lunes, 25 de octubre de 2010

Un zumbido

Despierto como espantado. Miro el reloj y sí, otra vez tarde para la escuela. Me levanto y voy corriendo al baño, no hay tiempo. Como puedo me pongo una camisa y un pantalón. Busco la pasta de dientes entre las cosas de la repisa del baño, desayunaré en la escuela. Agarro mi cepillo de dientes y me llama la atención un pequeño frasco con pastillas. No tiene etiqueta. Lo abro y en su interior veo unas pastillitas azules con manchas amarillas (Un zumbido cruza el aire y me dan escalofríos).
Salgo del baño y no sé por qué, pero me echo las pastillas en el bolsillo.
Hay algo raro en la ventana. Me acerco para ver qué es y.................................................................
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No lo suficiente.

¿Habitación cerrada? 3 sillas en línea viendo hacia enfrente. Una luz en medio que cae desde arriba.
3 individuos en escena. De izquierda a derecha: Iván, José y Lucía.

Escena 1

Al público
Lucía.—Habitación cerrada.
Ivan.—Tres sillas.
José.—Una luz en medio que cae desde arriba (Mira hacia arriba)
Lucía.—Tres individuos en escena.

Pausa.

José.— (Al público) Cuando me trajeron aquí, yo no sabía nada. (En un susurro) Bueno, sí sabía, pero me hacía pendejo.
Lucía.—¡Uy, qué mal hablado me saliste!
José.—Ay sí, muy santa ¿no?, si todo el mundo dice groserías.
Iván.—¿Otra vez ustedes dos? (Se levanta)
José.—¿Qué no pones atención? "Tres individuos en escena". Tú, y pues sí, nosotros dos.
Lucía.— Ya cállense que nos están viendo.
Iván.—¿Qué no ésta era una habitación cerrada?
José.—Yo también me dí cuenta, si no crean que le estaba hablando al vacío.

Iván se sienta. Los tres miran al público perplejos.

Lucía.—Apaga la radio.
José.—No hay, es una habitación cerrada.
Lucía.—Yo escuché un ruido.
Iván.—Entonces préndela.
José.—¡Qué no hay!

Se levantan mirando al público. Luego vuelven a sentarse.

Iván.—A mi padre lo mataron los caciques.
Lucía.—A mi madre, el gobierno.
Iván.—A mi madre, la negligencia médica.
Lucía.—A mi padre, la soledad.
José.—A mi papá, lo mataron las vacas de don Chui. (Lucía e Ivan lo miran.) ¿Pues qué? Eran muy bravas.

Pausa.

Al público otra vez.
Iván.—En el metro hay mucha gente, y aún así me siento tan solo.
Cambian de sillas.
Lucía.—Si la elegancia no va conmigo, me busco otra compañera.
Cambian de silla.
José.—Se puede decir mucho con una mirada, no cierres los ojos.
Cambian de silla.
Iván.—La música en vivo no es una moda, es mi estilo de vida.
Cambian de silla.
Lucía.—No importa que las rosas sean de plástico mientras la intención sea auténtica.
Cambian de silla.
Pausa larga.
Iván.— (A José) ¿Por qué no dices nada?
José.—Porque me he dado cuenta que cada que hablamos nos tenemos que cambiar de silla, y a mí, ya me gustó ésta.
Iván.—No seas payaso.
José.—¡Claro!, yo antes estuve sentado en esa, por eso sé que no es igual.
Iván.—Ya cálmate, sólo es una silla.
José.—¡No! Es LA silla.
Lucía.—(Al público) El desempleo no me gusta, pero me resisto a trabajar.
Deben cambiar de silla, José se resiste.
José.—¡Qué no!, es mi silla.

Oscuro.

José.—Y dale con las luces que se prenden y se apagan.

Telón.

domingo, 24 de octubre de 2010

El metro, cosa de todos los días. (2)

JUÁREZ

Juárez. Nadie baja. Una señora se me queda mirando, ¿Qué pinche problema tiene conmigo? La miro y se voltea, pendeja. Me llevo el papel a la nariz, aspiro. Todos se me quedan viendo, ¿Qué pinche problema? Siempre juzgando, pendejos. Definitivo me bajo a la que sigue. Las miradas indiscretas de todos, pendejos. Cosa de todos los días.
  
BALDERAS
Por fin se baja el tipo drogadicto. Al menos en Balderas sube gente más decente. Entre ellos un chico de esos "modernos", maricón pues. Todo arregladito que viene. Bueno, al menos él sí se arregla. No como mi hija toda fachosa. Si ya le dije, "Si no te arreglas vas a ser una quedada", pero nada que me hace caso. Si ya le dije, "Cada día quedan menos hombres"; si todos salen así "raritos". Y ella nada que me hace caso. A parte se ve que este chico tiene dinero, todo arregladito que viene. Mi comadre dice que es muy nuevo eso de la "homosexualidad" y que es muy raro; pero no, yo ya me acostumbré a verlos en el metro, "Si es cosa de todos los días", le dije. Por ejemplo, un día....

NIÑOS HÉROES

Apenas me subí una señora se me quedó viendo. ¿Qué, uno no puede tener un día malo? Sí, hoy me peleé con mi papá; y sí, venía llorando en el camión. Pero ¿Qué me ve? Y no sólo la señora, otra chava se me queda viendo. Sí ¿Qué?, lloré hace rato. La intimidad no existe aquí. Gente chismosa. Cosa de todos los días. Como sea, bajo a la que sigue.

 HOSPITAL GENERAL

Creo que el chavo que se acaba de bajar lloró hace rato. Pero bueno, no importa. Me volteo disimuladamente y quedo enfrente del chavo más guapo que he visto. Lleva la camisa ajustada, y con este calorcito... ruego porque no baje a la que sigue. Llegamos a Centro Médico. Las puertas se abren.  El chavo se mueve para dejar bajar y quedamos pegaditos, yo me sonrío. ¡Que suerte, no se baja! Ojalá que se quede parado el metro para que quedemos pegaditos. Qué lástima; las puertas se cierran y seguimos avanzando. Ver chicos así de guapos no es cosa de todos los días.

CENTRO MÉDICO

En Centro Médico me hago a un lado para dejar pasar. El vagón queda bastante vacío, aún así la chica que viene enfrente de mí se me queda pegada y me ve raro. Disimulo y doy un paso hacia atrás. Una señora se sube como con mil bolsas y empieza a cantar. Las puertas se cierran. Nunca me había tocado alguien cantando tan temprano. Sólo un joven vestido de blanco le da unas monedas, parece doctor. La chica de enfrente se me sigue pegando; me incomoda. Del pantalón saco una moneda, cruzo el vagón y alcanzo a la señora. "Gracias joven", me dice. Cosas raras en el metro, cosa de todos los días.

ETIOPÍA

Un chavo pasa corriendo por el vagón y alcanza a al señora para darle una moneda. Que curioso. Tomo mi maletín y me pongo a pensar en las consultas del día de hoy. Un señor se viene durmiendo a mi lado y se me empieza a recargar en el hombro. Bajo a la que sigue, así que tal vez tenga que despertarlo sutilmente. Doy un fuerte tosido, todos se me quedan viendo raro, pero funciona, el señor se despierta. Me levanto y me dispongo a salir, falta poco para la siguiente estación. El señor que venía a mi lado ya está dormido otra vez, ahora se apoya contra la ventana. Gente dormida en el metro, cosa de todos los días. Llegamos, me bajo y paso enfrente de una chica de rastas que va subiendo.

EUGENIA

Me subo y paso enfrente de un doctor que se ve medio guapo. Qué bien, hay un lugar libre. El Sr. de a lado se viene durmiendo; bueno, casi todos los que vienen sentados se vienen durmiendo, hasta algunos de los que viene recargados en los tubos. Suena mi teléfono y contesto rápido, pero entramos en el túnel y se corta. Era mi mamá. Bueno, no importa, cuando llegue a la Fac le hablo. El metro se queda parado a medio túnel, y ahora que recuerdo, debería estar leyendo. Saco un libro de mi bolsa y me pongo a leer la Poética de Aristóteles. Un señor viene leyendo el periódico; en la portada hay una mujer casi desnuda y un descabezado. ¡Grotesco! Desgraciadamente es cosa de todos los días. Trato de concentrarme en mi lectura, pero todavía tengo un poco de sueño, y la llamada de mi mamá me preocupa. No me aguanto, me bajo en la que sigue para marcarle.

El metro, cosa de todos los días. (1)
El metro, cosa de todos los días. (3)

El rumor del incendio


Una obra estupendísima.

El proyecto se compone de tres espacios:

El rumor del oleaje, blog de publicación quincenal (elrumordeloleaje.wordpress.com), en el cual se da a conocer la aproximación a la historia e iconografía de las guerrillas en México. Ya en la red.

El rumor del incendio, es la necesidad de encontrar nuevas formas de transformación social. Es una puesta en escena en la que tres personas reconstruyen la vida de una mujer nacida en 1944 y la relacionan con sucesos de la guerrilla en México.

El rumor de este momento, un libro en el que se convoca a diversas personas para que reflexionen a partir de las preguntas ¿Qué cambiarias en el país? ¿Qué te indigna? ¿Qué mecanismos nos pueden conducir a crear un México mejor? ¿Cómo será la disidencia política en el futuro? Este libro pretende ser un mosaico, una posibilidad del porvenir.

sábado, 16 de octubre de 2010

Desfortunio

Época: La que gustéis.
Lugar: El más apropiado.

Acto I .
Escena I.

Habitación contigua a un amplio salón. En el salón hay un apuesto caballero que carga un muñeco de trapo.

Flora.—Es extraño.
Serena.—Es nuevo y diferente.
Ernestina.—No, sólo es un cretino.
Flora.—Hay tía, pero si es un galán.
Serena.—¡Refrescante!
Ernestina.—Un bufón.
Flora.—¡Y qué porte!
Serena.—¡Qué garbo!
Ernestina.—¡Qué facha!

Entra la tía Alfonsina.

Alfonsina.—¿Y qué hacen aquí, si puede saberse?
Serena.—Calamidad se nos casa.
Alfonsina.— (Sorprendida) ¿Con quién?
Flora.—Allí, mira. Esta en el salón.
Alfonsina.— (Acomodándose los lentes) ¡Ay, no! (Exagerando)¡El novio es un cretino!
Ernestina.—Lo ven.

Entrando en el salón.

Alfonsina.— Sabía que Calamidad era un poco ciega, pero mira que casarse con un muñeco de trapo. ¡¿Cuándo se ha visto?! (Toma el muñeco).
Flora.—¡Ay tía! No, no se casa con el muñeco.
Serena.—Se casa con este apuesto caballero.
Alfonsina.—¡Ah bueno! Así es diferente. (Acercándose al caballero y mirándolo coquetamente) Encantada, señor. Yo soy Alfonsina, la jovencísima tía de Calamidad.

El caballero sonríe. La tía Ernestina los mira con reproche. Oscuro.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Discos

"Querido Diario.
Hoy lo vi otra vez. Llegué temprano a la tienda donde trabaja. Él estaba ya cargando las cajas y acomodando los discos. La tienda es de su papá, pero él se ve tan bien detrás del mostrador ♥.
El viernes es la fiesta de Rosy, tal vez le diga que me acompañe, podría llevar mi vestido rosa. Lo he estado guardando para una ocasión especial.

En la escuela las clases se están poniendo pesadas. Decidí ponerme a estudiar después de clases con mis amigas. Hoy mientras las esperaba para irnos a la biblioteca, los vi. Se que me observan, son dos. Es la tercera ves este mes; primero me daban miedo, luego curiosidad, ahora creo que vuelvo a sentir un poco de miedo otra vez.

Mi mamá dice que mañana podemos ir de compras. Quiero unos zapatos nuevos y es necesario ir por ellos antes de que alguien más se los lleve.

No se si debería escribir esto pero, confío en ti, querido diario................................................."...............................................
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El metro, cosa de todos los días.

 
 INDIOS VERDES

La mañana es muy fría cuando bajo del camión. Me muevo entre la gente. "Hoy no me pasa, ayer le puse dinero a mi tarjeta", me digo a mi misma. Cuando paso el torniquete y me dispongo a ir a la sección de mujeres la veo. Allí está. La mujer más odiosa, y si me ve seguro que tendré que saludarla; después de todo, es mi jefa. ¡Con la pena! Me desvió y me voy del lado de los hombres.
Con trabajo entro a empujones. Es temprano y en el metro ya hace mucho calor. El metro avanza y yo voy medio pegada a la puerta. No me preocupa; cosa de todos los días. Agarro mi bolso verde con fuerza, ya vamos a llegar a la siguiente estación.
                  
DEPORTIVO 18 DE MARZO

Entre la multitud, espero. El metro se aproxima; tengo suerte y me toca la puerta enfrente. Cuando se abre, no entro, me meten. Choco con una señorita de bolso verde que iba cerca de la puerta, ¡Qué pena!. Milagrosamente cruzo y me estampo contra la otra puerta. No me explico cómo crucé toda la multitud. Ya que estamos todos adentro, las puertas se cierran. 
Antes de llegar a la siguiente estación, a una señora se le tambalea su jugo y salpica sin querer al muchacho que venía dormido enfrente de ella, ¡Ja!, cosa de todos los días.
                  
 POTRERO

Me despierto de repente. Una señora me salpicó un poco de jugo en la cabeza. No me preocupa; cosa de todos los días. Miro por la ventanilla y veo que apenas vamos en potrero. Mucha gente sube y casi nadie baja. La puerta se cierra y también mis ojos. El metro avanza. Poco a poco me vuelvo a quedar otra vez dormido, lo último que alcanzo a escuchar es el "Ricas paletitas de cajeta coronado, de novedad..."

LA RAZA 

Ya llegamos a La Raza y todavía no he vendido ni una paleta. Si ya me decía la Chole que en la mañana casi no se vende. Hay harta gente y no me puedo bajar, ni modo, a la que sigue; no hay bronca, cosa de todos los días. El metro avanza. Pus ni pex, a seguirle.
—¡Ricas paletitas de cajeta coronado, de novedad!. 

TLATELOLCO                          

Entro corriendo a la estación y bajo las escaleras. El metro ya llegó. Una vendedora de paletas detiene la puerta y alcanzo a entrar; ¡Mi día de suerte!. Tal vez hoy no llegue tarde. La vendedora se cambia de vagón y no le alcanzo a dar las gracias; no creo que se moleste, cosa de todos los días.
¡Ay no!, la que sigue es Guerrero y de seguro que me tocan empujones. Pido permiso y me quito de la puerta. Me pongo en el pasillo a lado de una enfermera gordita. Me agarro del tubo y espero; ya merito llegamos.

 GUERRERO 

Un tipo naco empuja y se pone a lado de mí antes de que lleguemos a Guerrero.
Es lo que me choca del metro, por eso siempre me paso al pasillo.
Las puertas se abren. Mucha gente sale, mucha gente entra; el calor aumenta.
No avanza. ¡Ash!, ya es cosa de todos los días. ¡Lo que una tiene que aguantar para llegar al trabajo!. Me echo aire con mi revista; inútil, el calor es agobiante.
Para acabarla, un gordito de lentes trae sus audífonos a todo lo que da.
Las puertas se cierran. Ruego por que no se siga parando.

 HIDALGO

Definitivamente esto de traerme los audífonos hace más corto el camino. Hace calor, pero no importa; vengo en mi mundo. Llegamos a Hidalgo y el metro se vuelve a quedar parado. Un motón de gente baja y otro sube. Se acaba la canción; un segundo de silencio. Me llega un olor; un tipo se viene drogando a lado y los audífonos no tapan el olor.
Empieza la siguiente canción, es prendida. Se cierran las puertas y avanzamos.
Me maravilla lo cerca que están Hidalgo y Juarez, un abrir y cerrar de ojos y ya llegamos. El olor perdura, ¡Que asco!, pero bueno, cosa de todos los días.

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