miércoles, 27 de octubre de 2010

Ese domingo...

—Cuando yo era joven...
—Ay compadre, si todavía es joven. ¿Cuántos años tiene, treinta y cinco?
—Pues la última vez que me los conté así era. Bueno pues, cuando yo era chamaco, nos íbamos todos los hermanos a ver a los patos. Íbamos con mi apá y con mi mamasita que era a la que le gustaban esas cosas. Íbamos los domingos temprano, y de regreso pasábamos al mercado a desayunar en las tortas de Don Simón.
—Sí, me acuerdo de Simón. Muy bueno el viejo. Era el papá de Rosa, la de los ojos bonitos. Rosita iba a comprar los bolillos a la panadería que está enfrente de las canchas de fut. Cuando terminábamos el partido me iba a esperarla. Siempre me daba sus excusas: "Es que me está esperando mi papá", y se iba corriendo toda sonrojada con sus bolsotas de bolillos.
—¿Y de eso hace cuánto?
—¡A caray! No me digas que ya te está fallando la memoria. Hace... veinticinco años ya.
—Yo tenía diez.
—Y yo quince.
—Después de las tortas íbamos a la iglesia. Mi papá llegaba, se sentaba en las bancas de hasta atrás, y se quedaba dormidote. Mamá hacía como que no se daba cuenta. Nosotros, que éramos cinco hermanos, nos sentábamos con ella hasta adelante.
—Era la misma iglesia donde se casó Mickey, ¿No?
—Sí, ¿Te acuerdas?, ese día cerramos la calle y se armó el bailongo en casa de Mickey.
—Miguel Angel Santiago Estrada de la Cañada.
—Con su nombrecito todo rimbombante y fue el primero que se nos casó.
—Tenía dieciocho igual que tú, ¿No?
—Sí, acabábamos de salir de la prepa.
—Fue una buena fiesta (Sonríe).
—Pinche Mickey. Mi mamá lloró en la misa de la boda. El Mickcey todo güerito y delgado en su traje de Novio.
—El traje era alquilado. De la tienda de Ramón Serrano, ¿Te acuerdas?
—Sí, ¿Cómo no?, Fue mi primer trabajo; manejando la camioneta, entregando los paquetes. "Sí Sr. Ramón, no se preocupe". Buenos tiempos (Sonríe).
—¿Por qué nunca te casaste Alfredo?
—¡Oh!, ¿No eras tú el que decía que todavía estoy joven? Tú también estás soltero todavía.
—¿Y después de la iglesia?
—¿Qué?
—Los patos, las tortas, la iglesia, ¿Y luego?
—Luego nos íbamos a la casa a ver el fut. En la tele esa grandota que estaba en la sala.
—Me acuerdo cuando años después nos la llevamos a vender.
—Sí, en la camioneta del Sr. Ramón.
Y en la noche, nos íbamos a comer a las gorditas de la Sra. Juliana.
—El otro día la vi en...
—Pero, ¿Cómo que la viste, si doña Juliana ya está muerta?
—Sí. Me acuerdo del funeral. Tú mamá estaba llorando como en la boda de Mickey.
—No, en la boda era de alegría.
—Hubo rosarios toda la semana, y el domingo, una gran fiesta como a Doña Juliana le hubiera gustado.
—A cargo del puesto de las gorditas se quedó su hija, Sebastiana. Era muy guapa.
—¿Por qué nunca te casaste?
—Todos los martes, antes de irme al rancho de mi tío Juan en la troca, le decía: "Sebastiana, me guardas una gorditas", pero cuando regresaba, ella no tenía para mí más que una sonrisa y un "Ya se acabaron, ahí pa' la otra". Yo le decía: "Ay Sebastiana, te dije que me guardaras", pero estaba feliz porque le iba muy bien en el negocio. Y eso era todos los martes.
—A lado de la casa de Sebastiana vivía Doña Gerónima con sus gatos.
—¡Caray!, Qué nombres que tenían, ¿No?, Juliana, Sebastaian, Gerónima.
—Fue ella quien te encargó el paquete, ¿No?
—¡Ah sí! Ese martes Gerónima me pidió que fuera a recoger un paquete suyo en la troca. Le dije a Sebastiana: "Hoy sí llego temprano por mis gorditas".
—Para llegar temprano decidiste irte por el túnel del Puente Oscuro. No querías ir solo; me pediste que te acompañara.
—Sí, es que el túnel está re peligroso, pero es más rápido. Te pedí que fueras conmigo para que me echaras aguas, porque se le había roto un retrovisor a la troca.
—Y ahí nos encontramos con el tráiler.
—¡Sí, sustote que nos metió! Y luego... No me acuerdo que pasó.
—Y luego nos morimos, Alfredo.
—¿Qué?
—Sí, ¿Qué no hueles el copal?, ¿Qué día es hoy?
—Ya es tarde, son las 12 de la noche. Es... 1° de noviembre.
—Ese día ya no llegamos por las gorditas; pero mira, aquí en la ofrenda te dejaron unas.
—(Triste) Me acuerdo de muchas cosas; pero no me acordaba que estamos muertos, Daniel.
—Por eso tengo que recordártelo cada año. Pero no pongas esa cara, mira, hasta tequila nos dejaron.
—No me casé porque no quería dejar sola a mi mamasita.
—Pues, ¡Salud!

lunes, 25 de octubre de 2010

Un zumbido

Despierto como espantado. Miro el reloj y sí, otra vez tarde para la escuela. Me levanto y voy corriendo al baño, no hay tiempo. Como puedo me pongo una camisa y un pantalón. Busco la pasta de dientes entre las cosas de la repisa del baño, desayunaré en la escuela. Agarro mi cepillo de dientes y me llama la atención un pequeño frasco con pastillas. No tiene etiqueta. Lo abro y en su interior veo unas pastillitas azules con manchas amarillas (Un zumbido cruza el aire y me dan escalofríos).
Salgo del baño y no sé por qué, pero me echo las pastillas en el bolsillo.
Hay algo raro en la ventana. Me acerco para ver qué es y.................................................................
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No lo suficiente.

¿Habitación cerrada? 3 sillas en línea viendo hacia enfrente. Una luz en medio que cae desde arriba.
3 individuos en escena. De izquierda a derecha: Iván, José y Lucía.

Escena 1

Al público
Lucía.—Habitación cerrada.
Ivan.—Tres sillas.
José.—Una luz en medio que cae desde arriba (Mira hacia arriba)
Lucía.—Tres individuos en escena.

Pausa.

José.— (Al público) Cuando me trajeron aquí, yo no sabía nada. (En un susurro) Bueno, sí sabía, pero me hacía pendejo.
Lucía.—¡Uy, qué mal hablado me saliste!
José.—Ay sí, muy santa ¿no?, si todo el mundo dice groserías.
Iván.—¿Otra vez ustedes dos? (Se levanta)
José.—¿Qué no pones atención? "Tres individuos en escena". Tú, y pues sí, nosotros dos.
Lucía.— Ya cállense que nos están viendo.
Iván.—¿Qué no ésta era una habitación cerrada?
José.—Yo también me dí cuenta, si no crean que le estaba hablando al vacío.

Iván se sienta. Los tres miran al público perplejos.

Lucía.—Apaga la radio.
José.—No hay, es una habitación cerrada.
Lucía.—Yo escuché un ruido.
Iván.—Entonces préndela.
José.—¡Qué no hay!

Se levantan mirando al público. Luego vuelven a sentarse.

Iván.—A mi padre lo mataron los caciques.
Lucía.—A mi madre, el gobierno.
Iván.—A mi madre, la negligencia médica.
Lucía.—A mi padre, la soledad.
José.—A mi papá, lo mataron las vacas de don Chui. (Lucía e Ivan lo miran.) ¿Pues qué? Eran muy bravas.

Pausa.

Al público otra vez.
Iván.—En el metro hay mucha gente, y aún así me siento tan solo.
Cambian de sillas.
Lucía.—Si la elegancia no va conmigo, me busco otra compañera.
Cambian de silla.
José.—Se puede decir mucho con una mirada, no cierres los ojos.
Cambian de silla.
Iván.—La música en vivo no es una moda, es mi estilo de vida.
Cambian de silla.
Lucía.—No importa que las rosas sean de plástico mientras la intención sea auténtica.
Cambian de silla.
Pausa larga.
Iván.— (A José) ¿Por qué no dices nada?
José.—Porque me he dado cuenta que cada que hablamos nos tenemos que cambiar de silla, y a mí, ya me gustó ésta.
Iván.—No seas payaso.
José.—¡Claro!, yo antes estuve sentado en esa, por eso sé que no es igual.
Iván.—Ya cálmate, sólo es una silla.
José.—¡No! Es LA silla.
Lucía.—(Al público) El desempleo no me gusta, pero me resisto a trabajar.
Deben cambiar de silla, José se resiste.
José.—¡Qué no!, es mi silla.

Oscuro.

José.—Y dale con las luces que se prenden y se apagan.

Telón.

domingo, 24 de octubre de 2010

El metro, cosa de todos los días. (2)

JUÁREZ

Juárez. Nadie baja. Una señora se me queda mirando, ¿Qué pinche problema tiene conmigo? La miro y se voltea, pendeja. Me llevo el papel a la nariz, aspiro. Todos se me quedan viendo, ¿Qué pinche problema? Siempre juzgando, pendejos. Definitivo me bajo a la que sigue. Las miradas indiscretas de todos, pendejos. Cosa de todos los días.
  
BALDERAS
Por fin se baja el tipo drogadicto. Al menos en Balderas sube gente más decente. Entre ellos un chico de esos "modernos", maricón pues. Todo arregladito que viene. Bueno, al menos él sí se arregla. No como mi hija toda fachosa. Si ya le dije, "Si no te arreglas vas a ser una quedada", pero nada que me hace caso. Si ya le dije, "Cada día quedan menos hombres"; si todos salen así "raritos". Y ella nada que me hace caso. A parte se ve que este chico tiene dinero, todo arregladito que viene. Mi comadre dice que es muy nuevo eso de la "homosexualidad" y que es muy raro; pero no, yo ya me acostumbré a verlos en el metro, "Si es cosa de todos los días", le dije. Por ejemplo, un día....

NIÑOS HÉROES

Apenas me subí una señora se me quedó viendo. ¿Qué, uno no puede tener un día malo? Sí, hoy me peleé con mi papá; y sí, venía llorando en el camión. Pero ¿Qué me ve? Y no sólo la señora, otra chava se me queda viendo. Sí ¿Qué?, lloré hace rato. La intimidad no existe aquí. Gente chismosa. Cosa de todos los días. Como sea, bajo a la que sigue.

 HOSPITAL GENERAL

Creo que el chavo que se acaba de bajar lloró hace rato. Pero bueno, no importa. Me volteo disimuladamente y quedo enfrente del chavo más guapo que he visto. Lleva la camisa ajustada, y con este calorcito... ruego porque no baje a la que sigue. Llegamos a Centro Médico. Las puertas se abren.  El chavo se mueve para dejar bajar y quedamos pegaditos, yo me sonrío. ¡Que suerte, no se baja! Ojalá que se quede parado el metro para que quedemos pegaditos. Qué lástima; las puertas se cierran y seguimos avanzando. Ver chicos así de guapos no es cosa de todos los días.

CENTRO MÉDICO

En Centro Médico me hago a un lado para dejar pasar. El vagón queda bastante vacío, aún así la chica que viene enfrente de mí se me queda pegada y me ve raro. Disimulo y doy un paso hacia atrás. Una señora se sube como con mil bolsas y empieza a cantar. Las puertas se cierran. Nunca me había tocado alguien cantando tan temprano. Sólo un joven vestido de blanco le da unas monedas, parece doctor. La chica de enfrente se me sigue pegando; me incomoda. Del pantalón saco una moneda, cruzo el vagón y alcanzo a la señora. "Gracias joven", me dice. Cosas raras en el metro, cosa de todos los días.

ETIOPÍA

Un chavo pasa corriendo por el vagón y alcanza a al señora para darle una moneda. Que curioso. Tomo mi maletín y me pongo a pensar en las consultas del día de hoy. Un señor se viene durmiendo a mi lado y se me empieza a recargar en el hombro. Bajo a la que sigue, así que tal vez tenga que despertarlo sutilmente. Doy un fuerte tosido, todos se me quedan viendo raro, pero funciona, el señor se despierta. Me levanto y me dispongo a salir, falta poco para la siguiente estación. El señor que venía a mi lado ya está dormido otra vez, ahora se apoya contra la ventana. Gente dormida en el metro, cosa de todos los días. Llegamos, me bajo y paso enfrente de una chica de rastas que va subiendo.

EUGENIA

Me subo y paso enfrente de un doctor que se ve medio guapo. Qué bien, hay un lugar libre. El Sr. de a lado se viene durmiendo; bueno, casi todos los que vienen sentados se vienen durmiendo, hasta algunos de los que viene recargados en los tubos. Suena mi teléfono y contesto rápido, pero entramos en el túnel y se corta. Era mi mamá. Bueno, no importa, cuando llegue a la Fac le hablo. El metro se queda parado a medio túnel, y ahora que recuerdo, debería estar leyendo. Saco un libro de mi bolsa y me pongo a leer la Poética de Aristóteles. Un señor viene leyendo el periódico; en la portada hay una mujer casi desnuda y un descabezado. ¡Grotesco! Desgraciadamente es cosa de todos los días. Trato de concentrarme en mi lectura, pero todavía tengo un poco de sueño, y la llamada de mi mamá me preocupa. No me aguanto, me bajo en la que sigue para marcarle.

El metro, cosa de todos los días. (1)
El metro, cosa de todos los días. (3)

El rumor del incendio


Una obra estupendísima.

El proyecto se compone de tres espacios:

El rumor del oleaje, blog de publicación quincenal (elrumordeloleaje.wordpress.com), en el cual se da a conocer la aproximación a la historia e iconografía de las guerrillas en México. Ya en la red.

El rumor del incendio, es la necesidad de encontrar nuevas formas de transformación social. Es una puesta en escena en la que tres personas reconstruyen la vida de una mujer nacida en 1944 y la relacionan con sucesos de la guerrilla en México.

El rumor de este momento, un libro en el que se convoca a diversas personas para que reflexionen a partir de las preguntas ¿Qué cambiarias en el país? ¿Qué te indigna? ¿Qué mecanismos nos pueden conducir a crear un México mejor? ¿Cómo será la disidencia política en el futuro? Este libro pretende ser un mosaico, una posibilidad del porvenir.

sábado, 16 de octubre de 2010

Desfortunio

Época: La que gustéis.
Lugar: El más apropiado.

Acto I .
Escena I.

Habitación contigua a un amplio salón. En el salón hay un apuesto caballero que carga un muñeco de trapo.

Flora.—Es extraño.
Serena.—Es nuevo y diferente.
Ernestina.—No, sólo es un cretino.
Flora.—Hay tía, pero si es un galán.
Serena.—¡Refrescante!
Ernestina.—Un bufón.
Flora.—¡Y qué porte!
Serena.—¡Qué garbo!
Ernestina.—¡Qué facha!

Entra la tía Alfonsina.

Alfonsina.—¿Y qué hacen aquí, si puede saberse?
Serena.—Calamidad se nos casa.
Alfonsina.— (Sorprendida) ¿Con quién?
Flora.—Allí, mira. Esta en el salón.
Alfonsina.— (Acomodándose los lentes) ¡Ay, no! (Exagerando)¡El novio es un cretino!
Ernestina.—Lo ven.

Entrando en el salón.

Alfonsina.— Sabía que Calamidad era un poco ciega, pero mira que casarse con un muñeco de trapo. ¡¿Cuándo se ha visto?! (Toma el muñeco).
Flora.—¡Ay tía! No, no se casa con el muñeco.
Serena.—Se casa con este apuesto caballero.
Alfonsina.—¡Ah bueno! Así es diferente. (Acercándose al caballero y mirándolo coquetamente) Encantada, señor. Yo soy Alfonsina, la jovencísima tía de Calamidad.

El caballero sonríe. La tía Ernestina los mira con reproche. Oscuro.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Discos

"Querido Diario.
Hoy lo vi otra vez. Llegué temprano a la tienda donde trabaja. Él estaba ya cargando las cajas y acomodando los discos. La tienda es de su papá, pero él se ve tan bien detrás del mostrador ♥.
El viernes es la fiesta de Rosy, tal vez le diga que me acompañe, podría llevar mi vestido rosa. Lo he estado guardando para una ocasión especial.

En la escuela las clases se están poniendo pesadas. Decidí ponerme a estudiar después de clases con mis amigas. Hoy mientras las esperaba para irnos a la biblioteca, los vi. Se que me observan, son dos. Es la tercera ves este mes; primero me daban miedo, luego curiosidad, ahora creo que vuelvo a sentir un poco de miedo otra vez.

Mi mamá dice que mañana podemos ir de compras. Quiero unos zapatos nuevos y es necesario ir por ellos antes de que alguien más se los lleve.

No se si debería escribir esto pero, confío en ti, querido diario................................................."...............................................
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