Sonia está sentada ante una gran mesa. Al fondo hay estanterías con libros. Sonia sostiene frente así un pesado libro. En la portada del libro en letras grandes y doradas de lee: Otelo.
Fernando entra en la habitación y se dirige hacia Sonia. Cuando está a punto de hablarle Sonia levanta la mano y sobre su cabeza, colgado del techo, se ilumina un gran letrero que dice: Sala de lectura, Favor de guardar SILENCIO. Desde el fondo se escucha un fuerte "¡¡Shhht!!". Fernando, apenado, se sienta con mucho cuidado a un lado de Sonia y la mira.
Sonia cambia la página. Fernando abre su mochila de donde se caen dos canicas. Fernando se para rápidamente para recogerlas, desde el fondo se escucha otra vez el "¡¡Shhht!!", Fernando se congela en el acto. Sonia cambia la página. Las canicas ruedan hasta perderse al fondo de las estanterías. Fernando vuelve a su lugar, mira a Sonia. Sonia, camba la página.
Fernando saca un cuaderno y comienza a escribir, cambia de idea, se detiene, arranca la hoja, la hace bolita y lanza contra el bote de basura. Falla. Del fondo se escucha aún más fuerte el "¡¡Shhht!!" Fernando se levanta y de puntitas va a tirar la bolita de papel correctamente. Sonia cambia la página.
Fernando vuelve a su lugar y al sentarse comienza a sonar su teléfono, por toda la sala se escucha el "tonito" de funeral del celular de Fernando. Desde el fondo suena aún más fuerte el "¡¡Shhht!!". Fernando pone cara de susto. Sonia cierra el libro y mira a Fernando. Fernando saca su teléfono y lo apaga. Sonia y Fernando se miran.
Fernando mete su teléfono en la mochila y saca una flor, se la extiende a Sonia y sonríe. Sonia la toma y sonríe también. Fernando y Sonia se miran.
Una mujer de aspecto severo sale desde el fondo de las estanterías, está a punto de decir algo pero Sonia la interrumpe con un ligero "¡Shh!", toma a Fernando de la mano y salen.
Oscuro.
viernes, 16 de septiembre de 2011
sábado, 23 de julio de 2011
R.
El mar es rojo. El agua roja corre. El cielo rojo brilla en una tarde enrojecida.
Y en la playa de arena roja, un hombre vestido de negro mira hacia el horizonte. El silencio, el movimiento del mar, la calma.
-Pienso en la nada, en lo posible y lo imposible (¿Quién decide qué es imposible?). No hay nadie a mí alrededor.
El mar se mueve aunque el viento no sople, porque aquí el viento y la mar son independientes. (¿Por qué?)
-Suspiro y no pasa nada. Suspiro y espero. La inmensidad.
Ese color rojo te baña y te llena, es voraz e incontenible. El color rojo que se extiende desde el mar hasta las montañas es.
-El viento sopla en mi cara de manera inconstante, me recuerda dónde estoy. Aquí, ahora. (¿Por qué?)
Nada le preocupa, nada te preocupa, nada me preocupa, porque aquí, ahora, en la inmensidad, mientras el viento sopla y el mar se mueve no pasa nada.
Porque a veces simplemente, no pasa nada.
En la playa, un hombre solo, vestido de negro, mira hacia el horizonte. Su entorno manchado de rojo le recuerda a los que ya no están, a lo que se van, a los que se llevan. En la playa un hombre de luto, mira hacia el horizonte.
Y en la playa de arena roja, un hombre vestido de negro mira hacia el horizonte. El silencio, el movimiento del mar, la calma.
-Pienso en la nada, en lo posible y lo imposible (¿Quién decide qué es imposible?). No hay nadie a mí alrededor.
El mar se mueve aunque el viento no sople, porque aquí el viento y la mar son independientes. (¿Por qué?)
-Suspiro y no pasa nada. Suspiro y espero. La inmensidad.
Ese color rojo te baña y te llena, es voraz e incontenible. El color rojo que se extiende desde el mar hasta las montañas es.
-El viento sopla en mi cara de manera inconstante, me recuerda dónde estoy. Aquí, ahora. (¿Por qué?)
Nada le preocupa, nada te preocupa, nada me preocupa, porque aquí, ahora, en la inmensidad, mientras el viento sopla y el mar se mueve no pasa nada.
Porque a veces simplemente, no pasa nada.
En la playa, un hombre solo, vestido de negro, mira hacia el horizonte. Su entorno manchado de rojo le recuerda a los que ya no están, a lo que se van, a los que se llevan. En la playa un hombre de luto, mira hacia el horizonte.
viernes, 24 de junio de 2011
Yrealidades.
Un hombre mira hacia arriba, gira sobre su propio eje, saca un papel de su saco, lee; el hombre se hace de piedra.
Un hombre camina sobre el pasto, alza la mirada, mira el sol, sonríe, saca de su bolsillo un reloj, mira la hora; el hombre se hace de piedra.
Un hombre sube la escalera, uno, dos, tres escalones, llega hasta arriba, flexiona las rodillas, se rasca la cabeza; el hombre se hace de piedra.
Un hombre camina en círculos, respira hondo, agita los brazos, aguanta la respiración; el hombre se hace de piedra.
Un hombre camina por la calle, se detiene, mira el reloj, otro hombre se acerca con una pistola, le dispara en la cabeza y se va con el reloj; nadie ha visto nada y los que lo han visto no dicen nada, ¿se han vuelto de piedra?
miércoles, 15 de junio de 2011
Hoy sueño.
![]() |
| Hieronymus Bosch - El carro de heno |
Hoy sueño porque estás y porque no estás. Hoy sueño porque puedo. Hoy sueño por ti, y por mí. Hoy sueño porque sí y porque no. Hoy sueño porque me alcanza el tiempo. Hoy sueño porque mis sueños se harán realidad, y por qué no. Hoy sueño porque tengo ganas. Hoy sueño porque te vas. Hoy sueño porque tengo sueño. Hoy sueño sin prisas. Hoy sueño con hambre. Hoy sueño contigo. Hoy sueño sin mí. Hoy sueño en blanco y negro. Hoy sueño en cámara lenta. Hoy sueño aquí y allá. Hoy sueño de arena. Hoy sueño de montaña y de mar. Hoy, sueño.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Obertura del papel arrugado
La luz que entra por la ventana es insuficiente, enfocas la mirada y tratas de leer otra vez en el papel. Es inútil. Te sacudes el polvo de la nariz y te levantas. Miras el reloj sin pila que está colgado en la pared, siguen siendo las 5:30. Llegan ruidos del cuarto de abajo. Luego silencio. Son las 5:30 y no has probado bocado. Para olvidar el hambre te entretienes viéndote los dedos de los pies. Sientes la textura del papel arrugado en tus manos y sonríes. Llegan más ruidos del cuarto de abajo pero no lo escuchas. Sonríes.
La puerta cerrada con llave se agita. Te asustas un poco, pero no lo suficiente. Te acercas a la puerta y pegas la oreja. Silencio. Son las 5:30, todavía. La luz no cambia en esa habitación. Tras la ventana cerrada con tablas sólo se distinguen día y noche, pero la hora no cambia. El reloj dice que son las 5:30. Más ruidos. Hambre. Silencio. Te sientas en el piso, enfocas la mirada y tratas de leer otra vez en el papel. Es inútil. La luz que entra por la ventana es insuficiente.
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Foto: Otro papel arrugado by ~ R-Queso
La puerta cerrada con llave se agita. Te asustas un poco, pero no lo suficiente. Te acercas a la puerta y pegas la oreja. Silencio. Son las 5:30, todavía. La luz no cambia en esa habitación. Tras la ventana cerrada con tablas sólo se distinguen día y noche, pero la hora no cambia. El reloj dice que son las 5:30. Más ruidos. Hambre. Silencio. Te sientas en el piso, enfocas la mirada y tratas de leer otra vez en el papel. Es inútil. La luz que entra por la ventana es insuficiente.
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Foto: Otro papel arrugado by ~ R-Queso
viernes, 22 de abril de 2011
¡Con razón! (Y sin ella)
Algunas personas gritan, otras prefieren callar. Algunas gritan con razón, otras sin razón. Algunas personas tienen mucho que decir y callan, otras, como yo, contamos historias que la gente finge no escuchar.
Esta es la historia de una mujer que nació pegada al suelo. No tiene padres, nació en una maceta, su destino es tan frío como el rocío de la mañana.
Huérfana 1. — ¿Por qué lloras?
Huérfana 2. — Mira. Mi pan se cayó en el lodo.
Huérfana 1. — No te preocupes, podemos comprar otro.
Huérfana 2. — ¿Tienes dinero?
Huérfana 1. — No.
Pausa.
Huérfana 1. — Si quieres yo te puedo convidar del mio.
Huérfana 2. — Sí.
Huérfana 1. — Aunque está un poco duro.
Pausa.
Huérfana 2. — No importa, está rico. Gracias.
Algunas personas caminan con prisa, otras prefieren quedarse donde están. Algunas corren sin fijarse, otras pidiendo permiso. Algunas personas tienen un lugar a donde ir, otras, como yo, contamos historias que la gente prefiere no sentarse a escuchar.
Esta es la historia de una mujer que nació pegada al suelo. No tiene padres, nació en una maceta, su destino es tan frío como el rocío de la mañana.
Desempleado 1. — ¿Y tu mujer ya está mejor?
Desempleado 2. — No, todavía esta muy enferma.
Desempleado 1. — Ya verás que se pondrá mejor muy pronto.
Desempleado 2. — Sí, sólo necesita unos medicamentos.
Desempleado 1. — El dinero se consigue fácil.
Pausa.
Desempleado 1. — Tengo un reloj en la casa que se puede empeñar.
Desempleado 2. — No te preocupes, no es necesario.
Desempleado 1. — Sólo sería un préstamo.
Pausa.
Desempleado 2. — Sí, el dinero se consigue fácil. Gracias.
Algunas personas tienen mucho que hacer, otras prefieren no hacer nada. Algunas hacen lo que pueden, otras no pueden hacer nada. Algunas personas deberían hacer algo, otras, como yo, contamos historias que la gente sin que hacer prefiere no escuchar.
Esta es la historia de una mujer que nació pegada al suelo. No tiene padres, nunca los tuvo, nació en una maceta, su destino es tan frío como el rocío de la mañana.
Esta es la historia de una mujer que nació pegada al suelo. No tiene padres, nació en una maceta, su destino es tan frío como el rocío de la mañana.
Huérfana 1. — ¿Por qué lloras?
Huérfana 2. — Mira. Mi pan se cayó en el lodo.
Huérfana 1. — No te preocupes, podemos comprar otro.
Huérfana 2. — ¿Tienes dinero?
Huérfana 1. — No.
Pausa.
Huérfana 1. — Si quieres yo te puedo convidar del mio.
Huérfana 2. — Sí.
Huérfana 1. — Aunque está un poco duro.
Pausa.
Huérfana 2. — No importa, está rico. Gracias.
Algunas personas caminan con prisa, otras prefieren quedarse donde están. Algunas corren sin fijarse, otras pidiendo permiso. Algunas personas tienen un lugar a donde ir, otras, como yo, contamos historias que la gente prefiere no sentarse a escuchar.
Esta es la historia de una mujer que nació pegada al suelo. No tiene padres, nació en una maceta, su destino es tan frío como el rocío de la mañana.
Desempleado 1. — ¿Y tu mujer ya está mejor?
Desempleado 2. — No, todavía esta muy enferma.
Desempleado 1. — Ya verás que se pondrá mejor muy pronto.
Desempleado 2. — Sí, sólo necesita unos medicamentos.
Desempleado 1. — El dinero se consigue fácil.
Pausa.
Desempleado 1. — Tengo un reloj en la casa que se puede empeñar.
Desempleado 2. — No te preocupes, no es necesario.
Desempleado 1. — Sólo sería un préstamo.
Pausa.
Desempleado 2. — Sí, el dinero se consigue fácil. Gracias.
Algunas personas tienen mucho que hacer, otras prefieren no hacer nada. Algunas hacen lo que pueden, otras no pueden hacer nada. Algunas personas deberían hacer algo, otras, como yo, contamos historias que la gente sin que hacer prefiere no escuchar.
Esta es la historia de una mujer que nació pegada al suelo. No tiene padres, nunca los tuvo, nació en una maceta, su destino es tan frío como el rocío de la mañana.
¿Bueno?
Me despierto con un sabor dulzón en la boca. Tomo el teléfono apresurado y con la voz un poco ronca digo "Bueno". Nadie contesta. El frío del suelo me cala los pies, me doy cuenta de que estoy descalzo y regreso a la cama. Cierro los ojos y el teléfono vuelve a sonar. Esta vez no me levanto; son las 7:35 de la mañana, viernes 15 de abril.
Despierto con sabor a licor en la boca. Abro los ojos y veo a la gente alcoholizada que duerme sobre la alfombra, fue una buena fiesta. El teléfono suena y el sonido es muy molesto. Me levanto y tomo el teléfono, ¿Hola? Nadie contesta. Cuelgo y voy al baño. Me siento en el sillón y la chica que dormía allí se despierta y me mira. El teléfono vuelve a sonar, ella sonríe; no contesto. Son las 9:10 de la mañana, martes 18 de mayo.
Me despierto babeando sobre el escritorio, todavía tengo sabor a café en la boca. La luz ya se cuela por la ventana, el teléfono suena, Bueno. Nadie contesta. Cuelgo y me acomodo la corbata. No más trabajar hasta quedarme dormido en la oficina. Tomo mi portafolio y me dirijo hacia la puerta, hoy pasaré el día con mi mujer. El teléfono vuelve a sonar. Salgo de la oficina sin contestar. Son las 8:00 de la mañana, jueves 2 de junio.
Despierto con sabor a pescado en la boca, recargado sobre la pared de un callejón; no más comida japonesa para mi. Mi teléfono suena: número desconocido. Hello. Nadie contesta. Salgo a la calle y miro alrededor. El local de comida japonesa ya está abierto. Tengo hambre y ya es hora del desayuno, una última vez no me hará daño. Cruzo la calle, el teléfono vuelve a sonar: numero desconocido. No contesto, entro en el local. Son las 10:15 de la mañana, miércoles 5 de julio.
Me despierto en el mismo cuarto oscuro de siempre. Busco a tientas el celular que está escondido detrás de un ladrillo de la pared. Marco un número cualquiera, Bueno, oigo del otro lado. Escucho gente fuera del cuarto y me da miedo hacer ruido. Me cuelgan. Vuelvo a llamar pero esta vez no me contestan. Su saldo se ha agotado. Son las 7:15 de la mañana, 14 de agosto. Llevo ya 6 meses encerrado.
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