Tal vez la casa más grande que he visto en toda mi vida, te lo juro, era enorme. Y tan elegante. El mayordomo, sí, tenían mayordomo, me preguntó que si quería algo de tomar; yo amablemente contesté que tomaría una limonada, y la Sra. Villanueva, que usaba unas joyas bellísimas dijo que tomaría un té helado, ¿te figuras? ¡Un té helado! Nos sentamos en el jardín a esperar nuestras bebidas, la Sra. Villanueva se movía con una delicadeza envidiable. Me preguntó que si me gustaba jugar al cricket, yo por supuesto contesté que sí, aunque aquí entre tú y yo, no se jugar. Le dije que mi marido y yo nos reuníamos todos los domingos con unos amigos de mi papá para jugar, sí, le dije que estaba casada, tal vez no debí mentir en eso.
La limonada estaba riquísima, tan fresca y tan elegante, todo es elegancia en esa casa. Por eso le dije a la Sra. Villanueva que estaba casada y que sabía jugar al cricket. Te aseguro que tú hubieras hecho lo mismo, aunque claro que tú no tendrías que haber mentido en lo del matrimonio. ¿Qué? ¿También juegas al cricket? ¡Quién lo hubiera imaginado! Tendrás que enseñarme un día de estos.
Después de las bebidas caminamos por el jardín, estaba lleno de hermosas flores. Me preguntó qué a que me dedicaba, yo le dije que era diseñadora de una revista importante, ella me preguntó que de cuál, yo le dije que trabajaba en la revista Mensonge, y que antes había trabajado en Pas Vrai. El sol era muy cálido, caminamos por horas.
En el jardín también había conejos blancos. Yo me puse un poco nerviosa porque nos miraban mientras caminábamos. Esos conejos me recordaban algo, pero no se qué. Después del paseo volvimos a la casa, era tarde y la Sra. Villanueva me ofreció quedarme en alguna de las múltiples habitaciones de la casa, que mañana me conseguiría un coche para que me llevara a casa. La habitación era lujosa y estaba muy bien alumbrada con candelabros, y lámparas en forma de rosa. La cama era tan suave.
Al día siguiente desayunamos wafles y leche de chocolate. Estaban deliciosos. Pero eso, te lo contaré después.
La mujer joven deja de hablar con la muñeca de trapo y la pone sobre el buró junto a la cama, se quita las pantuflas de conejo y se mete entre las sábanas blancas. La enfermera camina por el pasillo.
viernes, 28 de enero de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
De golpe..
Entró temblando en la habitación. Cerró la puerta tras de sí, estaba agitada, su corazón latía con desenfreno y un frío sudor escurría por su frente. La habitación estaba casi vacía salvo por una cama sucia y una mesita a un lado, sobre la mesita había una pequeña vela encendida que acariciaba la oscuridad. Antes de que pudiera tomar la vela, una ligera briza proveniente de la ventana abierta la apagó con un golpe. Con un sobresalto la pobre chica corrió hacia la ventana para cerrarla; por la ventana no se veía nada ni a nadie. La puerta se abrió de golpe.......
jueves, 20 de enero de 2011
Ella y él. Ellos.
Sentada frente a él está ella; es hermosa, piensa él. Todos ocupados en sus asuntos, nadie mira. Ella viene con audífonos, pero después de algunos intentos él logra mirarla fijo a los ojos, o al menos lo que la gente llama ahora mirarse a los ojos.
Ella no busca el amor; él no puede evitar coquetear. Se miran varias veces, discretos, de reojo, separados por el muro del anonimato.
Ella saca un lápiz labial y pinta sus labios; él no sabe que pensar. Él toma un trago de su café y la mira; ella trata de disimular.
En la siguiente estación, los dos lugares contiguos a ella se desocupan. Él duda en sentarse a su lado, ella hace como que no lo mira. Él espera, prefiere darse tiempo, ser discreto.
En la siguiente estación él trata de dar el paso, pero la gente entra por las puertas a chorros y con ellos, esa sensación incómoda de multitud. Vuelven a ser discretos; ella busca en su bolso, él saca su teléfono para revisar un mensaje que no le acaba de llegar. La gente se mueve, indiferente ante su intimidad.
Él se acerca, se quita la máscara y dice, Hola. Ella no se quita la máscara, pero sonríe, y se descubre los ojos con curiosidad.
Ellos se mueven, ellos se ríen.
Ellos, se miran.
Ella no busca el amor; él no puede evitar coquetear. Se miran varias veces, discretos, de reojo, separados por el muro del anonimato.
Ella saca un lápiz labial y pinta sus labios; él no sabe que pensar. Él toma un trago de su café y la mira; ella trata de disimular.
En la siguiente estación, los dos lugares contiguos a ella se desocupan. Él duda en sentarse a su lado, ella hace como que no lo mira. Él espera, prefiere darse tiempo, ser discreto.
En la siguiente estación él trata de dar el paso, pero la gente entra por las puertas a chorros y con ellos, esa sensación incómoda de multitud. Vuelven a ser discretos; ella busca en su bolso, él saca su teléfono para revisar un mensaje que no le acaba de llegar. La gente se mueve, indiferente ante su intimidad.
Él se acerca, se quita la máscara y dice, Hola. Ella no se quita la máscara, pero sonríe, y se descubre los ojos con curiosidad.
Ellos se mueven, ellos se ríen.
Ellos, se miran.
miércoles, 19 de enero de 2011
Radiografía
—¿Frecuencia cardiaca? —Innecesaria.
—¿Parálisis? —Inevitable.
La sangre sube a su cerebro. Lo hace ver cosas, cosas que no son reales; irrealidades flotando en su mente.
Dolor. Adrenalina. Crisis. Descanso.
—¿Y luego qué sigue?
—No sé. A mi no me corresponde contestar eso.
Ya en la plancha fría, su cuerpo finge descansar.
El instrumental médico hace juego con su soledad.
Juegos que nadie quiere jugar.
Su cuerpo ya no se mueve, no es necesario. Ahora no puede ocultar nada aunque quisiera.
Está literalmente desnudo sobre la plancha.
Sus sentimientos se desbordan y quedan visibles, como en una radiografía.

—¿Parálisis? —Inevitable.
La sangre sube a su cerebro. Lo hace ver cosas, cosas que no son reales; irrealidades flotando en su mente.
Dolor. Adrenalina. Crisis. Descanso.
—¿Y luego qué sigue?
—No sé. A mi no me corresponde contestar eso.
Ya en la plancha fría, su cuerpo finge descansar.
El instrumental médico hace juego con su soledad.
Juegos que nadie quiere jugar.
Su cuerpo ya no se mueve, no es necesario. Ahora no puede ocultar nada aunque quisiera.
Está literalmente desnudo sobre la plancha.
Sus sentimientos se desbordan y quedan visibles, como en una radiografía.

martes, 18 de enero de 2011
Carta de Obertura
Escribo esta carta desde alguna parte. No sé si alguien alguna vez podrá encontrarla, pero la escribo con la esperanza de que así sea.
Mi nombre es Comencé este viaje en febrero de 1994, no se que año es ahora, perdí la noción del tiempo. He viajado ya por un tiempo y he visto cosas que nunca creí posibles, pero creo que estoy llegando al fin, o mejor dicho creo que alguien me hará llegar al fin muy pronto.
Fui uno de los "seleccionados" para trabajar en un proyecto científico que pretendía viajar a mundos paralelos al nuestro. El proyecto fue un "éxito" y el mapeo logró develar siete mundos paralelos, la idea era ir a socializar con los habitantes de cada uno, pero cuando llegamos al primero uno de los tripulantes que nos acompañaba de develó así mismo como un infiltrado, el grupo se disolvió y logré escapar.
No sé si esto tenga sentido para alguien, apenas logro que lo tenga para mi, a veces me cuesta trabajo creer en mi mismo lkldsds fdskjfsf sfjiejs kj fdks s sdk fskfj sllaije alkjdie fjiefjsij sifjlkdlielj f jskjksda djadjsl akjdla y como no queretete, taré pero no pude, heres hermosa, sueño contigo todas las noches. Olivvi, nos vemos al rato, mundos que parecían desconocidos no sé que más poner. Bla lalalala llalala lala hdsiuas jjhfsk ajajs qahs esto debe parecer más largo en el post, no fuimos los primeros en llegar a ellos.
Aquel que pudiera encontrar esta carta esto no es la carta, solo es lo que se me ocurrió poner antes del post de los BAFTa, dios, amos el cineseñales de vida.
dkjahsa hjkdashj
Fui uno de los "seleccionados" para trabajar en un proyecto científico que pretendía viajar a mundos paralelos al nuestro. El proyecto fue un "éxito" y el mapeo logró develar siete mundos paralelos, la idea era ir a socializar con los habitantes de cada uno, pero cuando llegamos al primero uno de los tripulantes que nos acompañaba de develó así mismo como un infiltrado, el grupo se disolvió y logré escapar.
No sé si esto tenga sentido para alguien, apenas logro que lo tenga para mi, a veces me cuesta trabajo creer en mi mismo lkldsds fdskjfsf sfjiejs kj fdks s sdk fskfj sllaije alkjdie fjiefjsij sifjlkdlielj f jskjksda djadjsl akjdla y como no queretete, taré pero no pude, heres hermosa, sueño contigo todas las noches. Olivvi, nos vemos al rato, mundos que parecían desconocidos no sé que más poner. Bla lalalala llalala lala hdsiuas jjhfsk ajajs qahs esto debe parecer más largo en el post, no fuimos los primeros en llegar a ellos.
Aquel que pudiera encontrar esta carta esto no es la carta, solo es lo que se me ocurrió poner antes del post de los BAFTa, dios, amos el cine
dkjahsa hjkdashj
Montañas con sus manos / Colores
Los edificios que se alzan por lo alto miran y critican a la gente que camina por las calles, a sus pies. Los obreros caminan por las vigas y tocan el cielo, construyendo montañas con sus manos. Cae la noche y la Ciudad se ilumina, cae la noche pero el misterio y el romance se elevan. Palabras sin sentido escritas en un libro.
Mientras leo en su diario ella permanece recostada en el sillón, dormida, iluminada por las luces neón que se cuelan por la ventana.
Piensa que está solo, y en cierta manera así es.
Hoy cuando salí de la casa pasé frente a todos como si no existiera, no hubo ni un Hola que se cruzara en mi camino a la puerta.
Te quería, y no lo digo por compromiso, cuando me miro en el espejo aún encuentro verdad en mis ojos, y es que, te quiero... te quería.
No quisiera interrumpir su sueño, en realidad no puedo, porque no está dormida, está drogada.
Aún no se ha dado cuenta, no importa, falta poco.
Y en la calle no era diferente, lo juro, ni una persona me sostenía la mirada.
Tal vez debí habértelo dicho antes, no sé, falta de tiempo, perdón. Lo sé, es mi culpa.
La aguja sigue incrustada en su cuerpo, no quiero tocarla, es como un ángel.
El sonido es suave y prolongado, perceptible para todo aquel que esté dispuesto a cerrar la boca por un momento.
Digo que no me importa, pero a veces no me deja dormir. No soy lo que todos piensan.
No me gustan las despedidas, lo sabes, pero en este caso no lo decidí yo.
Vuela angelito mío, vuela hacia las luces de neón.
Limpio, rápido; no me gusta presumir pero tendrías que verte, perfecto.
¿Sabes lo difícil que es ir por ahí guardando secretos ajenos?
Al menos tuvimos sexo de despedida, fuiste un caballero, como siempre.
Uno a uno se levantan. Tienen frente si, cuerpos inertes que ya no son capaces de escucharlos, sus palabras se pierden en la noche, y es que sólo los muertos son capaces de escuchar las cosas que a ellos les cuesta tanto trabajo decir.
La corbata roja resalta en su pecho.
Sus ojos verdes, brillantes.
Tal vez no debió pintar su cabello de azul, pero es una manera de que la gente voltee a verlo.
El bolso amarillo y llamativo que lleva todos lados.
Las drogas son peligrosas cariño.
Te lo juro, no hay nadie que taladre cabezas mejor que yo.
Incluso tú, no me miraste sino hasta que tenía el cuchillo en la mano.
Velo por el lado bueno, moriste en tu cama, como tú querías.
Los cuatro son asesinos, capaces de destruir hombres montaña con sus manos.
Mientras leo en su diario ella permanece recostada en el sillón, dormida, iluminada por las luces neón que se cuelan por la ventana.
Piensa que está solo, y en cierta manera así es.
Hoy cuando salí de la casa pasé frente a todos como si no existiera, no hubo ni un Hola que se cruzara en mi camino a la puerta.
Te quería, y no lo digo por compromiso, cuando me miro en el espejo aún encuentro verdad en mis ojos, y es que, te quiero... te quería.
No quisiera interrumpir su sueño, en realidad no puedo, porque no está dormida, está drogada.
Aún no se ha dado cuenta, no importa, falta poco.
Y en la calle no era diferente, lo juro, ni una persona me sostenía la mirada.
Tal vez debí habértelo dicho antes, no sé, falta de tiempo, perdón. Lo sé, es mi culpa.
La aguja sigue incrustada en su cuerpo, no quiero tocarla, es como un ángel.
El sonido es suave y prolongado, perceptible para todo aquel que esté dispuesto a cerrar la boca por un momento.
Digo que no me importa, pero a veces no me deja dormir. No soy lo que todos piensan.
No me gustan las despedidas, lo sabes, pero en este caso no lo decidí yo.
Vuela angelito mío, vuela hacia las luces de neón.
Limpio, rápido; no me gusta presumir pero tendrías que verte, perfecto.
¿Sabes lo difícil que es ir por ahí guardando secretos ajenos?
Al menos tuvimos sexo de despedida, fuiste un caballero, como siempre.
Uno a uno se levantan. Tienen frente si, cuerpos inertes que ya no son capaces de escucharlos, sus palabras se pierden en la noche, y es que sólo los muertos son capaces de escuchar las cosas que a ellos les cuesta tanto trabajo decir.
La corbata roja resalta en su pecho.
Sus ojos verdes, brillantes.
Tal vez no debió pintar su cabello de azul, pero es una manera de que la gente voltee a verlo.
El bolso amarillo y llamativo que lleva todos lados.
Las drogas son peligrosas cariño.
Te lo juro, no hay nadie que taladre cabezas mejor que yo.
Incluso tú, no me miraste sino hasta que tenía el cuchillo en la mano.
Velo por el lado bueno, moriste en tu cama, como tú querías.
Los cuatro son asesinos, capaces de destruir hombres montaña con sus manos.
sábado, 15 de enero de 2011
Obertura: Cabeza de Cerdo
Oscuro. Una voz, Jaime, habla con alguien.
Jaime — Mi infancia no fue fácil, pero bueno, ¿acaso alguien tuvo una infancia fácil? Vivía con mis padres, una adorable pareja: mi papá era alcohólico y mi madre una puritana. También tenía una hermana, pequeña y adorable, la extraño. (Pausa) Tú nunca me cuentas nada sobre tu vida, pero bueno, te agradezco por escuchar. (Pausa) Mi padre, como el de muchos, era alcohólico, mi mamá lo llevó con el cura para que dejara de beber (sonidos de campanas), y funcionó, mi padre dejó de ser alcohólico para convertirse en un viejo apático y amargado; no se de que se quejaba mi madre, el no lo pegaba ni nada. (Pausa) Un día y sin decir palabra él se fue (sonido de una botella que se rompe), nos dejó y yo me quedé solo con mi madre y hermana, y más solo aún cuando mi madre me dijo que me tenía que dejar con un tío porque ella se tenía que ir a no sé dónde con mi hermana. (Pausa) Nunca volvieron. (Pausa) Mi tío era carnicero (sonido de un machete contra la madera) Me enseñó el negocio, Voz en off: "Pégale pinche chamaco, pégale", me decía, "Agarra el machete y mata a la pinche vaca". Sí, me acuerdo bien. (Sonio de llantos y vaca agonizante)
Mientras habla se muestra en tres cuadros frente a Jaime y su acompañante, la apertura de su carnicería, su boda y el nacimiento de su hija.
Cuando crecí, como no había ido a la secundaria, aproveché los único que sabía hacer y abrí mi carnicería. Conocí a Christina, una mujer adorable, deberías verla. Nos casamos y tuvimos una hija. He de admitir que las cosas no iban bien en un principio, teníamos problemas como cualquier pareja, es normal. (Gritos de pelea marital).
Fin de los cuadros.
¿No hablas mucho, verdad? Las personas calladas siempre ocultan algo, o por lo menos eso decía mi tío. Yo era muy callado de niño.
Como las cosas no iban bien empecé a beber, no funcionó, sólo empeoró las cosas.
Se prende luz cenital, se ve que Jaime está hablando con una cabeza de cerdo.
Pero, ¿Quieres que te cuente algo?
Oscuro.
Jaime — Mi infancia no fue fácil, pero bueno, ¿acaso alguien tuvo una infancia fácil? Vivía con mis padres, una adorable pareja: mi papá era alcohólico y mi madre una puritana. También tenía una hermana, pequeña y adorable, la extraño. (Pausa) Tú nunca me cuentas nada sobre tu vida, pero bueno, te agradezco por escuchar. (Pausa) Mi padre, como el de muchos, era alcohólico, mi mamá lo llevó con el cura para que dejara de beber (sonidos de campanas), y funcionó, mi padre dejó de ser alcohólico para convertirse en un viejo apático y amargado; no se de que se quejaba mi madre, el no lo pegaba ni nada. (Pausa) Un día y sin decir palabra él se fue (sonido de una botella que se rompe), nos dejó y yo me quedé solo con mi madre y hermana, y más solo aún cuando mi madre me dijo que me tenía que dejar con un tío porque ella se tenía que ir a no sé dónde con mi hermana. (Pausa) Nunca volvieron. (Pausa) Mi tío era carnicero (sonido de un machete contra la madera) Me enseñó el negocio, Voz en off: "Pégale pinche chamaco, pégale", me decía, "Agarra el machete y mata a la pinche vaca". Sí, me acuerdo bien. (Sonio de llantos y vaca agonizante)
Mientras habla se muestra en tres cuadros frente a Jaime y su acompañante, la apertura de su carnicería, su boda y el nacimiento de su hija.
Cuando crecí, como no había ido a la secundaria, aproveché los único que sabía hacer y abrí mi carnicería. Conocí a Christina, una mujer adorable, deberías verla. Nos casamos y tuvimos una hija. He de admitir que las cosas no iban bien en un principio, teníamos problemas como cualquier pareja, es normal. (Gritos de pelea marital).
Fin de los cuadros.
¿No hablas mucho, verdad? Las personas calladas siempre ocultan algo, o por lo menos eso decía mi tío. Yo era muy callado de niño.
Como las cosas no iban bien empecé a beber, no funcionó, sólo empeoró las cosas.
Se prende luz cenital, se ve que Jaime está hablando con una cabeza de cerdo.
Pero, ¿Quieres que te cuente algo?
Oscuro.
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