con manchitas amarillas—, ¿Quieres una?.
—¡Claro! —sin pensarlo su mano se extiende hacia las pastillas. Se lleva una a la boca y las luces de la habitación comienzan a dar vueltas.
Despierta adolorida. Está acostada en una cama, la habitación es oscura. A su lado está él, amordazado.
—No te preocupes —dice ella—. Ya sé quienes son. Saldremos de aquí.
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—¡Demasiado! —ambos se miran, tienen cara de "No quiero estar aquí". La música suena; la fiesta continúa.
El espectáculo es grotesco; hombres y mujeres se retuercen en la pista de baile en medio de luces y un sonido sordo y estridente. Agitan su brazos y piernas; en sus rostros, las sonrisas más falsas del mundo.
—¿Quieres bailar?
—No gracias —dice ella, con una sonrisita. Una nube de tabaco llega hasta la mesa en la que están sentados; se miran y sonrien mientras tosen. Ella usa un vestidito rosa; él, saco y corbata.
—Te ves muy linda.
El volumen de la música aumenta. La agitación en la pista, también.
—¿Te importa si tomo un trago?
—No, para nada.
—Bueno, sólo uno —se sirve, pero no toca el vaso—. A por cierto —saca de su bolsillo unas pastillas azules con manchitas amarillas—, ¿Quieres una?.
—¡Claro! —sin pensarlo su mano se extiende hacia las pastillas. Se lleva una a la boca y las luces de la habitación comienzan a dar vueltas.
Despierta adolorida. Está acostada en una cama, la habitación es oscura. A su lado está él, amordazado.
—No te preocupes —dice ella—. Ya sé quienes son. Saldremos de aquí.
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