domingo, 13 de febrero de 2011

Fundamental (2)

Tres personajes acomodados en un triángulo que apunta hacia el público, en la punta del triángulo está el personaje 1. El engrane del cuadro anterior ha desaparecido. Sobre el fondo del escenario se proyecta la imagen del engrane roto. Los personajes no rompen el triángulo.

Cuadro 2

2. —¿Y él? ¿Ya no habla, verdad?

3. —Dice que ha decidido callarse, dice que no necesita palabras, dice que la palabras lo traicionan, dice que lo engañan. Eso dice... o decía.

2. —¿Y su madre?

3. —Está desconsolada.

2. —¿Y su esposa?

3. —Lo ha abandonado.

2. —¿Y sus hijos?

3. —Piden pan y no les dan.

2. —¡Qué desgraciado! ¿A qué se dedica?

3. —Era escritor. Escribía en periódicos, escribía en revistas, en cuadernos, tenía un diario, escribía en las paredes, escribía libros, escribía en la arena, escribía hasta en el cielo.

2. —¿Y luego que pasó?

3. —Nadie le entendía, así que decidió, dejar de escribir y de hablar.

2. —¿Era rico?

3. —No, la escritura no deja.

2. —¿Y entonces a qué se dedica? ¿De dónde saca dinero para sus hijos?

3. —Ahora... Ahora se dedica contar el tiempo.

2. —¿Y por qué lleva una venda en la boca?

3. —Es su huelga contra el entendimiento.

2. —¿Y qué, la única manera de entenderse es con palabras?

3. —No, pero él no lo sabe.

2. —¡Desgraciado! ¿Crees que vuelva a hablar?

3.- No creo, dice... dice que las palabras lo han traicionado, eso dice... o decía.


sábado, 12 de febrero de 2011

Fundamental

Dos personajes. Un hombre y una mujer, aunque no como cualquiera. Parados sobre un engrane que gira mientras ellos hablan. Cuando termina el cuadro el engrane se rompe. El primero en hablar es el hombre.

Cuadro 1.

—¿Cómo decir algo cuando no encuentras las palabras exactas para decirlo?

—Entonces te callas.

—Sí, temiendo que suene demasiado vulgar.

—No te creo.

—Nunca lo haces.

—Me insultas, sabes. Me insultas cuando dices que no tienes nada que decirme.1

—No he dicho eso. Sólo no sé como ponerlo en palabras. Ya ves, algunos lo tomarían como algo muy romántico; pero tú lo tomas como un insulto.

—Pues estoy harta...

—(Sincero) Te detesto.

—¿Y para eso me trajiste aquí?

—Te detesto, pero me gustas. Me gusta detestarte.

—Sínico.

—No, esa no era la palabra.

—Arrojas la piedra y escondes la mano. Típico de ti.

—Sólo no era la palabra. ¿Por qué te ofendes?

—Y todavía me lo preguntas.

—¿Cómo decir algo cuando no encuentras las palabras exactas para decirlo?
............................
1.- Referencia a Caricias de Sergi Belbel.



domingo, 6 de febrero de 2011

1, 2, 3, 4.

Cuadro en una Ciudad grande. Cuatro hombres sentados a la mesa en un restaurante. Nadie habla.  Ruido de conversaciones ajenas y cubiertos que chocan contra platos de cerámica.

Hombre 1: (Se percata de los silencios incómodos. No hace nada; sigue comiendo su ensalada.)
Hombre 2: (No se percata; sólo se preocupa por no mancharse la camisa con salsa.)
Hombre 3: (No habla, pero levanta la mano para llamar al mesero.)
Hombre 4: (Apenas toca su comida)

Hombre 1: Creo que...
Hombre 2: No.
Hombre 3: ¿Dónde está el mesero?
Hombre 4: Yo prefiero no comentar.

Los cuatro hombres siguen en los suyo.

Hombre 1: Me gusta tu corbata.
Hombre 2,3,4: Gracias.

Hombre 1: Vivir es más fácil con los ojos cerrados...
Hombre 2: No, esa es una canción de los Beatles.
Hombre 3: ¿Alguien ha visto al mesero?
Hombre 4: A mi me gustan.
Hombre 1, 2, 3: ¿Qué?
Hombre 4: Los Beatles.

Pausa incómoda.

Hombre 1: Yo le dije que era lo correcto...
Hombre 2: ¿Ya vas a empezar?
Hombre 3: Que mal servicio dan aquí.
Hombre 4: La próxima vez comemos en otro lado.
Hombre 1, 2, 3: ¿La próxima? (Miran al Hombre 4, extrañados)

Hombre 1: Lo más sensato sería...
Hombre 2: ¿Sensato según quién?
Hombre 3: Me vio. Me vio pero me ignoró.
Hombre 4: ¿Alguien quiere pescado?
Hombre 1, 2, 3: No gracias.

Hombre 1: Ayer cuando la vi...
Hombre 2: ¿Seguro que fue ayer?
Hombre 1: ¿Vas a dejarme terminar una oración?
Hombre 4: No es necesario que te molestes.
Hombre 3: Ya estoy molesto. Me ignoró.

Pausa.

Hombre 1: No me gusta estar dando rodeos.
Hombre 2: No lo necesitas.
Hombre 3: Falta poco, supongo.
Hombre 4: Se hace tarde.

Hombre 1: El punto es...
Hombre 2: Por fin.
Hombre 3: Sí, por fin.
Hombre 4: ¿Qué?
Hombre 3: Ya viene el mesero.
Hombre 1, 2, 3, 4: La cuenta, por favor.


miércoles, 2 de febrero de 2011

Volví a soñar contigo

"¿Es posible extrañar a alguien que no conoces?"
Me pregunto otra vez y doy vuelta en la cama sin poder dormir. Volví a soñar contigo.

"Perdón, ¿Nos conocemos?"
Me dices y me miras extrañada mientras yo apenado miento y te digo "Perdón, te confundí".

"Te extraño"
¿Tiene eso algún sentido para ti? No lo creo, con trabajos lo tiene para mí.

"¿Un poco más de café?"
No gracias, estoy bien. Juro que no sabía que trabajabas aquí como mesera; sólo tuve suerte.

"¿Cómo te llamas?"
No pienso contestar. El teléfono suena. No quiero contestar; no vale la pena, se que no eres tú. El teléfono se calla.

"¿Volveremos a vernos?"
Nadie contesta; estoy solo dando vueltas en mi cama. No hay nadie que conteste. ¿Saldremos algún día?

"No, gracias"
Eres cortés. Eso es innegable. Háblame sobre ti.

"¿Me llamabas?"
¿Podrías traerme un poco más de café? No sé mentir; y lo sabes. Debería invitarte a salir.

"¿Es posible extrañar a alguien que no conoces?"
Te extraño. Hoy volví a soñar contigo.

Muchacho en la ventana de Saul Landell

martes, 1 de febrero de 2011

A los pies de Atenea

De vuelta a mi irrealidad: la Facultad de Filosofía y Letras, el Colegio de Literatura Dramática y Teatro.

Cuadro 1

(Diálogo en oscuro)
—¿Y yo qué hago aquí?
—¿No te lo han dicho?
—No.
—No tardarás en enterarte.
—¿Tú quién eres?
—Créeme, no querrás saberlo.
—¿Estoy muerto?
—Todavía no.
—No me quiero morir.
—Todos estamos muertos ya de alguna manera.
—No recuerdo mi nombre.
—Te llamas Pedro.
Pedro. —¿Cómo lo sabes?
—Créeme, no querrás saberlo.
Pedro. —¿Por qué está tan oscuro?
—Es que tienes los ojos vendados.
Pedro. —¿En serio?
—Intenta quitarte la venda.
Pedro. —(Lo intenta) No puedo. Tengo miedo.
—Eres un hombre sensato Pedro.

Fin de Cuadro 1

Cuadro 2

(Diálogo)
—Si alguien te encuentra aquí...
—Tranquilo, nadie se va a enterar.
—Te matarán, y a mi también.
—Te matarían de todos modos.
—¿Cuánto tiempo te quedarás?
—No sé, hasta que encuentre algún lugar mejor.
—Ya no quedan muchos lugares.
—Lo sé; fue una suerte encontrarte.
—Debes ser cuidadosa, no quiero que corramos riesgos, mi familia...
—Tu familia estará bien, seré cuidadosa.
—¿Cómo te llamas?
—Será mejor que no lo sepas.
—Debo irme.
Desconocida. —Gracias por dejarme quedar.

Fin de Cuadro 2

Going West de Jackson Pollock

viernes, 28 de enero de 2011

No mires mientras los conejitos observan

Tal vez la casa más grande que he visto en toda mi vida, te lo juro, era enorme. Y tan elegante. El mayordomo, sí, tenían mayordomo, me preguntó que si quería algo de tomar; yo amablemente contesté que tomaría una limonada, y la Sra. Villanueva, que usaba unas joyas bellísimas dijo que tomaría un té helado, ¿te figuras? ¡Un té helado! Nos sentamos en el jardín a esperar nuestras bebidas, la Sra. Villanueva se movía con una delicadeza envidiable. Me preguntó que si me gustaba jugar al cricket, yo por supuesto contesté que sí, aunque aquí entre tú y yo, no se jugar. Le dije que mi marido y yo nos reuníamos todos los domingos con unos amigos de mi papá para jugar, sí, le dije que estaba casada, tal vez no debí mentir en eso.

La limonada estaba riquísima, tan fresca y tan elegante, todo es elegancia en esa casa. Por eso le dije a la Sra. Villanueva que estaba casada y que sabía jugar al cricket. Te aseguro que tú hubieras hecho lo mismo, aunque claro que tú no tendrías que haber mentido en lo del matrimonio. ¿Qué? ¿También juegas al cricket? ¡Quién lo hubiera imaginado! Tendrás que enseñarme un día de estos.

Después de las bebidas caminamos por el jardín, estaba lleno de hermosas flores. Me preguntó qué a que me dedicaba, yo le dije que era diseñadora de una revista importante, ella me preguntó que de cuál, yo le dije que trabajaba en la revista Mensonge, y que antes había trabajado en Pas Vrai. El sol era muy cálido, caminamos por horas.

En el jardín también había conejos blancos. Yo me puse un poco nerviosa porque nos miraban mientras caminábamos. Esos conejos me recordaban algo, pero no se qué. Después del paseo volvimos a la casa, era tarde y la Sra. Villanueva me ofreció quedarme en alguna de las múltiples habitaciones de la casa, que mañana me conseguiría un coche para que me llevara a casa. La habitación era lujosa y estaba muy bien alumbrada con candelabros, y lámparas en forma de rosa. La cama era tan suave.

Al día siguiente desayunamos wafles y leche de chocolate. Estaban deliciosos. Pero eso, te lo contaré después.

La mujer joven deja de hablar con la muñeca de trapo y la pone sobre el buró junto a la cama, se quita las pantuflas de conejo y se mete entre las sábanas blancas. La enfermera camina por el pasillo.

jueves, 27 de enero de 2011

De golpe..

Entró temblando en la habitación. Cerró la puerta tras de sí, estaba agitada, su corazón latía con desenfreno y un frío sudor escurría por su frente. La habitación estaba casi vacía salvo por una cama sucia y una mesita a un lado, sobre la mesita había una pequeña vela encendida que acariciaba la oscuridad. Antes de que pudiera tomar la vela, una ligera briza proveniente de la ventana abierta la apagó con un golpe. Con un sobresalto la pobre chica corrió hacia la ventana para cerrarla; por la ventana no se veía nada ni a nadie. La puerta se abrió de golpe.......


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